El BB ya gatea, ¿caminará?

Por M. Olivera.

El tándem Boudou-Blejer va en busca de cumplir con su objetivo de salir a los mercados de crédito. Antes deben llegar a un acuerdo con el FMI y con los holdouts. ¿Aceptará Kirchner esa estrategia, que debería incluir la transparencia en el INDEC? Boudou necesita plata para los compromisos de 2010.

Apenas asumió, el ministro Amado Boudou diseñó, aconsejado por Mario Blejer (ex Banco Central de la Argentina y ex Banco de Inglaterra, una combinación letal), un plan de normalización de las relaciones financieras externas de la Argentina. El objetivo del plan BB (Blejer-Boudou) es reabrir el acceso a los mercados de capitales. Puesto en forma menos pretenciosa, permitir que la Argentina vuelva a emitir deuda en forma voluntaria luego de la escandalosa última colocación a Hugo Chávez. Boudou, algo apurado, prometió que la Argentina volvería a los mercados hacia fin de año.

El plan BB es una estrategia de cinco patas: recuperar la credibilidad del índice de precios del INDEC (IPC), arreglar la deuda en cesación de pagos con aquellos que no entraron al canje (los cacofónicos holdouts, léase "joldauts"), refinanciar la deuda con el Club de París, invitar al FMI a una revisión típica conocida como Artículo IV, y realizar operaciones de canje de deuda que reduzcan los pagos de los próximos dos o tres años.

Volver al mercado de capitales es, en realidad, un objetivo intermedio. Lo que Boudou quiere, y promete, es conseguir financiamiento para los dos últimos años de gobierno para así sostener el ritmo de expansión del gasto público. La zanahoria para convencer a los Kirchner es que la "ortodoxia en las relaciones externas va a permitir la heterodoxia en el manejo local" o, en términos más llanos, seguir gastando. Llegar a 2011 con un nivel elevado de satisfacción social es la única posibilidad que tiene Kirchner para ser candidato o participar de la elección del sucesor. El plan BB, la criatura, ya gatea pero ¿podrá caminar?

POBRE IPC. Boudou fue más lejos que sus predecesores –Peirano y Lousteau– en el intento por recuperar la credibilidad en las estadísticas públicas que hoy son sólo estadísticas oficialistas. Aunque no se atrevió a desafiar lo actuado desde 2007, convocó a un comité académico cuya composición quedó a mitad de camino. Mientras la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) designó a un experto en estadísticas del ciclo económico para integrar el comité que revise lo actuado por el INDEC, la UBA tuvo que reemplazar al médico veterinario Hallú por el encuestador Enrique Zuleta Puceiro, muy cercano a la Casa Rosada, en medio de fuertes críticas de grupos de profesores que no quieren convalidar cualquier medición de precios.

De paso, armar un grupo de expertos tiene costos. Tanto así que en Tucumán esperan que el Ministerio de Economía les financie la contratación de economistas locales para que hagan el diagnóstico. Todo sería mucho más fácil, y menos costoso, si Boudou hubiera decidido, en cambio, seguir los pasos que le propuso el economista Roberto Frenkel: entre otros, la sola publicación de los precios promedio de los productos, permitiría que los particulares contrasten los números del INDEC y todos nos ahorraríamos tiempo y dinero. Desde el INDEC oficialista responden que los precios promedio no se publican en ninguna parte. En realidad, alcanza con entrar a la página del INDEC norteamericano, el Bureau of Labour Statistics, que es la agencia de estadísticas más importante del mundo occidental, para encontrar el precio promedio del pan o la electricidad en los cuatro puntos cardinales de Estados Unidos.

Esta "credibilidad instantánea" tiene un costo: en el momento en que el Gobierno publique los precios de la Canasta Básica de Alimentos (CBA) quedaría definida la verdadera dimensión de la pobreza. La última medición oficial de la pobreza, correspondiente al segundo semestre del año pasado, dice que 15 de cada 100 argentinos son pobres. Hace poco, desde una tribuna, Nestor Kirchner habló de 20, 22 o 23 por ciento de pobreza. La presidenta Cristina Fernández se quejó del "conteo" de la pobreza. Pero las estimaciones privadas, Artemio López incluido, ponen a la pobreza en niveles del 30%, excepto la Iglesia argentina que habla de niveles de 40%, aunque sin transparencia metodológica.

Entonces, en el momento que se sincera la medición del precio del pan, la leche, la carne y otros productos básicos queda en evidencia que los niveles de pobreza son similares a los máximos de los años 90. Es un costo político que difícilmente el Gobierno esté dispuesto a pagar dada la importancia que se le asigna al "relato" y a la "representación de la realidad". La cruzada de Boudou por el IPC tiene destino incierto. El problema es que sin mejorar las estadísticas del INDEC, el BB tiene menos probabilidades de caminar.

