Ganar y perder, perder y ganar.

Juez ganó, pero perdió su vuelo sin escalas a la gobernación. Sin querer, el radicalismo descubrió que es opción de poder. El peronismo se conforma con la derrota K. Por Sergio Suppo.
Cuatro resultados en una elección, al precio de un final abierto para varios temas que prometían una solución que las urnas retacearon.

La lista del gobernador quedó tercera, pero el peronismo festeja que Córdoba derrotó al kirchnerismo.

Luis Juez desata la celebración de un resultado que asoma su proyecto de gobernador a un abismo.

Los delegados del poder K se declaran conformes por haber al menos morigerado, con un diputado nacional, la pérdida de bancas en el Congreso.

La fiesta del radicalismo es la única que tiene razones genuinas. Diez años después de abandonar el poder, el viejo partido encontró ayer los votos para volver a aspirar a él.

Ninguna elección es tan simple ni admite lecturas únicas. Esa antigua regla de la política fue anoche utilizada hasta el exceso para atenuar el peso de números empeñados en contradecir intenciones.

¿Desde cuándo puede celebrarse tan tranquilamente que un gobierno haya quedado tercero? Desde nunca, como que nunca en toda la historia electoral de la provincia un gobierno cordobés había obtenido un resultado tan magro en una elección legislativa de medio término.

Sin embargo, el gobernador Juan Schiaretti encontró anoche algunos atenuantes que compensan el mal paso.

1. La generalizada derrota del adversario kirchnerista, nada menos que el Gobierno nacional al que decidió enfrentar y del que la administración nacional depende para pagar jubilaciones y deudas. Con el sentido común que resulta ajeno a los K, Schiaretti supone que la derrota obligará a la Casa Rosada a buscar un acuerdo con las provincias. "Vamos a reclamar una baja en las retenciones y no vamos a entregar a Córdoba por nada", repitió anoche en la intimidad. "No pasaré a la historia como el gobernador que se calló cuando la Nación le sacaba 34 mil millones de pesos a Córdoba", se descargó.

Schiaretti celebró anoche el final de la hegemonía kirchnerista como una señal que abre una etapa para el peronismo moderado en el que militó desde que llegó del exilio. "Ahora es barajar y dar de nuevo", examinaba cuando empezaba la madrugada.

2. El segundo motivo para amortiguar la derrota es haber reducido a un resultado ajustado la paliza que prometía Juez. El peronismo encontró anoche que el tercer lugar no era tan malo si rescataba como propio al menos la mitad que la lista kirchnerista de Eduardo Accastello se llevó del caudal tradicional del peronismo. "Con esos votos, ganábamos la elección", interpretaron en la cúspide del peronismo.

3. El último dato, por fin, llenó de tranquilidad a la Casa de las Tejas. "No vendrán por nosotros; ellos están peor", replicaban los hombres del gobernador cuando mentaban el fantasma de que el kirchnerismo vendría por varios ministerios y por la conducción del peronismo de Córdoba a cambio de los fondos que la Provincia necesita para sobrevivir.

El resultado nacional sirve, también, para suponer que José Manuel de la Sota, el gran ausente en la campaña cordobesa, saldrá de su reducto riocuartense para volver a mostrar su proyecto presidencial.

¿Había tejido un acercamiento con el peronismo K en la hipótesis de que Kirchner necesitaría del peronismo tradicional? Su gente dice que no; en la gobernación sospechan que sí.

Sin cuco. El triunfo de Juez canceló el vuelo sin escalas a la gobernación, que tanto había prometido con un resultado contundente.

Juez perdió seis puntos porcentuales respecto de la elección que a punto estuvo de empatarle a Schiaretti, el 2 de setiembre de 2007, y quedó a apenas cuatro puntos de sus perseguidores radicales. El tobogán juecista funcionó casi exclusivamente en la ciudad de Córdoba, donde resignó en los radicales nueve de los 11 puntos que cayó respecto de 2007.

El conflicto municipal, convertido en una bomba que su ex amigo y flamante enemigo Daniel Giacomino hizo estallar en el tramo decisivo de la campaña, implicó para Juez su primera pelea con la sombra de sus errores como administrador. El ex intendente perdió esa pelea al extremo de pasar de gobernador puesto a candidato sin táctica para defenderse de la propia realidad que él había contribuido a crear.

Ésa es la peor noticia para Juez. Peronistas y radicales descubrieron que el talón de Aquiles del Frente Cívico es exponer al Juez intendente, antes que confrontar con su capacidad de dirigente opositor.

Juez no supo despegarse del insoportable conflicto municipal y, para peor, prometió una fortaleza de 50 puntos que quedó en un triunfo chico de cuatro puntos, a su vez recortado por una derrota mínima en la lista de diputados nacionales.

Volver a vivir. Casi sin querer, corriendo desde atrás para hacer números suficientes como para luego hacer un arreglo digno con Juez para las elecciones de 2011, los radicales celebraron anoche números que los hacen pensar en ir por todo e insistir en que es mejor estar solos que incómodamente acompañados.

Todo debe ser dicho. Ramón Mestre y Oscar Aguad llegaron hasta aquí por factores externos que operaron con fuerza para mantener al radicalismo lejos de Juez. Esos factores tienen nombre y apellido: kirchnerismo y peronismo. Pero el resultado manda. Y convierte en razón infalible la dura apuesta de seguir ajeno a la tentación de subordinarse a Juez.

"Sacan 20 puntos y siguen siendo un partido político", había dicho el politólogo Natalio Botana de sus amigos radicales, en su última visita a Córdoba. Aguad y Mestre, beneficiados por el resbalón juecista en la Capital, lograron una cosecha todavía mejor que la fijada por el experto. El hijo del gobernador y el jefe de la bancada radical de diputados se descubrieron anoche en el camino a la intendencia y a la gobernación.

Un premio inesperado para el que el PJ y el juecismo también están anotados. Es lo que viene. Y falta mucho.

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