"Si me gana, le saco la camiseta"

Delpo barrió 6-3, 6-4 y 6-2 a Robredo. Ante Federer, a quien le regaló la 10 de Boca, buscará la final.
Era el pibe de 20 años, y no el 5º del ranking, el Juan Martín del Potro que antes de su estreno en este Roland Garros avisaba: "Tengo un regalito para Roger, ya van a ver...". Y que no podía luchar contra su propio suspenso. "Le traje una camiseta de Boca firmada por todo el plantel. En cuanto se la dé, arreglamos". La super delgada cámara digital de Franco Davin retrató el momento en el que Delpo le daba el tesoro al suizo, en uno de los sillones de ese hotel ubicado cerquita del Arco del Triunfo, sobre la Rue d' Argentine (¿dónde si no?). "Cuando vio que tenía su nombre y el número 10, le encantó. Y me empezó a preguntar de quiénes eran las firmas... Hablamos bastante de fútbol, sabe mucho", contaba, eufórico, el tandilense, que le pidió a su coach que les facilitara a los periodistas argentinos la reliquia para que la imagen recorriera el mundo.

Fue el 5º del ranking, y no el pibe de 20 años, el Juan Martín del Potro que empezó a jugar en este Mundial de polvo de ladrillo. Fue el tenista sin techo, que no se baja del cuadro como ya hicieron otros top, que transmite una concentración infranqueable, el que barrió a Tommy Robredo en algo más de dos horas (6-3, 6-4 y 6-2) ante el asombro de casi 10.000 personas en el Suzanne Lenglen. Con un saque certero, voraz, que incluyó 14 aces y que no le permitió al español obtener ni siquiera un quiebre en todo el partido, Delpo entregó una prueba de carácter y se metió, por primera vez en su corta pero ya atrapante historia, en la semifinal de un Grand Slam.

La ola de la gente retrasa el inicio del último game. Es la ola que saluda, intuye, celebra el final que acá viene, ahora, en un toque. Ese saque profundo que, en el quinto match point, Robredo devuelve como puede, al medio, flojón. Ese drive cruzado de Delpo que pica y es gol. Los puños apretados contra los ojos, las rodillas que ceden y lo muestran en posición fetal. Y de pronto, la descarga, "porque me sentí nervioso en cada punto", aunque su lenguaje corporal no se dio por enterado. Y surge, genuino, el "¡seee!" que atraviesa el cielo parisino, la sonrisa que busca a su gemela en el rostro de Franco Davin, el placer por lo que pasó, la ilusión por lo que viene.

Y lo que viene es un suizo que juega un poquito y que, atrevido, sueña con consagrarse de una vez por todas en Roland Garros...

"Todo bien con Roger, somos amigos, le traje la camiseta... Pero si me gana, se la saco", avisó Delpo. Risita cómplice, mirada encendida. ¿Entonces le puso esa condición al regalársela? "No... Porque en el momento en que se la di, todavía no habíamos visto el cuadro". O tal vez sí había pispeado cómo podría seguir la historia, pero no daba para negociar con el ídolo. "Tenísticamente, es un 10", lo define el tandilense. Lo admira. Creció en el circuito mientras el suizo alzaba un trofeo acá, una copa allá, una plaqueta por ahí. "Todos saben lo que es como jugador y lo que está buscando en este torneo ahora que Rafa se quedó afuera... Si no le gano yo, mi deseo, como el de todos, es que sea campeón", revela Juan Martín, ajeno a cualquier intento de mufar a Rogelio. Sabe que, aunque ayer el aliento del público estuvo direccionado hacia sus 198 centímetros, mañana la buena onda de los franceses estará dirigida hacia el 2 del mundo. "Pero vamos con las mismas chances, eh", apura JM. Epa.

Porque es difícil, sí. Muy. ¿Pero cuándo, si no es ahora, hay que soñar con lo imposible? "Sé que para ganarle debo estar al 100% en todo y esperar que él falle más de la cuenta, como le pasó con Haas. Chances te da: tengo que estar atento. Nunca pude sacarle un set, lo sé, siempre le encuentra la vuelta a mi juego. Intentaré aprovechar al máximo mis chances de break, no me puedo permitir entrar nervioso ni cometer errores. Después, si me gana, lo felicitaré. Mi tenis no lo ha complicado... Hasta ahora. Ojalá éste sea mi primer triunfo contra él". Por pensar así, ya metió su primer winner. Y la camiseta, Roger, tranquilo, dejá: si te queda dibujada...

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