"Gallardo me aclaró que no era algo personal".

RIVER: Después de una charla en el vestuario con el Muñeco, que había puesto los puntos, el Ogro bancó todo y dijo: "No jugamos a nada. Ahora hay que hablar en la cancha".
Cristian Fabbiani tiene una lengua locuaz y persistente. Su verba ágil es un latigazo que saca de quicio o agiganta. Que golpea o estimula. Que seduce o genera hastío. Y que no siempre desarrolla el mismo discurso. Hay varios tipos de Fabbiani. Cuando quiere fastidiar a alguien, lo chicanea y lo provoca con su picardía. Cuando busca confrontar, se pone la pilcha de Rambo, agarra la ametralladora y ratatatata... Pero cuando está dolido y siente vergüenza, también da la cara. Y no sólo se tira las culpas encima, sino que además es lo suficientemente abierto para analizar el funcionamiento del equipo con todo el rigor (como hizo tras el 1-1 con Nacional). "No jugamos a nada", reafirmó ayer.

Sí, Cristian Fabbiani tiene una lengua locuaz y persistente. Y una personalidad díscola, que a veces requiere que alguien le marque el camino. Como lo hizo Gallardo ("hay que jugar más y hablar menos", había dicho sabiamente el 10), al punto que ayer, en la intimidad del vestuario, hubo una charla entre los dos pesados del plantel (uno por trayectoria, el otro por carisma) para emprolijar el asunto y revalidar la armonía entre ambos. "Lo que dijo Marcelo no lo tomé como algo personal y me lo aclaró que no era así. Me dijo que habló en general y coincidimos en muchas cosas", confesó el Ogro tras el encuentro espontáneo con el Muñeco.

¿Entonces? ¿La casa está en orden? Ni Gallardo está enojado con Fabbiani ni el Ogro está ofendido por el tono de las frases del histórico del club. Pero hizo falta una conversación amena para que se disiparan las dudas: un día después del llamado a silencio del 10, encontraron un momento de privacidad para fijar las posturas (el Muñeco dejó en claro que su mensaje tuvo a todo el plantel como destinatario), diseccionar el presente del equipo y marcar las pautas colectivas hacia el futuro. Un futuro, claro, muy exigente, con la visita a La Boca en nueve días y la definición de la primera fase de la Copa en el horizonte inmediato. "En poco tiempo conseguí una buena relación con él (por Gallardo). Yo soy de hablar cuando los rivales se meten conmigo. Si no, soy tranquilo. Ahora hay que hablar en la cancha", se sumó el delantero en charla con La Red. Igual, "para hablar en la cancha" deberá esperar al superclásico, porque él mismo ya avisó que el domingo no va a jugar por el golpe en las costillas.

Auténtico y autocrítico, si algo es evidente en Fabbiani es que no piensa callar su retórica. Al contrario, profundizó su mirada sobre este River y sentenció: "Debemos tranquilizarnos. Hay que encontrar regularidad y no desesperarse. Se necesita personalidad cuando la gente apura".

Fabbiani tiene una lengua locuaz y persistente. Ya lo dijo Hemingway, cuando afirmó que se necesitan dos años para aprender a hablar y 60 para aprender a callar. Y al Ogro, con 25 septiembres cumplidos, aún le quedan 35 años de aprendizaje para seguir hablando...

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