Gestión Jure: entre el déficit, los conflictos y el impuestazo

La pelea con Gamsur y con las constructoras por una deuda que el Municipio no pagaba, una pérdida mensual de $ 2 millones de pesos, una costosa suba de impuestos. Los hitos de los primeros 12 meses.

Juan Jure llevaba apenas siete meses en el gobierno cuando sintió el golpe más fuerte. El impuestazo, que incluyó aumentos de hasta el 300 por ciento en el Inmobiliario, estaba generando un malestar profundo y extendido. Tanto, que una encuesta propia le marcó por esos días al intendente que la imagen positiva de su gestión había caído al 21%, una catástrofe para un gobierno recién estrenado.

Fue su momento más crítico. Aunque no le faltaron otros. Hubo días en que el Municipio no tenía un peso para pagar los sueldos y otros en que la imagen de una ciudad tapada de basura se hacía posible.

En más de una ocasión, el de Jure pareció un gobierno sin timón, perdido. Se le reprocharon marchas y contramarchas: las más notorias se produjeron durante el conflicto por la basura.

La gente se enteró de que había una pelea cuando el gremio tiró dos camionadas de residuos frente al Palacio Municipal. Entonces, Jure empezó a ensayar respuestas.

Primero, arregló con los empresarios de Gamsur para que continuaran; después, señaló que no tenía plata para pagar 2 millones y medio por mes y anunció que municipalizaría la empresa. Hasta que, en mayo, empezó a hablarse de Crese, la empresa estatal creada por Daniel Giacomino, intendente de Córdoba, que iba a desembarcar en el sur para rescatar a Jure del agua. Las negociaciones estuvieron avanzadas. Pero, al final, Crese se cayó porque no podía manejar ni sus propios problemas. Mientras tanto, los socios de Gamsur reclamaban fondos permanentemente porque no tenían ni para comprar bolsitas y le dieron al gobierno un ultimátum. La segunda quincena de mayo fue un caos: la empresa mixta recibió un embargo de la Afip sobre sus cuentas, no tenía gasoil para que los camiones salieran a prestar el servicio y los empleados no habían cobrado los sueldos.

El 21 de mayo, en una jugada arriesgada, el intendente decidió asumir el control operativo de Gamsur. Así, se terminó con la amenaza constante del corte de servicio y de la basura esparcida en las calles. Actualmente, José Ernesto Lago dirige la mixta porque el gobierno decidió quedarse con Gamsur, que pasará a ser mayoritariamente estatal. El Municipio tiene, desde 2002, una participación de apenas el 10 por ciento.

La oposición saludó lo que, a su juicio, fue la primera decisión firme del jefe comunal desde su asunción.

Los dos hitos centrales de la gestión Jure fueron conflictivos: la novela con Gamsur y el impuestazo.

Hoy se sabe que la suba de hasta el 300 por ciento en el Inmobiliario no sólo fue una torpeza política que le provocó un daño enorme a la imagen de la gestión; además, no sirvió de mucho para equilibrar las cuentas. Sólo permitió incrementar los ingresos en medio millón de pesos mientras que el déficit arañaba los dos millones.

Si Gamsur fue el conflicto que, por momento, puso al gobierno al borde del abismo, el impuestazo fue lo que más costo político le causó. Después, cuando el rechazo social era amplio, el gabinete comprendió que hubiera sido mejor retocar un poco todos los impuestos en vez de elevar un 300% el Inmobiliario, que representa apenas el 10% de la recaudación total.

En los últimos 12 meses, otros conflictos golpearon en el Palacio. El 1º de octubre del año pasado, los constructores, junto con sus empleados, instalaron sus máquinas y sus camiones frente a la Municipalidad. Los trabajadores reclamaban porque las limitaciones que iban a aplicarse en la edificación de torres paralizaría la actividad y los empresarios porque el gobierno no sólo había paralizado 14 frentes de obra sino que, además, adeudaba 15 millones de pesos.

Jure dijo, hace un mes, que algunos conflictos lo tomaron por sorpresa pero que a otros los buscó porque no estaba dispuesto a pagar lo que no correspondía.

Hubo otra pelea, que ocurrió este año y fue política. En marzo, Jure se quejó públicamente porque había heredado una deuda de 30 millones de pesos y un déficit enraizado. Su antecesor, Benigno Rins, lo negó públicamente y pidió una audiencia.

Fue una reunión muy tensa, en la que hubo reproches mutuos. Desde entonces, no han vuelto a verse. Y en el gobierno dicen que está bien que así sea porque ya no quedan dudas de que quien gobierna es Jure y que no acupa el sillón para recibir órdenes de Rins.

Sólo en las últimas semanas, el intendente pudo comenzar a transmitir noticias positivas. Relanzó obras que se habían frenado -aunque se harán con fondos de la Nación- y logró equilibrar las cuentas. Aunque, por el momento, es insuficiente para borrar del recuerdo los últimos 12 meses de turbulencias permanentes.

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