Gane quien gane, el 29 de junio arranca una etapa de consenso entre el peronismo y la oposición

Entre los dirigentes políticos, los del Gobierno y los de la oposición; los empresarios, los sindicalistas y hasta los líderes religiosos se repite en estos días una sola pregunta y una idéntica preocupación. Todos quieren saber cuál será la fotografía política y económica de la Argentina el 29 de junio y, sea cual sea el resultado, ya se preparan para una experiencia nueva en esta era kirchnerista: el consenso en el ejercicio del poder.
Uno de los analistas que mejor define la situación de este momento es la consultora Graciela Römer. "Gane quien gane el 28 de junio la transición del poder ya empezó", explica para trazar el dibujo futuro de los últimos dos años de Cristina Kirchner en la Presidencia y la dinámica que puede llegar a producirse entre el oficialismo y la oposición según sea el resultado.

Lo que hay es una certeza que comparten muchos funcionarios y todos los dirigentes opositores. La diferencia entre ganadores y perdedores será exigua y, por lo tanto, será necesario un acuerdo de consenso general que permita un tránsito político ordenado a través de la crisis económica, que podría tener su período más crítico justamente en el segundo semestre del año.

No es casual que las organizaciones sociales y empresarias hayan activado sus mecanismos de defensa para tiempos de crisis. En la semana que pasó reaparecieron -—después de un año sin reunirse-— la Unión Industrial; los empresarios del comercio y la construcción; los banqueros y la revitalizada dirigencia del campo bajo el formato de Grupo de los Siete. El almuerzo del miércoles fue una catarsis sobre las dificultades que enfrenta la actividad productiva en el país y cada uno dio su diagnóstico (ninguno fue optimista) sobre los días que vienen tras las elecciones.

Para desarrollar la misma línea de pensamiento se vienen reuniendo distintos grupos sindicales y otros grupos empresarios como ACDE, la asociación de empresarios católicos que motoriza también la llamada Mesa del Diálogo, un grupo que integran gremialistas y dirigentes políticos de diferente extracción y que tuvo actuación decisiva en los días más duros del 2001. Allí tiene protagonismo la Iglesia, a través sobre todo del obispo de San Isidro, Jorge Casaretto.

Todos vislumbran el renacimiento del consenso político para el "29 J", la clave con la que les gusta denominar al período poselectoral. En las últimas horas, algunos gobernadores peronistas (sobre todo los que ensayan un alejamiento del kirchnerismo) comenzaron a hablar de la posibilidad de un acuerdo amplio para después de junio. La hipótesis que manejan todos ellos es la de un triunfo ajustado de Néstor Kirchner y Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, que les devolverá el protagonismo a los dirigentes que hayan triunfado en sus distritos y achicará –creen– el margen de maniobra y de agresividad que caracterizó a los Kirchner en estos últimos años.

A los peronistas que mantienen mayor manejo de estructuras políticas y que conservan buenas perfomances en las encuestas les preocupa que una debacle del kirchnerismo termine licuando sus propias posibilidades futuras. Carlos Reutemann, Juan Schiaretti y hasta Scioli evalúan seriamente esta posibilidad.

Desde la oposición se ve un panorama similar, pero se trabaja sobre la hipótesis de una derrota kirchnerista en Buenos Aires y en un replanteo del poder más drástico que el que imaginan los caudillos peronistas. Desde Mauricio Macri a Francisco de Narváez y Felipe Solá, y desde Julio Cobos a Elisa Carrió, se avizoran tiempos de zozobra para los Kirchner y se albergan dudas sobre cuál será el camino que elegirán la Presidenta y el ex presidente para llevar adelante la gestión en un escenario signado por la debilidad.

Los opositores optimistas hablan de un consenso político forzado que los Kirchner deberían aceptar para enfrentar en buenas condiciones la crisis económica. Y los más pesimistas temen que el matrimonio ensaye una maniobra de salida irresponsable si son derrotados, parecida a la que intentaron en la madrugada del 17 de julio de 2008, cuando Cobos votó en contra del oficialismo en el Senado para detener las retenciones a las exportaciones de granos y puso al Gobierno en su peor crisis política desde 2003.

En ese tablero de ajedrez, hay cuatro dirigentes que ya se preparan para un escenario eventual que los obligue a competir por la presidencia antes del 2011. Macri, Cobos, Reutemann y Scioli han puesto a sus equipos a trabajar para que un desafío presidencial anticipado no los sorprenda. Y también Carrió hace sus cálculos, aunque antes tiene una batalla difícil en Capital Federal contra Gabriela Michetti el 28 de junio.

Nadie, ni en el oficialismo ni en la oposición, apuesta a que los fantasmas del 2001 resuciten. Pero la Argentina es el país que repite sus propias pesadillas y se resiste a aprender las lecciones más duras de su historia.

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