"La gente pedía votos para Juancho"

Entrevista a Juancho Carbonell, el único concejal comunista que tuvo Entre Ríos. Donó su dieta a entidades de bien público.
Concepción del Uruguay produjo en el retorno democrático de 1983 un hecho histórico que aún no pudo ser igualado en Entre Ríos. Asombrosamente, La Histórica eligió a través del voto a un concejal comunista. Juan José Carbonell sorprendió a una ciudad entera con su elección que marcó un hito en la vida democrática uruguayense cuando la dictadura militar recién comenzaba su lento repliegue. Carbonell recordó esos años de política en el Concejo Deliberante uruguayense a la vez que lamenta que su Partido no hay podido continuar lo que él empezó.

—¿Qué es ser comunista hoy?

—Es fijar una posición frente a una situación tan difícil que vive el país. El comunista sigue con su línea de conducta, con los grandes objetivos que tiene el partido, no cumplidos, siempre postergados. Una actitud que aún hoy cuesta mantener, porque las provocaciones son grandes. Hemos escuchado hace poco al segundo de la CGT hablando cosas insoportables, como que los comunistas seguimos comiendo chicos crudos. Ser comunista determina el grado de conciencia y militancia de una persona en su vida.

—Pero en el 83 era más complicado.

—Peor. Nosotros, en el 83, éramos un partido chico, sin prensa. Al contrario, teníamos contraprensa. Nos robaban votos alevosamente de las mesas, iban militares a robarnos los votos, un avallasamiento total. La agresión del partido fue permanente, porque salíamos de un proceso de 30.000 muertos y veían que en Concepción había una cosa rara y eso no lo podían permitir.

—Hasta hoy sigue siendo raro. ¿Un PC electo concejal? Es de locos.

—Sigue siendo raro. Soy el único concejal de Entre Ríos, el primero. Ojalá no sea el último. Gané por votos. Salir del Proceso y lograr un triunfo con el partido comunista era impensado. El triunfo fue de la UCR, ellos discutían una mesa en una escuela del Departamento con el PJ. Ganó la UCR por 39 votos y nosotros accedimos con casi 3.000 votos.

—Más impensado aún es esa cantidad de votos.

—Fue una bomba, porque hubo sólo siete concejales a nivel nacional, en Berazategui, Rufino, dos en Sunchales, dos en Tucumán. Fue una alegría porque era una cosa nueva, porque se llegaba a votar a la Hoz y el Martillo. Me acuerdo que una mujer me dijo: "Carbonell yo lo voté, pero me persigné. Pero vengo a decirle que no me equivoqué". Nadie vino a reprocharme nada de porquerías, arreglos, coimas. No se aprobó ninguna obra pública si no estaba totalmente clarito.

—Tengo la sensación, visto a través del tiempo, que la gente te votó más a vos que al partido.

—Es muy probable. No quiero negar eso y sería una falsedad terrible no reconocer eso. Caí bien en la gente. La gente iba al partido y pedía votos para Juancho. Gente que de comunismo no sabía ni quién era Marx o Lenín. Veían un profesional joven, escribano, comunista y eso les rompía todos los esquemas a la derecha. No podían hablar mal, decir cómo es esto. Esto marcó un hito en Entre Ríos, que lamentablemente no pudo ser repetido.

—¿Cómo se decidió tu candidatura?

—Democráticamente. No hubo disputas. Se dijo: "Muchachos hay un lugar y hay que ir", fuimos componiendo, armando las cosas. El más conocido, por la profesión, era yo. Tenía más conocimiento de las ordenanzas y decretos municipales que le garantizaban al partido un entendimiento de las cosas.

—En la previa a las elecciones, ¿veían que podrían entrar?

—Sospechábamos que podíamos entrar por la adhesión de la gente. Iban al partido a pedir boletas y pensábamos que algo debía quedar. Yo había visto otras elecciones y acostumbrados a sacar uno o dos votos por mesa, comencé a sospechar que tendríamos una buena elección. Además, tuvimos fiscales en todas las mesas, con comidas para todos. Estábamos bien estructurados, ordenados.

—¿Con quién fue la pelea?

—Con el PJ hubo una pelea. Pero aparte de que entra el PC, se dio un hecho inusual que el Ejecutivo lo ganó la UCR y el Concejo el PJ.

—¿Cómo eran las sesiones?

—Un hervidero, pero el trato con los demás concejales fue muy bueno. Ellos me respetaban porque veían que no iba atrás de nada. Donaba la dieta, no iba por la achura. Hoy estoy decepcionado con los concejales actuales, porque hay cosas que no podés pasar a comisión. Si te hablan de la reforma agraria, de la paz y mil cosas, tenés que pronunciarte ahí, sobre tablas. No podés pasar a comisión. Eso no me gusta porque ahí ves el verdadero político, es donde tenés que demostrar. Lo de hoy no es legislar, es ir y levantar la mano.

—¿Cómo es eso de donar la dieta?

