Generosidad antes que oportunismo

Por: Alfonso Prat-Gay.

Asumí en 2002 la presidencia del BCRA tras la salida de cuatro predecesores a los que la crisis (corralito, corralón, cuasimonedas, default) se iba fagocitando.

Me juré terminar mi mandato y no ceder a ninguna presión que pusiera en duda la autonomía de esa institución, encargada de defender la estabilidad de nuestra moneda. Lejos de ser contradictorios, como algunos nos quieren hacer creer por estas horas, estos dos objetivos se retroalimentan: en la medida en que uno defiende valores que considera innegociables se hace respetar. Ese respeto fue fundamental para transitar dos administraciones (Duhalde y Kirchner) con muchos momentos tensos pero en los que no se intentaron ataques contra la independencia de la institución que yo presidía.

No acepté seguir otro mandato más porque vi con suma claridad en aquel momento que la concepción del rol de las instituciones de Néstor Kirchner no era la de un republicano democrático sino la de un caudillo de Santa Cruz. No hubieran pasado cinco años hasta que su visión y la mía colisionaran. Elegí evitarle ese disgusto a la República y salvaguardar así el testimonio de aquellos dos objetivos logrados –la estabilidad de la moneda y la autonomía razonable del BCRA–, tan amenazados por las acciones del ex presidente casi inmediatamente después de mi partida. Seamos claros, un Banco Central independiente no convalida la inflación que tuvimos desde 2005 (del 16% anual en promedio, con picos superiores al 30%) ni las transferencias masivas de recursos al Tesoro que el año pasado superaron los $ 24 mil millones. Cuando se trata de instituciones de semejante envergadura, los "pragmatismos" y la flexibilidad de los valores tienen costos altos para todos.

Por todo esto vivo con mucho dolor los acontecimientos de estas horas. Desde mi nueva responsabilidad en el Congreso estoy haciendo lo imposible para defender la vigencia de las normas y una institución que tanto quiero y siempre defendí. No estoy a favor de Redrado. Estoy a favor del BCRA y en contra de los dos DNU inconstitucionales que se apropian de sus reservas y remueven ilegítimamente a su presidente. Estoy a favor de una moneda sana sin la cual son inalcanzables el desarrollo y la inclusión social.

Los graves atropellos institucionales llevados a cabo por la máxima autoridad del país nos deben llevar a los argentinos a una reflexión. La oposición debe evitar caer en la tentación de la ley del talión. El país que está en juego no termina en 2011. Debemos aspirar a algo más que al heroísmo efímero que otorga hoy el enfrentar a Kirchner.

Los banqueros de ADEBA deberían recordar que no le corresponde al regulado solicitar la renuncia del regulador. Ya han tenido su dudoso premio: una mención especial en los considerandos del insólito decreto que expulsa a Redrado y releva al Congreso de su legítima intervención. La miopía de la dirigencia privada también nos ha costado mucho a los argentinos y es hora de abandonarla.

Tenemos que elegir de una vez por todas si queremos vivir en un país sometido a los dictados de unos pocos o en una Argentina inclusiva, con instituciones que funcionen y en la que prevalezca el respeto por el otro.

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