Giro del Vaticano: ahora estudia reconocer a los hijos de los curas

Ante los miles de casos que se dan en todo el mundo, la Iglesia analiza garantizar a los niños derechos sociales como llevar el apellido del padre y heredar sus bienes. Lo mismo para sus concubinas. Lo aseguró ayer el diario "La Stampa".
En un sofocante domingo de verano, en medio de la plaza de San Pedro del Vaticano -ausente el Papa, que hoy recitó el Angelus en la residencia estival de Castelgandolfo, donde permanecerá hasta fines de setiembre-, cayó ayer como una bomba un tema que es un temazo. Se lo puede sintetizar en una breve pregunta ¿Qué hacemos con la prole? En el mundo católico de más de 1.100 millones de fieles, con medio millón de sacerdotes y cinco mil obispos, circulan miles de hijos de curas y obispos, no reconocidos, que padecen situaciones en algunos casos terribles porque se sienten hijos del pecado.

El Vaticano se ve venir una avalancha de reclamos de reconocimiento de paternidad en todo el mundo ahora que es relativamente fácil probarla mediante la prueba del ADN.

Según el diario de Turín, La Stampa, en las últimas semanas el cardenal brasileño Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, uno de los principales "ministerios" de la Curia Romana, promovió una serie de reuniones para estudiar el problema. Incluso fue convocado Don Giovanni Franzoni, ex prestigioso abate benedictino de la basílica de San Paolo Extramuros, padre conciliar, que fue exiliado "a divinis" de la Iglesia por sus posiciones progresistas y fundó una comunidad de base que se encuentra a medio kilómetro de la basílica pontificia.

Para los curas en concubinato y sobre todo para sus hijos, el Vaticano piensa en garantizar los derechos sociales a la mujer y a los hijos, una especie de contrato civil que no excluya la herencia. También se les reconocería a los hijos el apellido del sacerdote-papá.

Lo que el Vaticano quiere dejar bien diferenciado es la separación jurídica entre los bienes que son propiedad de la diócesis o de la comunidad eclesial, que deben quedar para la Iglesia, de las propiedades y ganancias personales del cura con mujer e hijos, que entrarían en las herencias familiares.

El padre italiano Antonio Mazzi, fundador de los centros de voluntariado "Exodus", dijo a La Stampa que en su comunidad ha acogido a varias de estas personas. Contó el triste caso de Giorgio: "Se suicidó después de que durante cinco años traté de cuidarlo". En Italia hay centenares de hijos de "pretes" y de obispos, sobre todo de episcopales extranjeros que residen o pasan por Roma y el Vaticano, el cuartel central del catolicismo.

"Nadie se ocupa de ellos y es abominable que las culpas de los padres recaigan sobre los hijos. Hasta ahora la Iglesia los ha ignorado y los asistentes sociales nunca los han comprendido", condenó Mazzi.

Miles de cristianos en esta situación tan delicada, hasta ahora, no han existido como problema porque simplemente han sido negados. Por eso Mazzi considera "un paso adelante positivo" la decisión de Hummes de afrontar el problema.

Mazzi dijo a La Stampa que los hijos de curas son "ragazzi muy frágiles, abandonados a sí mismos, que encuentran cerradas todas las puertas apenas intentan pedir un mínimo de derechos".

El fenómeno "está mucho más difundido de lo que se piensa. Es más delicado el caso de los hijos de obispos". Estamos hablando de sacerdotes y episcopales que siguen ejercitando sus ministerios, aclara el fundador de "Exodus". "Los hijos viven en las sombras y es justo y sacrosanto que la institución eclesiástica se preocupe de ofrecerles mínimas garantías, al menos patrimoniales. Nosotros en nuestra comunidad los tenemos en casa, les ofrecemos un trabajo, una perspectiva de vida, para evitar que se hundan en la desesperación y el abandono".

Las pasiones secretas y los abusos sexuales del clero le cuestan millones a la institución eclesiástica, como ocurrió en EE.UU. en los últimos diez años con los casos de pedofilia de los que fueron acusados centenares de curas. Según La Stampa, que es uno de los diarios más prestigiosos de Italia, "el fenómeno está muy difundido en Sudamérica y países europeos como Austria". Al parecer muchos curas y obispos austríacos tienen un robusto apetito sexual "non sancto" y una parte de los párrocos acumula con sus concubinatos secretos hijos que esperan el reconocimiento de los derechos.

En América Latina dos casos conmocionaron hace poco tiempo a la Iglesia. En primer lugar, el del padre Marcial Maciel, quien falleció hace un año, creador de los Legionarios de Cristo, una orden muy poderosa, conservadora y de origen mexicano.

Maciel fue acusado y sancionado por el Vaticano, después de más de cuatro décadas de correrías, por abusos sexuales sobre sus seminaristas. Después de muerto, se descubrió que además tenía una antigua amante y una hija que ahora ha cumplido 30 años, residente en Madrid, y que al parecer reclama una herencia multimillonaria, pues los Legionarios son muy ricos. El otro caso es el del actual presidente del Paraguay, Fernando Lugo, obispo reducido por su pedido al estado laical. Lugo ha reconocido un hijo pero le asignan al menos otros dos.

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