—Por iniciativa propia, consultada al Partido, que la aprobó. Yo dije que con la plata hago lo que quiero, no me la maneja ni la Municipalidad ni nadie. Yo la manejaba y la donaba a Lalcec, Surco de Esperanza, comedor de Don Bosco, que daba de comer a los chicos, cosas que algunos no entendieron. Me decían "cómo le vas a donar a los curas, a la Iglesia, la derecha". Yo lo hacía para que coman los gurises. Por eso está la carta de agradecimiento del cura Rolando para conmigo.

—¿Recordás algunos proyectos presentados?

—La expropiación de Santa Cándida. Queríamos transformala en un lugar para la gente, de visitas, de estudios, sabíamos que la había recibido Saenz Valiente. Algunos concejales coincidían y otros no querían ni hablar, por el asunto de tener la prensa en contra. La lucha fue terrible y lamentablemente muchas cosas no se supieron porque no había prensa. (Santa Cándida es una residencia de lujo propiedad de la tradicional familia Saenz Valiente, entonces propietaria, además, del único diario de Concepción del Uruguay).

—¿Cómo fue el tema de los retiros de los cuadros en el Concejo?

—Sin ofender a nadie. Un día planteamos con Pichón Colombo (UCR)—se ve que él lo hizo sin consultar al partido— que descuelguen los cuadros de sala del Concejo de todos los intendentes que no hubieran sido elegidos democráticamente, que era la propaganda que defendía el radicalismo. Cuando se bajan los cuadros, de 10 había ocho radicales. Cuando llegó al Comité casi lo mataron. Colombo volvió muerto, diciendo que lo entendieron mal. Ahí les digo que el Partido Comunista se hace cargo del pedido. De parte del concejal del partido comunista. Ahí Colombo suspiró.

La trayectoria de un hombre que marcó un momento

Carbonel nació en 1931 en Concordia. Su familia luego se trasladó a Colón, donde pasó su infancia y juventud. De ahí a Santa Fe a continuar los estudios universitarios, donde comienza a militar en el partido Comunista. Corría el año 1953 y, como él mismo relata: "Siempre le voy a agradecer al PC porque me abrió la cabeza, me hizo comprender el mundo. Yo era un vago, vivía jodiendo y el Partido me encarriló". Una vez recibido recaló en Bovril. "Me gustó porque había cooperativas, una pequeña reforma agraria, gente laburante. Cuando llegué, había uno esperándome. ‘ Usted es el escriba’, me preguntó y le tuve que mostrar el documento porque no me creía. Era un italiano de apellido Otilini. Le mostré el título. Yo llegaba muy flaco de comidas, de plata, de ropas. Ahí trabajé mucho. Fundamos el partido ahí. Estuve 10 años, me casí ahí con mi novia que trabajaba en la panadería y tuvimos cuatro hijos. Osvaldo está en Federal en una radio; Carlitos, humanista, en Santa Cruz; Alejo, muy buen escritor, en Córdoba, y Laurita en Campana. Dos nacidos en Bovril y dos en Concepción.

La revolución cubana

Dijo del día en que Fidel Castro ganó el poder en Cuba: "Yo estaba en Bovril. Fue una alegría tremenda. Seguíamos las noticias por radio La Habana o Radio Moscú por onda corta. Fidel, un tipo extraordinario. ¡Y dicen que mandó a matar al Che! Lo que tenía el Che era una sed de liberar pueblos. Le falló en Bolivia, pero hoy vas a Cuba y ves cómo lo siguen queriendo".

La hoz, el martillo y también la cruz

Entre los papeles ya amarillos que Carbonell guardó como testigos fiel de su militancia hay uno que llama la atención. Es una carta que le escribe el cura Rolando, famoso sacerdote uruguayense. La misiva arranca con un asombroso "Camarada Carbonell", algo impensando tratándose de dos representantes de sectores históricamente enfrentados. Y entre sus párrafos expresa, dirigiéndose a Carbonell "que el Patrón de arriba recompense su generosidad", justo a un PC, que de dioses saben poco.

La plaza

Uno de los proyectos más destacados de Carbonell y que perdura en el tiempo fue la creación de la Plaza de los Derechos Humanos.

La plaza en cuestión está ubicada en el bulevar Hipólito Irigoyen, entre calles Maipú y Reibel. El proyecto fue aprobado y tuvo su fecha de promulgación el 22 de mayo de 1986 bajo la ordenanza Nº 3010.

Pugliese

En su austera oficina se destaca una foto junto al maestro Osvaldo Pugliese. "Me acuerdo que estuvo en el Club Rivadavia. Amable, lo conocí viejito, una persona muy dulce a pesar de haber estado preso como 20 veces". Fue "alcahuete (se ríe) de Rodolfo Gioholdi en la primera reforma de la Constitución en Santa Fe. Una delicadeza de hombre, un tipo que había sido torturado en una isla brasileña. Cuando estaba enojado te decía: "Dejá, estoy torpe hoy".

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