Gallardo: "Ni loco le metería presión a Gorosito hablando".

RIVER PLATE: El Muñeco resaltó la actitud del equipo y aseguró que "volví para que se me dieran cosas como éstas".
Jura que "ni en sueños me imaginé una vuelta así al Monumental". Sonríe cada vez que se le recuerda que en la intimidad, en realidad, él había casi que anticipado que estaba para más. Para dar el salto de calidad. Sin decirlo, su frase de cabecera parecía ser "dejá que hablen; ya van a ver". Y vieron. Marcelo Gallardo es pura felicidad tras el 3-1 de River ante Arsenal y le explica a Clarín las una y mil situaciones vividas.

¿Por qué te emocionaste tanto si vos viviste muchos hechos similares en una cancha de fútbol?

No lo pude controlar. Era imposible no emocionarme. No podía hablar, te lo juro. Hace rato que no me emocionaba así. Yo escuchaba que me preguntaban cosas, y entre la emoción y el cansancio se me hacía un nudo en la garganta que no me dejaba sacar palabras. ¿Sabés qué pasa? Yo venía trabajando mucho y tratando de recuperarme bien. Estaba afuera, pero tenía que manejar la ansiedad porque yo quería jugar para aportarle cosas importantes al equipo. Y ojo, que sé que todavía me falta juego y que todavía no me termino de soltar.

Se te movió todo...

Ja, claro. Hace cinco meses que no juego un partido entero. Y en los dos que había entrado lo había hecho con resultados adversos, tanto contra San Lorenzo como con San Martín de Porres. Y eso también influye. Obvio que se me movió todo. A mí eso aún me pasa. Y si no me pasara seguro que ya no jugaría más. Esperaba algo así porque venía recuperándome; esto me hace bien para la cabeza y para tener más confianza.

¿En quién pensaste primero?

En los que estuvieron conmigo todo este tiempo. En los que sufrieron al escuchar que yo venía a ver qué pasaba cuando en realidad yo quería aportar cosas positivas y no jugar por jugar. Todavía me falta, repito, pero yo juego para ganar y para aportar cosas. Si no, nada, no juego. Porque el fútbol tiene un montón de cosas lindas, es cierto. Pero también muchas cosas odiosas que a uno le hacen mal y que a la familia de uno, que escucha todo, también le hacen mal. Y mis viejos, mis hijos y mi señora se bancaron todo esto. Por eso los busqué en el festejo. Y después comimos un asado en familia. Porque volví para que me sucedieran cosas como las del domingo. No me importaban ni un poco las dudas que podían tener los otros sobre mí. Sabía que esto se podía dar.

Ahora vas a empezar a pedir jugar de entrada...

Lo seguro es que yo quiero jugar desde el inicio como todos los jugadores. No admitirlo sería mentir. Pero tranquilo. Ni loco le metería presión a Gorosito con palabras. Sí, y ojalá se dé, con buenas actuaciones.

Fue un partido raro, ¿no?

Sí. Fue tremendo. Al hincha que llena la cancha yo le quería retribuir algo de todo su cariño con una cosa así, y entonces todo cerró perfecto porque el partido se dio para que los hinchas disfrutasen. Fue raro. Pasó de todo. Augusto terminó jugando de cuatro, Ahumada de central, Ferrari de tres, Falcao al lado mío y Fabbiani de ocho. Y Gerlo, ¡qué huevos! Desgarrado casi hace un gol. Si lo hacía se caía la cancha...

¿Es el despegue final? Porque este River desorienta. Arrancó ganando, perdió dos partidos, ahora esto...

El de Arsenal fue un partido que marca. Y, si somos inteligentes, le debemos sacar jugo a todo esto. Este fue uno de los partidos en los que demostrás que no vas a agachar nunca más la cabeza. Porque venimos de situaciones adversas que no pudimos levantar, pero ahora se pudo. Y ojo, no tenemos que quedarnos sólo con esto sino que hay que tomar esta experiencia para seguir creciendo. Los partidos los tenemos que jugar a morir. No podemos relajarnos. Porque hay que ser realistas: no nos sobra nada y cada vez que nos relajamos, lo pagamos caro.

¿Se demostraron algo a ustedes mismos?

Que queríamos ganar. Mirá, cuando estábamos en la cancha con un hombre menos y se desgarró Paco, el mensaje que nos bajamos unos a otros fue que se podía ganar; no se trataba de empatar. Eso te demuestra que acá se entiende en dónde estamos. Y estamos en River. Y más allá del hombre menos, del desgarro de Paco, de que se habían acabado los cambios y de que la verdad es que ya no nos podían pasar peores cosas, porque encima hacía mucho calor y nosotros habíamos jugado Copa en la semana, en el primer tiempo no jugamos mal y el partido estuvo parejo. Pero en el segundo se vieron cosas que marcan hacia dónde tenemos que apuntar. Estos partidos se deben tomar como despegue. Esta tiene que ser la identidad del equipo. Pero ni antes éramos un desastre ni ahora una topadora; tranquilos. Lo seguro es que tenemos amor propio. Y bien alto.

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