"Ganar la Copa sería tocar el cielo con las manos".

A horas de la revancha, Sabella habla todo: Verón, Passarella, su equipazo, los estilos y la gloria tan cercana...
En tres meses este hombre amable fue de nada a todo. De debutar como entrenador a conducir al finalista de la Copa. Este hombre está ante un gran desafío. Pero no pierde la calma. "Me siento tranquilo porque estoy confiado en el equipo. Ha demostrado temple, solidaridad y juego de conjunto. Estos jugadores hace tiempo que están en la cresta de la ola, jugando finales o peleando campeonatos", dice Alejandro Sabella.

-¿Cómo se juegan estas finales?

-Como las juega Estudiantes: con los dientes apretados, siendo solidarios y tratando de jugar la pelota. Este equipo compendia lo que es el fútbol: es equilibrado, sabe defender y atacar. Es respetado y hasta temido por todos.

-¿Dónde estará la clave?

-En manejar la pelota, pelearla en el medio, controlar los movimientos de ellos y ser lo más agresivo posible cuando se den las circunstancias. Si nos quitan el balón, tirarnos atrás, llenar bien los espacios, apretarlos y salir jugando con toque de pelota.

-Definí a Cruzeiro.

-Se desdobla bien. Cuando pierde la pelota defiende rápido y mete al cinco entre los centrales. Y cuando la gana, ataca rápido con muchos. Es versátil, con técnica y velocidad.

-¿La cancha perjudica?

-Les dará la chance de manejar el balón, como a nosotros. El brasileño Valdir Espinosa me enseñó que el fútbol es una lucha por capturar espacios. Si no, dependés de la gambeta, y cada vez existe menos.

-¿Pesa el público?

-Se habla de la gente y también del equipo. Puede empezar la impotencia, desesperación, recriminación... Siempre es mejor ser local, pero puede transformarse en un arma de doble filo.

-¿Los primeros minutos serán fundamentales?

-Importantes. Si les salen las cosas se pueden agrandar. Pero si tienen dificultades empezarán a dudar, a sufrir la presión. Cualquier equipo de buen juego como éste, es peligroso los 90 minutos.

-El primer impacto tras el 0-0 fue "no es el resultado que queríamos". ¿Cambió la sensación?

-No es un mal resultado, pero mejor hubiese sido ganar. Lo merecimos. Fue parejo pero tuvimos más jugadas de gol, y fueron las primeras. Y me enseñaron que cuando no se puede ganar no hay que perder.

-¿Por eso después se modificó tu semblante?

-Con cualquier resultado creo que este equipo no está reconocido como se merece. Y no hablo de DT. Salió campeón con Simeone; peleó palmo a palmo con River con Sensini; estaba mal, se recuperó y llegó a la final de Sudamericana con Astrada. Lo mismo ahora: finalista de Copa. Vienen jugando dos torneos durante años. Hay que sacarse el sombrero ante los jugadores de Estudiantes. Por eso tengo tanta confianza.

-¿Por qué decís que no se los reconoce?

-No sé ni me interesa. Es mi opinión: este plantel merece más respeto del que se le da.

-¿Qué hiciste vos para llevarlo a esta instancia?

-Con cada DT que viene, el equipo levanta, se renuevan las expectativas. Los que juegan deben refrendar su posición y a los que no, se les abre una esperanza. Yo siempre voy a hacer hincapié en el mérito de los jugadores. Y en la mística de la institución, en especial en la Copa.

-Mucho se habló de los cuadros. ¿Por qué?

-Si lo destacaron les habrá llegado. Dentro de los argumentos comunes de los DT (manejo de grupo, motivación, táctica, cuidado personal), hubo un manejo de alguien como yo que tuvo la suerte de estar en el club. Pero hace poco, Boris Becker dijo sobre los entrenadores: "Si vos no lo tenés adentro, no hay entrenador que valga".

-Insistís mucho sobre la cuestión anímica. ¿Y lo táctico-estratégico?

-Ya tenían una base. Traté de que fuera más agresivo y corto. Y solidario. No sólo a la hora de defender sino para atacar. Así se juega el fútbol de hoy. Y sí hice hincapié en la parte mental: el fútbol se juega con los pies pero nace en la cabeza.

-¿Trabajaste especialmente en lo individual o en lo colectivo?

