Gaza se enfrenta a una crisis humanitaria "total"

La Cruz Roja y la ONU denuncian que la situación es alarmante
JERUSALEN (De una enviada especial).- Una crisis humanitaria "total" amenaza al millón y medio de palestinos de la Franja de Gaza si no se toman medidas de inmediato, denunció ayer la Cruz Roja Internacional (CICR).

"No tengo palabras suficientes para decir hasta qué punto estamos preocupados por la situación en Gaza", advirtió Pierre Kraehenbuehl, director de operaciones de la organización humanitaria con sede en Ginebra.

La CICR calificó la situación de "inaceptable", mientras que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) pidió la apertura de fronteras para permitir salir a los palestinos que lo deseen.

Ante las denuncias de estos organismos, el gobierno israelí anunció anoche que abriría un "corredor humanitario" para paliar los efectos de su ofensiva.

"Los hospitales trabajan al límite de su capacidad, sobrepasados por la afluencia de heridos y moribundos provocados por los ataques aéreos israelíes y los enfrentamientos entre Hamas y el ejército israelí en las calles. Sólo se aceptan aquellos casos que deben ser operados con urgencia. Las camas no alcanzan y tampoco los medicamentos", explicó a LA NACION por teléfono desde Gaza Iyad Nasr, miembro de la Cruz Roja.

"Pero lo más difícil es poder llegar a los heridos con la ambulancias debido a los combates", se lamentó.

Como ocurre frecuentemente en esta región estremecida desde hace siglos por el hierro y la pólvora, las poblaciones civiles de los dos bandos de la guerra de Gaza son las principales víctimas del encono político y religioso que enciende la mecha de todos los conflictos en Medio Oriente.

Los habitantes de las ciudades israelíes de Ashdod, Sderot y Bersheva viven desde hace años bajo la amenaza de los cohetes Qassam y Grad que disparan las milicias de Hamas. Los palestinos que viven en Gaza, por su parte, sufrieron primero la falta de electricidad y de agua corriente, la penuria alimentaria y el deterioro de las condiciones sanitarias, luego el bombardeo de la aviación israelí y finalmente un diluvio de fuego seguido por el asalto de las tropas terrestres apoyadas por tanques y helicópteros.

"No es justo decir que un pueblo sufre más que otro. Cuando hay guerra, todos los civiles sufren", sostuvo el pacifista israelí Uri Avnery.

Los habitantes israelíes de Ashdod, Sderot, Ashkelon, Bersheva y otro centenar de localidades ubicadas en el radio de alcance de los cohetes disparados desde Gaza muestran las casas perforadas por los impactos, los búnkers construidos en los subsuelos de sus viviendas para precipitarse cuando suenan las sirenas, las tumbas de sus familiares y la vida totalmente paralizada por el miedo.

Desde que comenzaron los disparos, hubo más de 10.000 ataques de morteros y misiles desde Gaza, aseguran los habitantes de esa vasta región en la que reside un tercio de la población de Israel. Aun ahora, después del comienzo de las operaciones, los milicianos de Hamas logran lanzar un promedio de 30 cohetes por día.

Sin protección

Por lo general son los habitantes del país atacado los que padecen las peores consecuencias de un conflicto. A diferencia de los israelíes, que disponen, desde la fundación del Estado, en 1948, de un eficaz sistema de defensa civil, los habitantes de Gaza sufren el triple rigor de los bombardeos, la penuria y la ausencia total de protección.

En los últimos días, el millón y medio de habitantes de Gaza padeció un ataque aéreo cada 20 minutos. Las 230 misiones realizadas desde el sábado por los F-16 de la fuerza aérea israelí se concentraron sobre los 600 objetivos definidos como "instalaciones estratégicas" de Hamas. Pero, a pesar del carácter "quirúrgico" de los bombardeos, las explosiones también arrasaron rutas, infraestructuras, líneas de alta tensión, usinas, fábricas y escuelas.

Sometidos al ritmo de la ayuda alimentaria que deja pasar Israel por el puesto fronterizo de Erez -al norte de la Franja-, los habitantes comienzan a padecer una severa penuria. Desde hace días hay escasez de harina, lácteos, arroz, azúcar, aceite y otros productos. Desde que comenzaron las hostilidades, sólo llegan a Gaza unos 60 camiones por día contra un promedio de 450 camiones en épocas normales.

Ese desabastecimiento alentó el surgimiento de un vasto mercado negro, controlado por Hamas.

La mayor Avital Leitbovitz, vocera militar de Israel, dijo que los depósitos están repletos de alimentos, pero acusó a los milicianos de Hamas de impedir su distribución. Christine van Nieuwenhuyse, representante del Programa Alimentario Mundial (PAM) en los territorios, corrigió esa afirmación y dijo que los depósitos estaban "a la mitad de su capacidad".

Las ONG que operan en la Franja afirman que 250.000 personas no tienen electricidad. La planta de energía dejó de producir el 30 de diciembre por sexta vez desde el 5 de noviembre por falta de carburante. El oleoducto que surte la terminal de Nahal Oz, por el cual llega el combustible que necesita la ciudad, estaba cerrado desde el comienzo de las operaciones. Ayer fue reabierto para permitir el paso de 200.000 litros de fueloil.

Desde hace semanas, los particulares no tenían fueloil ni gas para cocinar, pero ayer también llegaron 120 toneladas de gas para uso doméstico.Por falta de energía para alimentar las centrales, tampoco funcionan los teléfonos. Los grupos electrógenos de los hospitales funcionan esporádicamente y están reservados a alimentar las necesidades de los quirófanos y salas de terapia intensiva. Las escuelas están cerradas por seguridad y los bancos no operan por falta de circulante.

El sistema de agua potable funciona cada cinco o seis días, y las plantas de purificación -totalmente paralizadas por el bloqueo y el conflicto- son incapaces de tratar los 40 millones de litros de aguas servidas que produce diariamente la ciudad de Gaza. Debido al estallido de las canalizaciones, una parte de ese contenido desborda a la calle, otra se infiltra por los subsuelos y las galerías subterráneas construidas por Hamas, y el resto se vierte en las aguas turquesas del Mediterráneo.

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