A ganar que se acaba el mundo

Independiente y Racing encaran el clásico sin margen para especular:se juega la cabeza de los técnicos y la paz de dos equipos que vienen pisando brasas. El Rojo paga premio doble; enfrente, triple.
Ni siquiera se trata de perder para dar las hurras. Un magro empate basta y sobra para un doble match point. El futuro de Santoro y Llop serpentea como la realidad de Independiente y Racing. No se aceptará, en este clásico 173 del profesionalismo, siquiera la mínima suspicacia de parda reparadora. El puntito jamás actuará como tecito con limón para arreglar un estómago en problemas. Y será algo complicado analizando los últimos antecedentes. El historial, desde 1931, favorece al Rojo, que sacó 18 de ventaja. Sin embargo, los cuatro últimos mano a mano terminaron sin ganadores. Esta vez, el cuento será distinto. El reparto de puntos podría acarrear la decapitación de entrenadores. Ni hablar de perder. Guillotina, silla eléctrica, lo que quieras. Un punto que los puede dejar sin banca... A ganar, señores. Que se acaba el mundo...

Los presidentes se dan la mano para la foto aunque saben que, detrás del folklore, el mejor premio será pasar una semana sin aspirinas. En Mitre al 400, le pagarán un bonus doble a los jugadores si se van victoriosos del Ducó. En Mitre al 900, la apuesta es triple. El dinero no es todo. Pero cómo ayuda. Parece que los clubes sólo pueden motivar a sus tropas desde el billete. De la boca de los players jamás se escuchará algo así. Pero tampoco, síntoma de vestuarios quebrados, habrá una defensa melosa al técnico de turno. Con suerte alguna linda frase de ocasión. O inverosímil. "Este grupo no va a jugar para que se quede un entrenador, sino porque estamos en un club grande y siempre hay que ganar. Debemos hacerlo por la gente, por nuestras familias, por los dirigentes, el cuerpo técnico... Por todos. No es lindo dejar a una persona sin trabajo, porque tiene familia", asegura Franco Sosa, referente académico. "No estamos desesperados, sólo necesitados de cambiar nuestra imagen. Tampoco nos sirve ganar y dejar una sensación de pobreza. Cuando dos equipos andan mal, muchos suelen decir, que arreglan el empate y se van los dos contentos a casa... Es una idiotez. Para mí el punto no sirve. ¿Qué garantías me das, si termina siendo un partido aburrido, que los dos técnicos sigan?", arremete Montenegro, diabólico capitán.

En el Cilindro, sólo un jugador, Leandro González, habló de ganar en el nombre de Llop. Enfrente, se escuchó a Ismael Sosa decir que los jugadores "son los únicos que pueden defender" a Santoro.

Aún queda en el aire el arranque 2009. En Mar del Plata, en el Minella, un Independiente juvenil (sólo con Mareque y Vittor entre los titulares de este sábado de morbo) le clavaba un antológico 4-0 al Racing que repetirá en Patricios más de medio equipo. También, y por los puntos, sigue flotando el 1-1 del Apertura pasado que salvó sobre la hora del cadalso al Chocho. Justo Franco Sosa hizo justicia. Ojo, todavía está el aire de la ciudad (aunque este clásico es bien nacional), que el muerto se ríe del degollado. Que Santoro sumó apenas un punto en el Clausura (sin un mísero gol) mientras que Llop & su troupe, dos veces arriba en el marcador, resultó goleado en las dos ingratas fechas iniciales. "Quiero que Pepé se quede en el club", dijo ayer Julio Comparada. "Nuestro proyecto va más allá de los nombres o del técnico", contrastó su par Rodolfo Molina. Aunque en el fondo, como buen cambalache, allá en el horno se van a encontrar...

Cada cual atiende su juego. Ya sin barras ni banderas agraviantes. Sin discursos rimbombantes, para evitar inmolarse hoy, a eso de las siete y pico de la tarde. "La continuidad obedece a un conjunto de cosas. Dependo de la forma, no del resultado...", azuza Chocho a los fantasmas del despido. Quién sabe. "Si Julio me dice que lo mejor es que dé un paso al costado, lo hago. Igual, no se me pasa por la cabeza perder. Va a ser un gran día para Independiente...", augura Santoro. Quién pudiera. Nadie piensa en el puntito. Pegado a Patricios está Pompeya. Y más allá, la inundación... A ganar, que se acaba el mundo.

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