GIMNASIA LP 1 - TIGRE 0 Levántate y anda...

Desde que a Lazzaro le anularon un gol polémico, Gimnasia despertó, mejoró su nivel y borró a Tigre de la cancha. El Lobo ganó su primer partido del torneo.
Entre dos que venían mal, el que se levantó y anduvo fue Gimnasia. Paradoja si se toma nota de que Lazzaro jugó para el otro lado. Pero no tanto si se analiza el balance global de un partido lleno de aristas en el que el Lobo justificó la victoria con un interesante segundo tiempo en el que casi no dejó hacer nada a su rival. Tigre acumuló su quinta derrota al hilo entre la Sudamericana y el Apertura.

El equipo de Cagna controló el partido durante la primera media hora. Supo volcar el juego a la espalda de los volantes locales que formaron parte de un novedoso 4-1-3-2, con Rinaudo como único tapón y con Teté González jugando apenas algo más retrasado que un enganche tradicional. El Matador desperdició algunas oportunidades, entre las que se destaca un cabezazo de Lazzaro, insólitamente libre en el área chica, que se fue cruzado. Sin embargo, la estocada vendría a los 27 minutos cuando el árbitro Mauro Giannini anuló un tercer cabezazo del goleador, que terminó en la red. La razón señalada: un empujón contra Maldonado en el momento en que partió el centro. Los visitantes se quedaron con la duda.

Nadie sabrá si ése fue o no un golpe en la nuca para el visitante, pero lo cierto es que desde ese momento el equipo no fue el mismo. Para eso influyó el crecimiento de Gimnasia llevado de la mano de Teté y con la posibilidad de descarga a la derecha para el pibe Castro. En el cuarto de hora final de ese primer tiempo el local ya había emparejado y hasta acarició el gol con sendos cabezazos de Castro y de Agüero. Para el segundo tiempo la remontada se convirtió en monólogo. El ingreso de Aued terminó de darle forma a la presión; Ormeño dejó atrás un primer tiempo olvidable y Stracqualursi sacó a pasear a los centrales arreándolos para donde quisiera. En uno de esos forcejeos, San Román lo sujetó levemente cuando Traca quería girar. Giannini lo vio, el defensor marchó preso y Tigre también. Desde la ejecución de Vizcarra, nunca pareció que la victoria de Gimnasia corriera peligro y si no hubiera sido por la tarde de Ardente, al visitante hasta lo podrían haber goleado.

Noche y día en una sola tarde, Gimnasia se demostró que puede encontrar el camino, que el pressing es el traje que mejor le queda y, a su vez, volvió a caer en la cuenta de que cuando le ofrecen la pelota en bandeja le cuesta elegir las mejores decisiones. La solución de adelantar a Teté asoma auspiciosa, pero necesita más socios. Tigre queda perplejo por la cancha, sin reacción, cuando recibe el primer golpe. La falta de confianza juega su papel y la dinámica, marca registrada, no apareció. Tal vez ya sin doble competencia pueda recuperar la fiereza que ayer extrañó.

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