O Globo

En el jogo bonito de Huracán también lucen los marcadores de punta: Ze Pipi y Chichinho, experiencia, proyección y estilo carioca. Para darle al equipo de Cappa un toque verdeamarelo...
Cuenta la leyenda que tuvieron la misma infancia, criados en las cálidas praias de Copacabana, entre milhos, un toque de feijoada y muito jogar bola. Silbato que sonaba, y ellos que le daban a la redonda; pandereta que sonaba, y ellos que movían las caderas. Cariocas de pura cepa, uno zurdo, el otro derecho, dejaban su huella en la arena, de día o de noche. Todos los llamaban con la sencillez con la que se llaman los brasileños: uno, el zurdo, Chichinho; el otro, el derecho, Ze Pipi... Pero el destino los separó y los hizo emigrar a otras tierras. Ambos cayeron en la Argentina, uno en la húmeda Avellaneda y el otro en la seca Mendoza. Los dos empezaron a usar sus nombres castellanos, Carlos, y sus apellidos apenas diferenciados, Arano y Araujo. Pero en el fondo, aunque hoy, juntos en Huracán, suenen más argentinos que el dulce de leche, cada vez que rueda la bola, se les nota su verdadera idiosincrasia y siguen siendo los mismos: Chichinho y Ze Pipi...

"En Independiente Rivadavia jugaba de volante central y cuando Cachín Blanco me llevó a Rafaela me dijo que me pondría de 4. Yo odiaba jugar ahí, pero me fui acostumbrando", recuerda Ze Pipi, que a los 27 años siente que pasa por el mejor momento de su carrera, muy a gusto en esa posición que al principio parecía esquiva. En igual sintonía anda Chichinho, con dos años más y siempre lateral izquierdo, con un inicio marcado por la rudeza y hoy eclipsado por un incesante ir y marcar el surco, bien a la brasileña. "La comparación con ellos, salvando las distancias, es lógica porque vamos mucho al ataque. Siempre tratamos de llegar, Cappa nos da mucha libertad para intentarlo, pero eso no quiere decir que tengamos derecho a desordenar el equipo. Si Pipi sube, yo me quedo para no dejar muy desarmada a la defensa", analiza Chichinho, mientras mira de arriba a abajo a su compañero. "Vas a tener más fans masculinos de los que ya tenés ahora, eh... Esa ropa te ayuda", dice y reflexiona sobre su propio pantalón: "Debe ser un par de números menos que mi talle. Me queda tan apretado que parezco un poco bala". Araujo tiene la chance de vengarse, pero calla, aporta a la cordialidad: "Este grupo es único, nos llevamos bárbaro. Todos tiramos para el mismo lado, nadie piensa que es superior a otro. Ninguno se cree estrella, somos todos chinos (sic). Hasta cuando nos fue mal en el campeonato pasado, éramos así de unidos".

-¿Cómo controlan la ansiedad antes del clásico y peleando el torneo?

Araujo: Hay que abstraerse del público. La gente quiere que a los 15 minutos del primer tiempo estemos 2-0 arriba y con baile, y no se puede. Necesitamos tranquilidad y confiar en lo nuestro.

Arano: Somos de los experimentados del plantel y hablamos mucho con los más chicos, porque no podemos perder de vista que algunos no pasan los 20 partidos en Primera.

-Pero el clásico tiene un peso propio, más allá de cómo venga cada uno.

Araujo: Seguro. San Lorenzo es un gran equipo y sabemos que debemos ganar para seguir en el pelotón de los de arriba.

Arano: Y con el Cholo, que es muy carismático y sabe un montón. Lo tuve de compañero y de técnico y sé lo que digo. Va de frente. Un día me dijo: "Te saco porque estás jugando horrible". Me mató pero tenía razón.

¿Referentes? "Cafú, obviamente", dice Ze Pipi; "Roberto Carlos, un fenómeno", afirma Chichinho. ¿Y otro brasileño de este Huracán? "Bolatti. Vos lo ves así: altísimo, que parece pesado, pero no: marca, distribuye, recupera. Lo quiero siempre en mi equipo, es un crack", coinciden. "Ojo mi perfil, no me saques ahí: conozco mis limitaciones", tira, locuaz, Arano, uno de los líderes de las bromas en este plantel ilusionado como ellos, que no se hacen la cabeza con la selección brasileña ni la argentina, pero... "Pagaríamos por jugar en la Selección de Diego". Epa, ¿de qué lado están?

Comentá la nota