MORDERSE LOS LABIOS. ¿Volver al FMI después de años de gastar tribunas y micrófonos despotricando contra las políticas del Fondo? Boudou se ocupó de aclarar a quien se lo preguntara que el objetivo es tener una relación "madura" con el FMI pero de ninguna manera pedirle plata porque Argentina "no la necesita". En realidad, el país tiene una brecha financiera de por lo menos 4 a 6 mil millones de dólares para el año entrante y de allí que Boudou piense en volver a los mercados (¿por qué otra razón pediría prestado alguien si "no necesita" la plata?)

Pero el sello de calidad del FMI cumple varias funciones: es maquillaje para el mercado y, también, ayuda a abrir la puerta para refinanciar la deuda con el Club de París; aquella que CFK anunció que pagaría contante y sonante –con un auditorio que la aplaudió de pie– para a los pocos meses echarse atrás con el argumento de la crisis internacional. El BB gatea.

El Artículo IV es una revisión de la marcha de la economía: el FMI envía una misión de economistas que, luego de volar first class o business y alojándose en hoteles de 5 estrellas, se entrevistan con funcionarios, consultores y economistas locales, para luego emitir un reporte más o menos favorable sobre las políticas económicas (supuestamente) soberanas del país. ¿Puede el FMI hacer una revisión favorable sin criticar el IPC? Probablemente no. En el año 2006, la Argentina ejerció su derecho de pedir que no se publicara aquella revisión. Si lo hiciera ahora, el efecto sería el contrario al que busca Boudou.

Además, ¿puede el gobierno argentino suspender sus críticas a la arquitectura financiera internacional en general, y al FMI en particular, que enarbola en cuanto foro internacional tiene la oportunidad de hablar? Curiosamente, parece que el problema radica en que ni el FMI ni el Gobierno pueden dejar de criticarse. Ni siquiera frente al interés común de abrir una puerta de financiamiento contingente que son ingresos para el Fondo y certidumbre financiera para la Argentina.

PERDONA MIS DEUDAS. Tan importante es la regularización de las deudas impagas que Boudou incorporó el mandato de arreglarlas en el proyecto de ley del presupuesto que el Gobierno acaba de enviar al Congreso. Por un lado, están los holdouts. En realidad, ni al Gobierno ni al resto de los países le importan los fondos buitres, aquellos que compraron deuda por centavos en lo peor de la crisis. Sin embargo, hay inversores minoristas en Italia, y algunos otros países, que son tenedores de papeles en default. Para arreglar con el Club de París, hay que arreglar con estos inversores minoristas. Si hasta Ecuador, que reestructuró su deuda hace muy poco, acepta ahora recomprarles la deuda en default a los inversores italianos.

Para algunas embajadas, el Club de París también va a exigir algún tipo de acuerdo con el FMI. Y aquí es donde la cadena de la estrategia Blejer-Boudou se rompe por su eslabón más débil: si para arreglar con el Club de París hay que acordar con el FMI, y para acordar con el FMI hay que arreglar el INDEC, la probabilidad de llevar adelante toda la estrategia de normalización financiera empieza a bajar.

KEYNESIANISMO CON K DE KIRCHNER. Hay otro eslabón débil en la estrategia. Todo keynesiano sabe que en una recesión hay que gastar más. Pero todo buen keynesiano sabe también que, para hacerlo, es necesario contar con financiamiento porque la emisión monetaria tiene patas cortas.

Mientras otros países de la región recurrieron a fondos anticíclicos (Chile) o al Fondo Monetario (Colombia) para transitar la crisis, la Argentina utilizó reservas del Banco Central y ahorro de la seguridad social. Terminada la turbulencia, se empieza a moderar la expansión. No en la Argentina: el objetivo del plan BB, como se explicó arriba, es financiar la expansión por dos años más.

Es cierto que tanto el FMI como los inversores, crisis mediante, parecen más dispuestos a financiar agujeros fiscales que en el pasado. Sin embargo, la política fiscal argentina es más un reflejo del ciclo político local que de la crisis global. La Argentina empezó a consumir ahorro fiscal en forma agresiva en la carrera presidencial de 2007 y, desde allí, nunca paró ¿Querrán, el mercado o el FMI, a financiar la expansión fiscal que le permita a Kirchner tener posibilidades electorales importantes en 2011? Si la respuesta es no, entonces el BB no va a caminar.

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