El gasto público creció 29% y habrá un fuerte ajuste

El déficit operativo acumulado ronda los 300 millones de pesos. Hacienda analiza dónde meter tijera y busca financiamiento. Por ahora no se emitiría deuda. Tres economistas dan sus recetas al Gobierno.
En medio de versiones y contra versiones por parte del Gobierno acerca de los pasos a seguir para afrontar la crisis financiera y una recesión ya instalada, los especialistas aseguran que lo que resta del año será imposible de remontar y que el devenir de 2010 dependerá -en buena medida- de los gestos políticos concretos que se brinden tanto desde los gobiernos nacional y local como desde los sectores opositores.

El informe de coyuntura que en junio elaboró el Ieral (el instituto de estudios de la Fundación Mediterránea) advierte lo "complicadas" que están las cuentas fiscales y -entre otros puntos- señala que los ingresos crecieron un 17% nominalmente a mayo de 2009, mientras que, en el mismo período, la pauta de gastos aumentó un 29%.

El nivel actual del déficit acumulado, que supera los $ 300 millones, obliga a conseguir nuevos fondos para paliar la situación así como a rever la pauta de gastos en el corto plazo.

Desde Hacienda, una vez que pasaron las elecciones, todos admiten que habrá un fuerte freno al ritmo del gasto, es decir, una política seria de ajuste. La cuestión es a dónde se meterá la tijera.

Esta semana, el Gobierno habló de usar el Fondo Anticíclico para pagar sueldos aunque después se desdijo. En marzo, el ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, también mencionó la posibilidad de crear un bono compulsivo de deuda a los proveedores pero el viernes el vicegobernador Cristian Racconto lo descartó.

Los economistas, por su parte, no dejan de lado ninguna posibilidad debido a que los indicadores no señalan ningún tipo de reactivación en los principales motores de crecimiento. Sin embargo, no creen que, por el momento, sea necesario llegar a la emisión de una cuasimoneda ni que se repita el escenario de 2001.

El problema central del déficit financiero y la improbabilidad de aumentar la recaudación en el corto plazo coloca al Ejecutivo en una doble trampa. Por un lado, no tiene dinero para establecer políticas tributarias que tiendan a descomprimir la situación de los sectores productivos pero, en una situación recesiva, tampoco puede aumentar los impuestos (menos cuando las tarifas de luz y gas empiezan a llegar con importantes alzas).

Por otra parte, las posibilidades del Estado se acortan a la hora de afrontar las mayores demandas sociales que surgen por la crisis. La dependencia de la política económica nacional también achica los márgenes de maniobra.

En este contexto, los economistas piden disminuir el gasto mientras que desde Hacienda conceden en que están en ese camino. Aunque desde el Gobierno no ven correcto disminuir la obra pública por el impacto que este tiene en el empleo, lo cierto es que ya ha existido una desaceleración en este sentido (en el primer semestre se ejecutó sólo un 19% de las partidas).

La disminución de las obras es una de las principales variables de ajuste que recomienda el informe del Ieral (se menciona que pasadas las elecciones la presión para cumplir con las mismas bajará).

"La obra pública es la válvula de escape natural pero eso le pega duro al sector de la construcción", acotó el economista y director del área de Investigaciones Económicas de la UNCuyo, Alejandro Trapé. El docente también aconsejó hacer una consciente revisión del gasto público y de los impuestos hacia el sector consumidor, ya golpeado por la crisis.

Por su lado, el economista Daniel Garro coincidió en que la solución más rápida es comenzar a achicar el gasto en todas las áreas del Estado para después asistir a las empresas que eran rentables antes de la crisis.

Hoy el 52% de los gastos corrientes se destina a sueldos, por lo que los economistas piden ser cautos con los futuros incrementos.

Incertidumbres

Esta semana, el Gobierno anunció que iba a pagar los salarios con los $ 146 millones que quedaban de los ahorros del Fondo Anticíclico pero después se desdijo. Mendoza fue la única provincia que guardó algo de dinero pero los economistas coinciden en que el ahorro es poco. "No va a alcanzar para promover la reactivación", opinó Trapé.

En tanto, por la mala situación financiera, se ha barajado en varias oportunidades la posibilidad de emitir un bono para conseguir crédito, por lo que el hecho no sorprende a los especialistas.

El problema es que por la alta tasa que habría que pagar sólo serviría para tapar agujeros y no para realizar algún tipo de política expansiva.

"Si se emite un bono, sólo alcanzará para pagar el déficit de un mes para quedar igual en el siguiente período si a la vez no se modifica el ritmo de gastos o mejoran sustancialmente los ingresos", explicó Gustavo Reyes, economista del Ieral.

Otra cuestión que se plantea como duda, es cómo responderá la Nación después de las elecciones. El envío de fondos nacionales para ganar la provincia del vicepresidente, Julio Cobos, podría atenuarse en los próximos días y eso influiría negativamente en las alicaídas cuentas provinciales.

El miércoles, el gobernador Celso Jaque tanteó en Buenos Aires al ministro de Economía, Amado Boudou, para ver si hay posibilidad de que la Anses preste plata a la Provincia. La respuesta, si es que la hubo, no fue dada a conocer.

El valor de la política

Los especialistas coinciden en que la debacle internacional terminó de empujar al país hacia al parate económico pero que la misma poco influyó en la situación actual debido a que los indicadores recesivos son anteriores al crack internacional. Por este motivo, creen que el futuro girará, en buena parte, en torno a la actitud que tomen quienes conducen los destinos de la provincia y del país así como de los sectores opositores y económicos de peso.

"Lo que suceda dependerá mucho de lo que pase entre los partidos de la oposición y el Gobierno. Si llegan a acuerdos importantes, tal vez las posibilidades de mejorar existan", apuntó Trapé quien, de todas maneras, aclaró que no se trataría de un crecimiento a partir del mes que viene pero sí de empezar con mayores chances el próximo año. Para el economista, la complicación del diálogo influirá en la desconfianza por lo que podrían incrementarse las corridas financieras y la incertidumbre económica.

Reyes, por su parte, también cree que la política es parte de la solución y apela a que los gobiernos nacional y provincial establezcan un programa financiero de cómo van a afrontar y achicar el gasto así como reglas de juego coherentes y creíbles para comenzar a recuperar la confianza. Al igual que Garro, reclama la normalización del Indec así como el blanqueo de la política monetaria.

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