El gasto público vuela y también los giros del Central al Gobierno

Por: Alcadio Oña

En el Presupuesto de 2009, la cuenta Formulación y Ejecución de Políticas de Transporte Aerocomercial tenía asignados 923 millones de pesos. Al 20 de diciembre, había comprometidos 2.371 millones, casi tres veces más que el monto original. O sea, 619 millones de dólares, US$ 1,7 millón por día.Para mayor precisión, de esa partida sale la plata que el Estado pone para sostener a Aerolíneas Argentinas.

Tal cual se ve, una decisión política cuanto menos costosa.Formulación y Ejecución de Políticas de Transporte Automotor es la que contiene los subsidios a los colectivos. Allí se gastaron $ 4.044 millones. O 1.056 millones de dólares.En otra, que banca los subsidios al ferrocarril y el subte, se consumieron $ 3.356 millones. O US$ 876 millones.

Escondida en las cuentas fiscales, hay una más para el transporte: absorbió $ 1.130 millones, o sea, US$ 876 millones.Tanto número sin duda abruma. Pero sobre todo, abruma la suma total: 2.227 millones de dólares, sin computar a Aerolíneas Argentinas.Según las propias planillas oficiales, el grueso largo de esa millonada fue para la Capital Federal y el Conurbano. Un buen motivo para que en las provincias se quejen de que ellos pagan mucho más caro el transporte que porteños y bonaerenses.

Con un poquito más de tolerancia por las cifras, se llega al costo que significó, el año pasado, sostener la estructura energética y los subsidios al gas y la electricidad. Esta vez, un sólo número que reúne un par de partidas presupuestarias: 3.463 millones de dólares.

Nuevamente, pasto para las protestas provinciales. Allí este servicio cuesta mucho más que en la Capital y el GBA y, encima, dos por tres deben enfrentar cortes de luz. Tal cual pasa ahora mismo en varios lugares del interior.

Así, entre Aerolíneas, transporte y energía sólo el año pasado se fueron 6.309 millones de dólares. Todo distribuido desde el ministerio controlado por Julio De Vido. No es pura coincidencia, además, que represente casi lo mismo que el Gobierno apostó a sacar de las reservas del Banco Central.Si se agregan otros conceptos similares, la factura completa escala a US$ 7.800 millones.Semejante revoleo de fondos públicos es hijo de las políticas kirchneristas, del modo como los manejan y de sus considerables déficits de gestión.

Pero esta misma maraña de subsidios cruzados y de recursos que van de un lado al otro alimenta las sospechas de corrupción. Apuntadas, inevitablemente, sobre los funcionarios K.

Aun con todo lo que se gasta, los colectivos funcionan como se sabe. Y los trenes, también.

Hace tiempo que en los manuales de economía los subsidios dejaron de ser mala palabra, incluso en los ortodoxos. Con algunas condiciones básicas: que beneficien rigurosamente a quienes los necesitan, no sean indiscriminados ni favorezcan, como sucede aquí, a las clases pudientes más que a nadie. También es esencial que todo se note en la calidad de los servicios y sea administrado con transparencia.

No existe parecido posible con lo que pasa en la Argentina, por más empeño que se ponga en buscarlo. Hay, eso sí, un sistema que llevará tiempo limpiar.Entre 2007 y 2009, se gastaron 6.451 millones de pesos, casi 1.690 millones de dólares, en subsidiar algunos consumos alimenticios básicos. La ONCCA, el organismo que los distribuye entre empresas agroalimentarias y productores, está denunciada por corrupción. Y eso explica que en los últimos meses haya aflojado con el chorro.Aquí, nuevamente, los subsidios son indiscriminados. Alcanzan, de hecho, tanto a los sectores de mayores recursos como a quienes menos tienen.Y en vez apelar a políticas más elaboradas, todos estos años el kirchnerismo ha levantado escalón tras escalón. Y la construcción ya luce monumental.

Una de las contrapartidas fue la necesidad de exprimir a fondo los recursos del Banco Central. Según datos del BCRA, el año pasado se transfirieron unos $ 30.000 millones al Tesoro Nacional: 123 % más que en 2008.

La mitad de esa plata fueron adelantos transitorios, reintegrables, acrecentados por una reforma a la Carta Orgánica de la entidad que se votó con el Presupuesto Nacional. La otra, utilidades: las ganancias que el Central obtuvo gracias a la devaluación del peso y a la revalorización de los títulos públicos que tiene en su cartera.Hubo 2.500 millones de dólares adicionales, que el BCRA había recibido por la parte que le tocó a la Argentina de la capitalización del Fondo Monetario.Todos los caminos conducen, finalmente, al uso de las reservas para pagar deuda externa. Porque los adelantos transitorios y las utilidades quedarían libres para sostener otros gastos. Igual que los recursos de la ANSeS, los del PAMI, el Banco Nación y cualquier otro a tiro. Así de grande es el agujero fiscal.

Comentá la nota