Los genes del MPN y lo que no se previó

El sindicalismo estatal pugna con el partido provincial, pero comparte el ADN. Fue el propio partido provincial el que originó un sindicalismo estatal fuerte, con protagonismo directo en el Estado. El principal problema del gobierno es la virulencia del cambio de escenario en menos de un año.
La planificación política en Neuquén llega hasta fin de año. Dos meses no es mucho tiempo, pero es lo máximo a lo que está dispuesto a prever una camada dirigencial hija del pragmatismo esencial que ha distinguido los últimos años de la filosofía política argentina.

El velo estatal no permite percibir con claridad el bosque de complejidades que es en estos tiempos la sociedad neuquina. Así, el gobierno de Sapag se debate en desigual lucha contra la corporación sindical encabezada por la CTA, que es una especie de representación inconfesa de la ideología “de verdad” que subyace en el MPN fundacional.

Tanto ATE como ATEN son la expresión del costado laborista del propio MPN.

Golpean con la fuerza de los genes a un partido que en sus principios fue más peronista que el propio peronismo, y por lo tanto, fuertemente proclive a cimentar su fuerza en la alianza entre corporaciones: la sindical y la empresaria.

Defienden la concepción que el propio MPN instaló: coparticipación en el gobierno de los “trabajadores”. El modelo está en el CPE, en el ISSN, en las “empresas” del Estado. Tanto ATE como ATEN quieren profundizarlo.

Por eso, las expresiones de pelea que se han repetido en los últimos años no pasan tanto por la superficie de reivindicaciones coyunturales que se muestran, sino por esta cuestión de fondo: el reparto de la torta es en realidad el reparto del poder, que los sindicalistas quieren compartir.

UPCN quiere lo mismo, pero desde otra metodología, y con otro enfoque: cimentar el camino de las paritarias, tornarlas imprescindibles, y avanzar después por el camino usual hacia la política, que ha distinguido a la CGT: instalar funcionarios y representantes en los niveles parlamentarios.

El gobierno sabe todo esto. ¿Cómo no lo va a saber, si participa del mismo ADN?

El problema del gobierno, no obstante, es otro. Digamos que su enfrentamiento con los gremios es parte de lo que había previsto. Sabía Sapag que la “paz social” –entendida como paz con los sindicatos- no duraría para siempre. Duró un poco menos de lo previsto, pero en definitiva no sorprendió.

El problema es lo que no se había previsto. Veamos:

* No se había previsto el abrupto declive de los Kirchner tras haber ganado en buena ley las elecciones del 2007. Todavía sin cumplir el año de gestión, Cristina Fernández tiene apenas 12 por ciento de imagen positiva en Buenos Aires, y su marido, solo 9. Cuando Sapag anunció su política de “federalismo de coordinación”, lo hizo pensando en un gobierno nacional medianamente exitoso. Ahora, esa relación, ¿suma o resta?

* No se había previsto la enorme debacle económica. Sapag asumió anunciando una situación difícil del Tesoro provincial más que nada para acentuar el cambio de una gestión a otra. Pero con el correr de los meses, los efectos de una crisis importante –tanto nacional como internacional- golpearon muy duro. Hoy Neuquén ve cada vez más reducidos sus ingresos y aumentados sus gastos (en lo estatal); en un contexto donde empieza a faltar empleo, bajar el consumo, y se acota la producción. El panorama no es bueno.

* No se había previsto una demora tan fuerte en la renegociación de los contratos petroleros. Tiene que ver, obviamente, con la situación internacional, pero repercute directamente en Neuquén. En este contexto, el gobierno sólo puede aferrarse a su contrato ya cerrado con YPF, casi una socia del Estado neuquino en esta década. El resto de las petroleras esperarán el momento, y nada es seguro.

* Todo lo “plus” que se anunció comienza a ser relativo. El gas plus no es una panacea en un mercado internacional volátil. Menos aún lo es el “petróleo plus”. Esto también es producto de la errática política nacional. Cuando el petróleo baja, los argentinos lo vemos aumentar. Y viceversa. Es parte de una falta de armonía sorprendente en las decisiones nacionales. Ahora, por ejemplo, es el peor momento para quitar subsidios que sí se deberían haber eliminado en la época de las vacas gordas. El gobierno los elimina (como ya hizo con los aplicados a la generación de electricidad) porque no puede hacer otra cosa cuando su propia caja comenzó a deteriorarse.

* No había previsto tampoco el gobierno que hubiera un reflejo político tan inmediato de oposición interna en el MPN. Sobisch hará su acto en Zapala sólo para después ir por el Ruca Che, porque terminó de decidirse a competir por la presidencia del partido; para ir otra vez por la gobernación en el 2011; y en ese camino repite sus mecanismos metodológicos, su forma de hacer política. Sapag medita qué hacer frente a esta situación de su partido que no puede desconocer. Asegura que no irá él a competir con Sobisch. Pero lo cierto es que tampoco encuentra figuras de peso para oponer al ex gobernador. ¿Confrontación directa, “final anticipada”, o negociación entre ambos antes de la fecha de internas? Todo es posible, dicen.

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