¿Giro hacia la ortodoxia?

Por: Ricardo Kirschbaum.

El Gobierno le teme más a una conmoción social que a la oposición política. Es por eso que vigila con atención lo que se puede estar cociendo en el caldero social. La rebeldía de los petroleros en el Sur, en el propio territorio del matrimonio Kirchner, es uno de los temas que la Casa Rosada quisiera que termine ya. Julio De Vido tiene ese recado a cumplir.

El ministro pasó un muy fuerte sofocón cuando retiró los subsidios al gas y a la luz y las tarifas saltaron a las nubes. Las protestas estaban creando un clima tan adverso que desde Olivos se ordenó una marcha atrás apresurada y desprolija: mientras Amado Boudou explicaba las razones del aumento, su colega estaba en el Congreso con la reversa puesta. Así que el ministro de Planificación tiene otra vez una misión brava para cerrar otro frente sindical muy complicado.

Kirchner, en plena contraofensiva, no quiere explosiones sociales.

Con el desempleo en alza y la economía con problemas fiscales cada vez más evidentes, el ex presidente parece decidido a buscar fórmulas para recrear confianza en el exterior. Volver al mercado internacional de capitales parece ser una consigna central, decorada con justificaciones ideológicas. Pero es inevitable: el canje de bonos anunciado por el ministro de Economía y otros gestos para hacer más creíble las estadísticas oficiales que se harán esta semana, necesarias para un reacercamiento con el Fondo Monetario, pueden ser el prólogo de nuevos movimientos para normalizar la emergencia.

No sería extraño algún gesto hacia la dirigencia rural y, se dice, alguna renuncia, aunque tardía, que serviría también para disminuir la brecha con gruesos sectores de la sociedad.

Este giro hacia la "normalidad" iría acompañado de mucho folletín ideológico para disimular el pragmatismo más crudo y el acercamiento a la ortodoxia.

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