Un giro en la visión oficial sobre el efecto de la crisis en Argentina

Por: Daniel Fernández Canedo

Pasaron ocho meses desde que la presidenta Cristina Kirchner aseguró con tono firme en un foro de Estados Unidos: "Creo que los primeros que necesitan un plan B son ustedes y Europa."

Ayer, el ex presidente Néstor Kirchner aseguró en un reportaje radial, con el tono calmo de las últimas semanas, que "sería un acto de soberbia imprudente decir que estamos absolutamente blindados contra los efectos" de la crisis financiera mundial.Entre uno y otro concepto pasaron muchas cosas importantes.La economía que hasta aquel momento seguía mostrando fortaleza comenzó a enfriarse hasta entrar en virtual recesión, después de dos trimestres de baja.

Más de 12.000 millones de dólares salieron del país en ocho meses y la recaudación impositiva comenzó a crecer mucho menos que el gasto público, mellando el superávit fiscal.Además, la sequía golpeó a la producción agropecuaria y en el comienzo del año todavía los precios de las materias primas a nivel mundial no se habían recuperado como lo hicieron en las últimas semanas.Las exportaciones bajan respecto del año anterior y sólo la fuertísima reducción de las importaciones, como consecuencia de que las empresas decidieron liquidar stocks en forma intensiva, permite proyectar para este año un superávit comercial superior a los 10.000 millones de dólares.Al mes de aquel concepto presidencial, el Gobierno estatizó las AFJP y desató dos fuerzas contrapuestas.Así pasaron al Estado cerca de 80.000 millones de pesos, una fuente de financiamiento enorme. Eso serviría, de paso, para justificar por qué, a corto plazo, la Argentina ya tenía un plan B.

Por otro, aceleró la salida de dólares y contribuyó a agravar uno de los problemas más difíciles que enfrenta la economía argentina en estos tiempos: la desconfianza.Parte de esa carga la soporta el Banco Central, que en mayo está teniendo un alivio: los exportadores liquidan más de 100 millones por día. Lo que hizo aumentar las reservas, después de dos meses de escasez, en US$ 1.000 millones.Eso le da mayor poder de fuego para defender al dólar en caso de que en junio, antes de las elecciones, parte de los que tienen fondos decidan comprar dólares.

Frente a esto, se espera que los bancos suban un poco las tasas para atraer a los depositantes.

El resto de los gestos oficiales estarán destinados a "no hacer olas".Pero, no pasa desapercibido que, desde el no plan B de Cristina al no blindaje de Kirchner, el dólar subió 25%. Eso también explica, en parte, la calma cambiaria de las última semanas.Los exportadores deben creer que el precio del dólar resulta adecuado y el Gobierno dio la señal de que su intención no es bajarlo.

¿Para subirlo después de las elecciones?Es una apuesta que asumen muchos analistas y que, como es obvio, no tiene una respuesta precisa.El precio del dólar luego del comicio dependerá de muchas cosas pero una, independiente del resultado, es que el Gobierno deberá moderar el gasto público que viene creciendo mucho más rápido que la recaudación. Para hacerlo, muy probablemente, transitará el camino inverso al de los últimos meses, cuando incrementó el gasto en obras. Después de las elecciones, tal vez sea es el rubro que más vaya a bajar.

Más allá de quien gane las elecciones del 28 de junio, a Cristina Kirchner no le vendría bien ningún salto cambiario que encabrite los precios de los alimentos. Porque esto se encadenaría con la definición salarial de muchos gremios que cerraron aumentos transitorios de suma fija, a la espera de que se aclare el panorama. Después de ganar la elección de 2005, el Gobierno sacó a Roberto Lavagna del ministerio de Economía. Tras el triunfo en 2007, se abroqueló en los funcionarios más fieles. Ahora, gane o pierda, ¿se podrá pensar que Néstor Kirchner dejará de ser quien tome las decisiones económicas clave?

Comentá la nota