-En lo psicológico hice un trabajo colectivo. Luego hubo conversaciones particulares a nivel técnico-táctico en las charlas técnicas, poco en la semana. Fueron trabajos de campo para afirmar la idea. Pero el DT que habla mucho y seguido cansa al jugador.

-¿Siempre pensaste así o debiste adaptarte a la historia de Estudiantes?

-Siempre tuve la misma idea y me encontré con un grupo que facilitó la posibilidad de plasmarla. Además, un armador de juego, más allá de cómo esté rodeado, ayuda mucho y acá lo tenemos: Verón arma jugadas y corre los 90 minutos.

-¿Qué harías sin él?

-Hay que tener pequeños focos desequilibrantes. Por ejemplo, Moralez en Vélez: equipo sólido, solidario, dinámico, con variantes ofensivas y juego aéreo. El más completo fue campeón.

-¿Y Estudiantes?

-Tuvo doble competencia. Pero aún así fue el mejor equipo, con Vélez. Más allá de que Huracán y Lanús también jugaron bien.

-¿A cuál te hubieras adaptado mejor de jugador?

-Es difícil. Estudiantes juega con 4-4-2 y me tendría que adaptar. Lo hice en el Estudiantes con un triángulo con Miguel (Russo) y el Bocha (Ponce), con Trobbiani al costado. A mí me gustaba jugar en el centro, no por los costados, aunque lo hice muchas veces. El fútbol cambió, pero con inteligencia y capacidad técnica te adaptás.

-Vos evolucionaste mucho en tu trayectoria. ¿Sentís que también lo harás como DT?

-¡Qué difícil de responder! Mirá dónde estoy ahora. Si la evolución depende de aprender de errores y de informarse, es probable. Si se trata de resultados, es muy incierto.

-¿Te sorprendió lo que diste en estos 3 meses?

-Se dieron los resultados, que mejoran la convivencia y fortalecen a todos. Es un círculo virtuoso. Y no tuvimos golpes duros.

-¿Te seguís viendo como el Dr. Jekyll y Mr. Hide?

-Sí, un poquito. Uno se acostumbra, pero.

-¿Hablás seguido con (Daniel) Passarella?

-Hace como 20 días que no hablo. El está contento. Hincha por Estudiantes.

-¿Conversan de fútbol?

-Sí, más al principio.

-¿Por qué tardaste tanto en largarte solo?

-Una serie de circunstancias. Empecé a trabajar con Daniel en el 89, estuve cómodo. Era uno más en un cuerpo técnico prestigioso, estuvimos en clubes y torneos importantes. Y agradecido a la chance que me había dado, a su amistad.

-¿Cuándo pensaste en abrirte?

-Siempre tuve la ilusión de dirigir. Me siento un educador. Así como me gusta el fútbol, me gusta transmitir conocimientos. Sobre todo en un club como éste.

-¿El afecto con Estudiantes nació de jugador?

-Soy hijo natural de River e hijo adoptivo de Estudiantes. No es lo mismo salir campeón en un club de los denominados grande. Esto es una familia y el fútbol se vive de otra manera.

-¿No viviste la contradicción entre la historia futbolística de uno y otro?

-Esa contradicción existió, pero hoy las brechas son más cortas. Importa ganar pero, ¿a quién no le gusta jugar bien? Y no es sólo tocar la pelota. Es lindo, pero importan el juego aéreo, la dinámica, la solidaridad... Soy un entrenador y debo ganar, aunque siempre tengo en cuenta la estética. Claro que depende de los jugadores. Estudiantes es un equipo con estética. Le hicimos un gol a Lanús con 17 toques. ¡¡17 toques!! Hacemos 5 ó 6 jugadas por partido de alto contenido estético. Pero cuando no podemos se hace lo otro: se pone el overol, marca, cierra el arco y mete.

-Bueno, vos viniste al Estudiantes de Bilardo.

-Trajo a dos 10: a Trobbiani y a mí, y lo tenía a Ponce. En la Selección un día jugamos Burruchaga, Rinaldi, Márcico y yo, con Miguel (Russo) y Marangoni. A Bilardo también le gustan los jugadores que tocan bien la pelota. Pero cuando perdés la pelota, tenés que pedalear y pedalear.

-¿Cómo te imaginás estar hoy a la noche?

-Dicen que hay que imaginarse lo bueno, para que lo bueno llegue. Sería tocar el cielo con las manos.

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