La gente deja de usar barbijos en la calle y la 9 de Julio se vacía de autos

El Registro Civil reprograma casamientos y hay alcohol en el subte. El aislamiento hizo crecer el uso de Internet para hacer los deberes, trabajar o comprar sin salir de casa. Algunos bancos, por ejemplo, están tratando de motivar a sus clientes para que operen online. En los teatros empezaron a devolver entradas.
En la puerta de vidrio del Pago Fácil de Corrientes al 900 alguien pegó un afiche: "Por razones de público conocimiento sugerimos mantener un metro de distancia". Nadie lo ve, o el que lo ve, se hace el sota. De la puerta hasta las cajas, la fila se enrolla como un espiral y cuando un cliente se aburre de esperar y larga una bocanada de aliento, le sopla la nuca al de adelante. "¿Quién va a respetar la indicación de distanciarse si te separás un paso y te sacan el lugar", dice Miguel, un empleado de la empresa de envíos postales Epsa.

Ariel Puntano empezó ayer a vender barbijos de tela. Uno por $2 y 3 por $5. Antes vendía útiles escolares por la calle. "No salen los tapabocas", se lamenta. "Tarde piaste golondrina", susurra un curioso. Es que ya no se ven enmascarados con barbijos: habrán oído que los infectólogos dejaron de decir que no servían para asegurar que su uso en gente sana es contraproducente.

El que traicionó temporalmente su rubro y le vio la veta a la pandemia fue Pablo Franco. "Soy tatuador. El trabajo venía flojo y tengo un amigo que vende alcohol al por mayor así que... fui por él", cuenta. Sobre la calle Florida montó una mesita plegable con frasquitos a $5. Ayer, su primer día de "changa" ganó $100 en dos horas.

En el cine Atlas Lavalle, un hombre limpiaba con alcohol las manijas de las puertas. En los teatros de Corrientes se devolvían entradas o se canjeaban para futuras funciones. Ojalá una tarde cualquiera en hora pico, la 9 de Julio fluyera así. Es que sin jardines, sin escuelas y sin universidades, hay un amplio caudal de gente que simplemente no está.

¿Qué hacen? Una encuesta exclusiva de D'Alessio Irol indica que el aislamiento hizo crecer el uso de Internet para hacer los deberes, trabajar o hacer compras sin salir de casa. El Banco Provincia, por ejemplo, está tratando de motivar a sus clientes para que operen online y eviten la estadía en las sucursales. Ayer, en la sucursal de Perón y Callao, los clientes hacían obligatoriamente la cola afuera.

Los Registros Civiles están reprogramando sus casamientos y hasta los habitué de Mc Donalds cambiaron sus hábitos: "Todo el mundo prefiere pasar por el AutoMac y el pelotero está vacío: ideal", muestra Juan José Tesio. Que los restaurantes estén desolados responde a un cambio forzado de estrategia que ya había empezado con la crisis económica.

En los supermercados las ventas no sólo no bajaron sino que se estima que crecieron. Juan Carlos Vasco Martínez, directivo de la Asociación de Supermercados Unidos, explicó que no es porque la gente esté acopiando productos sino que "optó por darse algunos gustos especiales. Compró un mejor vino o hizo alguna comida especial. Lo que antes se consumía afuera, ahora se hace en casa".

La encuesta de D'Alessio Irol habla de esa tendencia: sólo el 9% de los encuestados dejó de ir al supermercado, mientras que el cine, la salida al shopping y a comer fueron las actividades más restringidas.

De vuelta en la calle, están los precavidos y están los exagerados: "Cuando llego a mi casa me baño y pongo alcohol en un balde y me lavo el cuerpo. Antes repartía volantes con guantes de látex, ahora empecé a usar alcohol: mientras trabajo me lavo con alcohol las manos y la cara", dice Jonathan, de la puerta de la parrilla "El gaucho". Alejandro Portisi, otro volantero, es más medido: "Ahora tomo mate sólo con mi señora, me lavo las manos cada quince minutos y no saludo más con un apretón de manos, aunque parezca antipático".

En sus estaciones, Metrovías puso dispensers de alcohol que, en el apuro crónico, pocos ven. ¿Y los trenes? Dice Jorge Cariose, en Constitución: "Viajo en tren todos los días y vamos uno encima del otro. Ese sí que es un foco peligroso, pero bueno, al menos está ventilado...si no tiene ni ventanas", dice. Y se ríe.

Comentá la nota