Gestos no positivos de campaña

Las tensiones internas en los propios frentes opositores están a la orden del día y esa no es una buena señal. Si cuando deben mostrarse con más cohesión –es decir, durante la campaña y a pocos días de las elecciones- no lo hacen, qué queda para otros momentos de la vida política.

Julio Cobos volvió a experimentar, esta vez con una foto "no positiva", al menos para sus amigos del Acuerdo Cívico y Social. El exceso de solidaridad con un Francisco de Narváez perseguido por los contratiempos sonó más que desafinado en las filas de Elisa Carrió, Margarita Stolbizer y Gerardo Morales. La actitud del titular del Senado ya no era sólo de un acompañamiento circunstancial, sino de quien ya quería compartir un camino más largo en la vida política.

En las filas del Acuerdo señalan que sería un exceso que tal gesto haya tenido génesis en la exclusión de algunas listas espejo del cobismo en territorio bonaerense y cuya impugnación prosperó en las últimos días. Otra hipótesis es que Cobos no se banca no salir primero en las elecciones después de tantas acciones de marketing político de construcción personal. Las encuestas no son muy favorables como se esperaban. En ese sentido, el mendocino patea el tablero en territorio bonaerense con una foto impactante. Distrae el eje de la atención que es su apoyo a un frente opositor que tiene su triunfo muy en dudas.

En épocas en que la videopolítica asegura más fidelidades de los ciudadanos que un acto multitudinario, la foto de marras es más que una cuestión de gestos, sino toda una decisión política. Posiblemente el opositor al kirchnerismo con mejor condición institucional haya puesto en duda el voto hacia sectores rurales del interior bonaerense. Y si esa fue intención de hacer daño el foco fue el propio corazón del Acuerdo Cívico donde muchos distritos lo ubican primero en las preferencias del electorado.

Eso explica tamaña, y por momentos hasta desmedida, reacción de los principales referentes del frente no peronista con mayores chances de pelear el predominio político bonaerense. Tales actitudes de un socio importante, como lo era Cobos, pone en riesgo la consolidación de un voto que parecía seguro en el interior provincial y que permitía pelear de la mejor forma la correlación de fuerzas en la legislatura provincial. Igualmente será el 28 próximo la fecha en que empíricamente puedan confirmarse tales presunciones.

Todo queda hasta el momento en el plano de las intenciones. A costa de cosechar odios y antipatías, Cobos volvió a construir imagen y nadie sabe cual será el próximo episodio. Por lo pronto esta escena con De Narváez lo devuelve a la agenda de los medios en la cual se esfumaba su protagonismo entre varios pliegues del frente que integra o integraba.

Con menor intensidad que en otras ocasiones, algo similar también ocurrió con Felipe Solá. Su habitual sinceridad que parece ser un permanente gesto de diferenciación del resto lo llevó a admitir una eventual derrota unos quince días antes de los comicios. El ex gobernador aceptó que están ocho puntos por debajo del oficialismo. Esto ocurrió luego de la famosa encuesta de Poliarquía que ubicaba a su referente Francisco de Narváez como ganador en intención de voto al kirchnerismo. Eso no debe haber caído para nada bien en el entorno de macrismo.

Esto denota que Solá sigue confesando incomodidades y que aún no ha cicatrizado no sólo su papel de reparto en este frente, sino también la exclusión de varios de sus alfiles en las listas. Admitir una tamaña diferencia es desgastar el concepto operativo más importante que tiene el peronismo disidente que es el del "voto útil".

Pero lo más sugerente es la forma en que Solá otros políticos endiosan las encuestas que, son un importante instrumento de medición del humor social, pero que han demostrado su falibilidad en más de una ocasión. Si fuera por las encuestas hubiera ganado Italo Lúder en 1983 y Juan Manuel Casella en 1987. En el mismo sentido, también hubiera ganado el hijo de Antonio Bussi en Tucumán y no el peronista Julio Miranda; o, en territorio bonaerense, el propio Francisco de Narváez hubiera salido en segundo lugar y no en el tercero como ocurrió en 2007.

