Gestos ampulosos y silla vacía

Hubo dos hechos que acapararon la atención en la breve visita de 50 minutos que la presidenta Cristina Fernández realizó ayer a la ciudad de Villa María.
Por un lado, la silla vacía que dejó el gobernador Juan Schiaretti, enfrentado con el Gobierno nacional. Y por otro, los gestos ampulosos de satisfacción, al borde de la sobreactuación de la jefa del Estado, luego de los elogios que le dedicaron el intendente anfitrión, Eduardo Accastello, y sobre todo, Juan Trossero, secretario de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba (Caprolec).

El acto en la principal cuenca lechera cordobesa tuvo un significado político que sobrepasó los alcances del acuerdo provisorio del Gobierno con el sector lechero. Algunos productores que avalaron lo acordado hasta lo calificaron de "atado con alambres".

Pero, 24 horas antes de la reunión con la díscola Mesa de Enlace, la Presidenta intentó mostrarse en el corazón de la pampa gringa, como la protagonista de una negociación para resolver un problema de un sector del campo. Esta vez, sin que la sombra de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, empañara la negociación.

Si es parte de un acuerdo tácito con su esposo para recomponer la imagen, luego del duro revés en las urnas del 28 de junio, es algo que sólo se conoce en la intimidad de la quinta presidencial de Olivos. Pero, es evidente que en el Gobierno nacional hay un esmero por mostrar que la Presidenta tiene la iniciativa y las riendas de la gestión.

"Si se puede decir que sacamos algo bueno de la derrota, es que desde el 29 de junio Cristina empezó a ponerle su impronta a la gestión", graficó un intendente K, que integra la delegación de cordobeses que suele visitar al matrimonio K.

El sector lechero está lejos de tener resuelta su problemática, pero el Gobierno logró destrabar –de apuro– una negociación. Esto le brinda a la Presidenta un triunfo acotado antes de la pulseada de hoy con la Mesa de Enlace.

Incertidumbre. Por su parte, Schiaretti apeló a introducir incertidumbre al futuro del acuerdo para tratar de evitar quedar en casa como el gran perdedor, ya que la mayoría de los gobernadores que tienen producción lechera respaldó el acuerdo. Tampoco apoyó el santafesino Hermes Binner. Schiaretti jugó todas sus fichas a que el acuerdo fracasara. Es más, desde el entorno de Accastello se esmeraron en hacer trascender que el gobernador presionó para que los productores no firmaran.

El tiempo dirá quién ganó y quién perdió en esta pulseada, cargada de gestos.

Comentá la nota