Los genes K se han vuelto inmunes a la voz de las urnas

Por Hernán de Goñi

Néstor Kirchner, quien como principal candidato oficialista se encargó de transformar la campaña en un plebiscito cuyo resultado podía poner en juego al modelo K, tradujo la derrota del domingo en un hecho concreto: reununció inesperadamente a la presidencia del PJ. Fue su forma de reconocer que el peronismo necesita regenerarse a través del diálogo. Pero también dejó en claro que ese no es su fuerte.

La Presidenta creó una expectativa positiva con un gesto (someterse a una conferencia de prensa) pero no la acompañó con el tono del mensaje. Muchos sintieron que sus palabras no estuvieron a la altura del escenario que instaló la derrota sufrida por el kirchnerismo. Remarcó que a nivel nacional sumaron casi tantos votos como los partidos de la Coalición Cívica y minimizó el triunfo de Pro al compararlo con la segunda vuelta que ungió a Mauricio Macri. Dijo que no habrá una renovación del gabinete, justificó el Indec y no mostró apuro por pactar con el FMI o los acreedores.

Los mercados celebraron por algo que no sucederá. El Gobierno se ha caracterizado hasta hoy por hacer lo contrario a lo que todos esperan. Está en sus genes. Pero las urnas están para otra cosa.

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