Una gestión con poca visibilidad.

Por Susana Reinoso.

Las mejores gestiones pueden resultar desconocidas para la opinión pública sin políticas de comunicación claras y abiertas. Esa fue una de las graves fallas de la gestión del respetado politólogo José Nun, al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Intelectual habituado a la reflexión en solitario, a Nun le costó mucho formar equipos de trabajo.

Los once cambios en su gabinete muestran las oscilaciones de las decisiones tomadas en el área a lo largo de su mandato y, de acuerdo con las fuentes consultadas, su desconfianza en los colaboradores que rotó una y otra vez. Salvo dos de ellos, los hijos de su esposa la artista plástica Diana Chorne, a quienes nombró en su círculo áulico: Diego Marquis, hoy Director Nacional de Producción y Promoción Multimedial (no ha generado ni un solo contenido), a quien Nun le confió el área de comunicación de la Secretaría de Cultura, y Juan López Chorne, a quien designó como asesor.

Sería inequitativo no reconocerle a la gestión de Nun la incorporación de un concepto indispensable a la hora de hablar de cultura en el mundo actual: la inclusión social y el aporte que la cultura hace al PBI de un país. Su seriedad como intelectual hizo que se abocara a asuntos de poca visibilidad para la opinión pública, no por ellos menos importantes. Por ejemplo, la creación del sistema nacional de información cultural, que tiene a Natalia Calcagno y a Carolina Bicquard, Directora Nacional de Industrias Culturales, como fervorosas impulsoras. La idea de Nun es que hace falta dotar al sector de estadísticas e índices confiables para trazar políticas culturales de largo plazo.

Nun y su ex subsecretario de Cultura, Pablo Wiznia, con quien terminó abruptamente, devolvieron a la vida al Consejo Federal de Cultura, un espacio indispensable a la hora de coordinar políticas. Y el programa "Libros y casas" fue su creación, de allí que en las últimas cuatro ediciones de la Feria del Libro batiera el parche con la iniciativa. Sin embargo, no consiguió desarrollar políticas en materia de industrias culturales ni establecer acuerdos de cooperación de fondo. Durante su gestión, la Secretaría quedó marginada de la organización de los festejos del Bicentenario y de la Feria de Francfort. Ni siquiera intervino en las designaciones relevantes de su área, como el Incaa o la Biblioteca Nacional.

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