El germen de una nueva etapa

Por Martín Rodríguez Yebra

Los ganadores de junio ocuparon ayer por primera vez el escenario que habían dejado vacío apenas se les pasó la resaca de la victoria electoral.

Los proyectos personales y las peleas internas por el poder que imaginaron a un paso desinfló muy rápido al elenco de dirigentes de lo más variado que habían recibido el apoyo de los votos con la promesa de controlar al gobierno kirchnerista. En dos meses, un Néstor Kirchner al que creían derrumbado consiguió caminar otra vez con paso triunfal y lanzó su anunciada fase de profundización del modelo. Primero juntó a toda la política en un diálogo hueco; después renovó en el Congreso los poderes especiales para la Presidencia, descartó cambios de fondo en el rumbo económico, sorprendió con la estatización del fútbol televisado y se zambulló en la cruzada contra los grupos de medios.

Julio Cobos, Mauricio Macri, Francisco de Narváez y un siempre distante Carlos Reutemann coincidieron en diálogos reservados en que sin una alianza estratégica de corto plazo entre ellos el Gobierno quedará en condiciones de frustrarles sus aspiraciones de encarnar un futuro poskirchnerista.

Al anunciar su voluntad de frenar la ley de medios que impulsa el Gobierno y de revisar las medidas controvertidas del oficialismo después del 10 de diciembre lanzaron el mayor desafío desde la política al poder de Kirchner. Y esbozaron la posibilidad de una nueva etapa, con un escenario partido en dos; una suerte de duelo entre el Congreso y la Casa Rosada.

Cobos meditó bastante la jugada antes de propiciarla. Encontró apoyo en la dupla Macri-De Narváez, y un acompañamiento cauto de Reutemann. Son ellos las cuatro figuras que mejor paradas salieron de la noche electoral del 28 de junio.

Con ese paso, el vicepresidente se expuso a una ofensiva total del kirchnerismo, pero se topó con un golpe de suerte. El multitudinario operativo de la AFIP en Clarín , en medio de la discusión del proyecto de ley de radiodifusión que tiene a esa empresa como principal perjudicado, colocó al Gobierno en un enredo con repercusión internacional que da argumentos a los que creen que toda la discusión se resume a una vendetta política.

Los diputados y senadores del kirchnerismo que ayer temprano analizaban cómo castigar al vicepresidente por su actuación como virtual coordinador de la oposición (se habló hasta de impulsar un juicio político) quedaron a media tarde atrapados en la desorientación. Les habían regalado otro obstáculo para defender un proyecto de difícil digestión. La grotesca invasión de inspectores en Clarín fue como un tiro en el pie.

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Cobos había evitado aparecer en la conferencia de prensa opositora, con la excusa de preservar "la institucionalidad". Temoroso en realidad de entregarle motivos a los oficialistas que lo acusan de organizar una conspiración contra la Presidenta. Más liberado, a la noche, denunció que el operativo en Clarín había tenido "fines intimidatorios". No lo dijo en público, pero a sus interlocutores de ayer les anticipó que en caso de empate volverá a actuar como el año pasado, cuando su voto derrumbó las retenciones móviles a las exportaciones del agro. Al oficialismo no le sobra nada en el Senado.

Tanto el vicepresidente como sus nuevos aliados circunstanciales creen ahora que si se aprueba la ley de medios el kirchnerismo entrará en una nueva etapa de radicalización de sus medidas y expondrá la incapacidad de la oposición para cumplir con el papel que le asignaron los votantes. Ese argumento convenció incluso a algunos peronistas disidentes y radicales que, ilusionados con llegar al poder, hasta veían con cierta simpatía que alguien -Kirchner y no ellos- pusiera un límite a los grupos periodísticos.

Desde ayer la pelea política es otra vez a todo o nada.

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