Un gesto anticipado en la campaña, con poco brillo

Por: Oscar Raúl Cardoso

Que algunos cambios en el alambre de púa económico y político con que Washington mantiene castigada a la isla rebelde hace más de cuatro décadas se iban a producir ya el presidente Barack Obama lo había anticipado en su campaña electoral. Pero para cuando esto se concretó -ayer- el gesto había perdido algo de su color dorado.

Veamos que sucedió. No fue el propio Obama el autor del anuncio; fue su vocero Robert Gibbs, lo que le quitó cierta espectacularidad a la ocasión. No conviene engañarse, sin embargo, ya que el anuncio es lo suficientemente amplio como para poner en reversa el curso que llevaba hasta ahora el conflicto.

No solo autorizó el envío de remesas de dinero a los cubanoestadounidenses para sus familiares que viven en la isla -siempre y cuando no sean jerarcas del régimen- , sino que autorizó la concesión de licencias para equipos de telecomunicaciones,

Hay varios puntos oscuros, sin embargo. Voces del propio Partido Demócrata ponían ayer mismo en duda que esto fuera a proveer de oportunidades mayores.

La historia de estos acontecimientos constituye un largo rosario de frustraciones. En la segunda mitad de los años 70 una cita que hubiese acercado al presidente Gerald Ford tuvo que suspenderse cuando Fidel Castro colocó 150 mil combatientes en Angola.

Jimmy Carter abrió una sección de intereses de Estados Unidos en La Habana -una decisión quizá tan arriesgada como la de Obama-, pero ésta también languideció tras la expansión militar cubana en Etiopía y la crisis de los marielitos.

Una gestión menos temeraria, la del presidente Bill Clinton, intentó promover contactos personales pero también se perdió en el entrevero de acciones aéreas militares y olas de refugiados con pésimos y recargados prontuarios policiales.

Una de las orejas de Obama está cargada por el rechinar de la misma rueda: no hay modo de cambiar a Cuba hasta que los dos Castro hayan desaparecido de la escena, un principio rector de 50 años que no parece haber dado demasiado rendimiento.

Pero no es la única que escucha el nuevo presidente, a diferencia de George W. Bush, que fue quien impuso las últimas restricciones para los viajeros a la isla.

El viernes que viene, durante la cumbre de las Américas, Obama se reunirá en la capital de Trinidad Tobago con los delegados de una treintena de países americanos y las medidas de ayer habrán sido analizadas en cada una de las capitales y es muy probable que los enviados las consideren insuficientes.

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