Ganadores y perdedores en el canje de la deuda

Por: Marcelo Bonelli

Mientras los bancos e inversores institucionales alcanzarán un elevado nivel de ganancia, los pequeños bonistas tendrían que padecer importantes pérdidas.

La Argentina otorgará una fuerte utilidad a los bancos e inversores institucionales que entren en la reapertura de la operación de canje de la deuda en default. La ganancia de la transacción sería de alrededor del 20%, de acuerdo a los informes secretos de los bancos Barclays, Citibank y Deutsche Bank que han circulado en reuniones privadas de Wall Street y evaluaciones de la propuesta elaboradas con la intención de lograr el mayor grado de aceptación de los holdouts.

Según esos "papers", la fuerte utilidad surge de la diferencia entre el precio que tienen en el mercado los bonos en default y el valor que tendrán después de aceptar la propuesta argentina. Ahora los bonos salen US$ 40 y después -según los bancos asesores- US$ 50. Un 20% de ganancia en la transacción. En otras palabras: los banqueros institucionales que participen del canje podrían tener una utilidad del orden de los US$ 2.000 millones. Así, y con estas generosas cifras, los financistas que comandan la transacción garantizaron al Gobierno una aceptación mínima por unos US$ 12.000 millones. Carlos Mauleon -director de Deuda de América latina del Barclays- le comunicó al Palacio de Hacienda que ya tiene las cartas de intención firmadas de esos fondos institucionales.

Con estas cifras, la Quinta de Olivos tiene tomadas dos decisiones políticas:

Diferir al máximo la auditoría del Fondo Monetario y seguir desconociendo al organismo.

Salir en forma independiente a tomar fondos en los mercados internacionales. Se harían en el primer trimestre de 2010 dos colocaciones de US$ 1.000 millones.

Ayer Amado Boudou trabajó contra reloj para ultimar los detalles de la iniciativa. Estuvo con la Presidenta y con el jefe de Gabinete. La intención es acelerar al máximo el trámite para cerrar el canje antes de Navidad y poder volver en enero a endeudar a la Argentina en los mercados internacionales. Para eso tiene que recuperar el tiempo perdido por la impericia inicial de la Secretaría de Finanzas. El cronograma incluye una fecha clave: Clarín confirmó que el próximo lunes 30 de noviembre la SEC daría su aprobación al documento sobre la marcha de la economía de la Argentina, denominado "K-18". Ese mismo día, el Palacio de Hacienda tiene decidido enviar a Manhattan el detalle de la propuesta de pago y dar por abierto el canje de la deuda.

La propuesta es muy "generosa". Tanto que hasta economistas ortodoxos como Miguel Broda y Miguel Kiguel la consideran exagerada. La propuesta incluye los siguientes beneficios:

Otorga una utilidad promedio del 20% a inversores institucionales.

Reconoce el cupón del PBI y otorga un bono por los pagos que acumularon esos cupones en los últimos tres años.

Establece un pago indirecto de una comisión para los bancos agentes del 0,55% de la transacción. Son US$ 82 millones.

Se emitirá un bono a favor de Argentina por US$ 1.200 millones. La tasa sería del 9,5 por ciento.

Los inversores institucionales anunciarán de inmediato su aval a la propuesta.

Los bonistas minoristas tendrán un tratamiento especial. Básicamente los de Italia, Alemania y Japón. El tema es conflictivo, porque la ausencia total de comunicación sembró, esta semana, fuertes dudas e interrogantes entre los bonistas pequeños. Los gobiernos de esos países no tienen precisiones y hasta ahora -repitiendo viejos errores- nadie del Ministerio de Economía se comunicó con las asociaciones de ahorristas.

El vicepresidente del Comité Global de Bonistas de la Argentina, Nicola Stock repite en todos los foros internacionales: "Argentina no es creíble ni confiable". Stock hizo una presentación al juez Thomas Griesa reclamando un justo pago en nombre de 200.000 pequeños ahorristas italianos. En la intimidad, Hernán Lorenzino lo desautoriza y repite que Argentina sólo debe priorizar a los "inversores institucionales". Se trata de omitirlos también por un argumento de peso: la utilidad que tendrán los grandes banqueros convivirá con fuertes perdidas de hasta el 50% para los pequeños ahorristas internacionales. Por eso no abrir un canal de diálogo con los minoristas generará fuertes riesgos. Complicará la relación con los gobiernos de Alemania e Italia. La situación es delicada, porque dentro del G-20, existe una corriente antiargentina: varias naciones industrializadas quieren que Argentina se someta a la auditoría del Fondo Monetario o deje de participar en los encuentros de la agrupación.

La cuestión internacional está al rojo vivo. La principal empresa local, YPF, está envuelta en una guerra de poder en España. Se conoce que Luis del Rivero, presidente de Sacyr y principal accionista de Repsol-YPF, pretende desplazar a Antoni Brufau de la conducción de la petrolera. Ayer trascendió en Barcelona que el titular de la Caixa de Cataluña, Isidro Fainé, tuvo una acalorada reunión con Antonio Brufau. Fainé lo invitó a realizar un acuerdo con Del Rivero.

El tema alerto a los expertos petroleros del radicalismo y el peronismo. Sostienen que un triunfo de Del Rivero en la pelea con Brufau, podría tener una consecuencia delicada: la salida de los capitales españoles de YPF argentina. Del Rivero propicia una vuelta de Repsol a sus viejos y rentables negocios y deshacerse de inversiones en exploración y explotación como las de YPF.

La cuestión sería trascendente, más allá de la pelea política de ambos ejecutivos. No sólo está en disputa el autoabastecimiento de petróleo en la Argentina sino la posibilidad de una venta de acciones de YPF al Estado manejado por el kirchnerismo.

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