El gasto de la obra social del Insssep creció 140% en dos años

La preocupación de las autoridades del Insssep por tener un mayor control sobre las erogaciones que realiza ese organismo para pagar prestaciones sanitarias no es casual. De acuerdo a datos oficiales, los gastos de la obra social estatal se incrementaron un 140% entre junio de 2007 y el mismo mes de este año.
Si se consideran los valores absolutos, en junio del ‘07 la obra social pagó a sus prestadores (médicos, sanatorios, bioquímicos, odontólogos, etcétera) un total de 10,11 millones de pesos, pero la cifra trepó a 24,15 millones en junio del ‘09.

Prestaciones descontroladas

Esa variación en el gasto se debe, en parte, al aumento del número de afiliados del Instituto, con un padrón que ya supera holgadamente las 200.000 personas. El aumento se nutrió de los miles de pases a planta producidos y de los contratos "de servicios" efectuados para la toma de personal, figura que otorga al nuevo trabajador del Estado la cobertura de la obra social y aportes previsionales.

Pero sin embargo, ese incremento de la plantilla de empleados públicos no es suficiente para justificar que el gasto se haya más que duplicado en dos años, ni tampoco se puede cubrir con la variación que tuvieron los aranceles prestacionales.

Por eso, en el Insssep se inclinan por analizar las cifras como una demostración más de que es necesario mejorar los controles sobre el uso que los afiliados hacen de la cobertura médica y sobre lo que facturan los prestadores. Es una situación extraña, porque a su vez, los afiliados se quejan de tener cada vez menos beneficios por parte del Instituto.

A mediados de los ‘90, el Instituto quiso resolver la cuestión trabajando con un sistema de "presupuesto fijo", que ponía un techo a los pagos a los prestadores. Cada sector (médicos por un lado, sanatorios por otro, odontólogos, etcétera) sabía que había un cupo de facturación que no debía superarse, ya que lo que se pagara por encima de él no sería abonado. Algunos sostenían que era un sistema capitado encubierto.

Como todo esquema, tenía sus cosas a favor y otras en contra. Una ventaja era mantener encajonado el gasto, y volverlo previsible. Lo nocivo era que cuando las variaciones de costos fueron acumulándose sin actualizaciones en los presupuestos, a los prestadores las cuentas ya no les cerraban y los afiliados denunciaron que había maniobras de subprestación (es decir, no se daban a los pacientes ciertos servicios no porque no fueran necesarios, sino porque luego no se los iba a poder cobrar).

Con ajustes en los montos, sobre todo tras la salida de la Convertibilidad, el sistema de mantuvo de manera casi permanente. Se considera inviable retornar al sistema anterior, de libre prestación, donde se pagaba cada prestación brindada a los afiliados, fueran muchas o pocas, y éstos tenían total libertad para realizar las consultas y estudios que quisieran.

Con los años fueron apareciendo cupos para ciertos estudios e incluso se limitaron las ventas de órdenes de consulta. Ahora, con el proyecto de "conectividad", que utilizará un sistema de tarjetas magnéticas, el Insssep espera mejorar el rendimiento de los recursos que tiene disponibles.

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