Gauchadas a los adversarios

Por: Ricardo Roa.

Mal le pese, Abel Posse terminó por ayudar a quienes ataca y perjudicar a Macri. Tanto, que el jefe del gobierno porteño debe haber pensado en meter la marcha atrás con su nombramiento como ministro de Educación. Pero el remedio hubiese sido peor que la enfermedad luego del porrazo con el espionaje de la policía porteña.

Hay un antes, un después y un siempre en Posse. En un artículo que La Nación publicó el día en que era designado y él había escrito antes, Posse reivindicó el papel de las Fuerzas Armadas en la dictadura, asimiló el kirchnerismo a "los asesinos derrotados", criticó por blandos a miembros de la Corte y llamó "susurrantes" a la mayoría de los opositores al Gobierno. Es difícil encontrar alguien a la derecha de este pensamiento.

El después de Posse, ya designado, fue sostener este discurso provocador sin aceptar que como ministro deja de ser un librepensador y tiene otras responsabilidades. El siempre es que el antes y el después son lo mismo: ayer, al asumir, dijo que no se arrepentía de nada.

La educación es un espacio de diálogo. Nunca de confrontación. Posse es escritor: sabe manejar las palabras y cómo sacudir con ellas. El punto es que ahora es ministro de Educación. Y en época de conflicto gremial. De sindicatos docentes en pugna perpetua que no se liberan del dogma del paro. Nadie puede aspirar a que sea un funcionario débil. Pero el riesgo es que él también se aferre al dogma de la confrontación.

Hugo Biolcatti, el jefe de la Rural, es otro que como Posse tiene un discurso que beneficia más a quienes ataca que a sus propios aliados (ver El Gobierno acusó de "golpista" a Biolcati por su ataque a Scioli). El jueves dijo que había que descabezar al gobierno bonaerense: pasto al kirchnerismo para que acuse al campo de golpista.

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