Los ejemplos abundan. Las encuestas tienen un importante valor indicativo, pero no pueden escapar al dominio de lo coyuntural que es una noticia importante, un discurso agresivo fuera de tono, una denuncia, que suele provocar variaciones en el ánimo del electorado. Otros dirigentes suelen aprovechar el estudio cualitativo que se hace de las encuestas y prefieren saber porqué lo votan y no lo votan. En función de eso modifican o profundizan ciertos conceptos de su discurso, lo cual también podría traer un debate de fuerte contenido ético.

Lo negativo es que las encuestas y no los partidos políticos generen intención de voto. En este contexto cierta parte del electorado se pliega detrás de ciertos resultados para no perder la utilidad de su voto. Tan negativo es esto como que se realicen sondeos hasta 48 horas antes de los comicios, como así también que se realicen encuestas a boca de urna que además de ser violatorias del secreto ciudadano al sufragar por suerte también fallan porque hay mucho silencio en los consultados.

Desde otras fuerzas políticas nada dan por resuelto y ejecutan un plan de sintonía fina en la estrategia electoral.

Desde la Coalición Cívica, quieren repuntar en el conurbano. Y si de impactos se trata, ingresa en esa especie un reciente spot publicitario en el que remarcan la inseguridad como principal eje de campaña, vinculando la problemática a la falta de respuestas por parte de administraciones provinciales del justicialismo.

Pero tampoco van a abandonar las cinco secciones electorales del interior donde señalan que acarician el primer puesto en intención de voto. Están confiados de acrecentar fuertemente su representación a expensas del oficialismo, donde el mundo rural marcó su divorcio con las políticas kirchneristas y difícilmente se reviertan en lo inmediato. No saben si esto alcanzará para ganar la presidencia de la Cámara baja, pero al menos para abandonar una situación de inferioridad en la cual el oficialismo poseía una amplia mayoría que condenaba a la oposición a una mera situación testimonial.

Como ultima referencia está el debate o su ausencia en la previa a los comicios.

La mayoría de los partidos políticos en competencia han remarcado ejes conceptuales por fuera de lo que debe ser una elección legislativa. Hay candidatos que prometen terminar con la inseguridad, pero sólo ocuparán una banca parlamentaria. Otros señalan que se vota para extinguir el proyecto oficial cuando quedan dos años más de gestión. Y los oficialistas prometen plebiscitar su mandato y relanzar proyectos que en realidad los pueden instrumentar tranquilamente por la vía ejecutiva.

Tales conclusiones de la desviación del debate no surgen por capricho. Por caso, el Instituto de Comunicación Social dependiente de la Universidad Católica Argentina comprobó que poco y nada se habla de propuestas, o al menos estas no se visualizan en los medios de comunicación.

El estudio da cuenta que en los diarios la categoría "análisis de campañas, partidos políticos y candidatos" es el principal eje de la campaña electoral, con el 96.0% de las menciones en tapa de los diarios. Sin embargo se concluye en que las menciones asociadas a plataformas y propuestas de los candidatos, brillan por su ausencia. Esto puede dar lugar a dos presunciones. Que los medios prioricen estas cuestiones por sobre las propuestas. Pero también hay operadores políticos que disfrutan alimentando esa agenda que no debería ser la más importante.

En realidad el eje de la discusión es que agenda parlamentaria se construirá para los últimos dos años. Pero, obviamente, esto queda oculto en la discusión anterior y, más allá de ganar en sinceridad, difícilmente se ganen más votos.

Los ejes de la discusión así cambiados no son positivos. No por el caso de una mera confusión conceptual. Es por el caso de generar expectativas más allá de la cuenta que puedan no concretarse en el día de mañana, cuando el cotillón electoral de paso a la necesidad de superar los efectos de la crisis financiera. Una crisis que ya está haciendo fuerte presencia en muchas pequeñas y medianas empresas del conurbano y en algunas jurisdicciones provinciales. (www.agencianova.com)

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