Una gestión populista

Por Pepe Eliaschev

Escena patética que produce vergüenza: la rectora del colegio negocia con los "chicos" en un bar. Muchos de quienes desplegamos seis años de vida en Bolívar 263 sentimos igual dolor. También en el Colegio Nacional de Buenos Aires se pacta al margen de las instituciones. El viejo y venerable Colegio de la Patria legitima la sacrosanta institución del apriete.

La gestión de Virginia González Gass transpira demagogia y populismo, una desgracia en un establecimiento laico y gratuito, baluarte de la educación pública de excelencia, donde mérito, esfuerzo y talento eran prioritarios.

Un funesto corrimiento de sentidos empapa ahora la vida del Nacional Buenos Aires. Una exaltación obsecuente de la supuesta razonabilidad de los alumnos legitima exigencias absurdas y desorbitadas.

El colegio está cerrado hace siete días. Un grupo de estudiantes recordó la Noche de los Lápices, el 16 de septiembre, faltando a clase todo el día. La responsabilidad es de una rectora inapropiada, dirigente sindical, más que heredera del cargo prestigiado por Amadeo Jacques, Juan Nielsen y Florentino Sanguinetti, que un día antes, el 15, permitió la concurrencia voluntaria a clase para dedicarlo a "reflexionar" sobre la dictadura militar.

Se exalta una supuesta democracia de gestión. Chicos de 13 a 17 años comparten decisiones con autoridades que los lisonjean como punteros políticos. Tras la gestión del rector Horacio Sanguinetti, esta realidad es deprimente.

Con principios centrales abandonados, una democratización supuestamente igualitaria destroza un ámbito prestigioso y reconocido. Los alumnos, cortejados con indulgencia dañina, reproducen realidades nacionales donde el desorden deliberado, el desconocimiento del esfuerzo como principio cardinal y la vulneración de las instituciones son rutina. La rectora arreglando con los revoltosos en un bar es una foto desasosegante y fiel de esta decadencia.

El autor es periodista y escritor, y egresó del Colegio en 1964

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