Un gabinete pensado para no negociar

Por Carlos Pagni

Los Kirchner procedieron como en la marcha de la ópera "Aída": la caballería es mínima, los jinetes siempre los mismos, pero giran y giran dando la impresión de ser cientos. Cualquier novedad es engañosa en el cambio de gabinete que dispuso la Casa Rosada. Comprensible para una administración con dificultades para sumar recursos humanos, dada su altísima imagen negativa.

Otra nota de la nueva configuración es que fue hecha para no negociar. No le abre a Cristina Kirchner la ventana de ninguna alianza novedosa. El peronismo, sobre todo el de los que ganaron el 28 de junio, sigue siendo un convidado de piedra. Al contrario, la promoción de Aníbal Fernández a la Jefatura de Gabinete indica que el Gobierno quiere parecerse más a sí mismo.

El pase de Amado Boudou a Economía ha sido, acaso, la designación más previsible que se haya realizado en el Palacio de Hacienda. Carlos Fernández atravesó en los últimos tres meses un trance emocional que lo obligó a dejar el cargo. Boudou venía anticipando su nuevo destino a numerosos empresarios y banqueros. Les auguraba también un cambio de política: "Tengo todo acordado con Cristina. Vamos a un acuerdo con el Fondo". Ahora hay que dudar. En el casting previo a la designación, Kirchner sondeó a un par de candidatos. Uno de ellos, funcionario del área económica, le recomendó: "Tendríamos que hacer una nueva agenda legislativa y buscar financiamiento en el Fondo". Kirchner no lo quiso escuchar más. Obviedad uno: la selección de personal la sigue haciendo el ex presidente. Obviedad dos: Boudou admitió la cartera con Guillermo Moreno incorporado.

Cuestión de familia

A la Anses fue el joven Diego Bossio. Oriundo de Tandil, donde su familia administra una imprenta, Bossio está vinculado con el gobernador de Mendoza, el derrotado Celso Jaque, y con su jefe político, Juan Carlos Mazzón. Detalles para despistar. El verdadero vínculo de Bossio con el poder es su mujer, Valeria Loira, asesora de la señora de Kirchner en materias institucionales desde los tiempos del Senado. Ahora Loira es la segunda de la Sindicatura General de la Nación (Sigen). Los Bossio se controlarán el uno al otro, como antes hacían los De Vido. Delicias del nepotismo.

La designación de Julio Alak en Justicia se explica, sobre todo, por la animadversión que ganó Kirchner en relación con el intendente de La Plata, Pablo Bruera, quien realizó mil martingalas para despegarse del Gobierno. Alak fue, durante sus tiempos de gobernante platense, un generoso contratista de los amigos de Ofelia Wilhelm: es la madre de la Presidenta, nada menos. Así como Boudou estará acotado por Moreno, Alak lo estará por Aníbal Fernández, quien seguirá controlando la Policía Federal.

Con Mariano Recalde al frente de Aerolíneas Argentinas se vuelve a cumplir la ley no escrita del sindicalismo K: todo lo que tiene ruedas debe ponerse bajo el dominio de Hugo Moyano. Y los aviones tienen ruedas, ¿o no? Recalde, hijo de Héctor, el mentor intelectual de los camioneros, intenta reanudar el pacto de Kirchner con el jefe de la CGT. Difícil cometido: Moyano no consiguió todavía desplazar de la Superintendencia de Salud a Juan Rinaldi, otrora su subordinado y, en tiempos más recientes, su verdugo. Rinaldi se reunió anteayer con el ministro de Salud, Juan Manzur, y, al parecer, fue confirmado al frente del organismo que audita las obras sociales. Allí hubo un solo cambio: designaron gerente general de la oficina que administra los subsidios al contador Mario Koltan, quien depende de manera directa del gobernador José Alperovich. Moyano, ganado por la ansiedad, postuló ayer a Eduardo Duhalde como presidente del PJ.

La incorporación de un subordinado del camionero al frente de Aerolíneas lleva la vista hacia una figura que, con todos estos cambios, parece quedar en un plano borroso: Julio De Vido. Con Juan Pablo Schiavi en Transporte y Recalde (h.) en Aerolíneas, De Vido pasó a controlar un área que le era esquiva. Ricardo Jaime reportaba sin intermediarios a Kirchner. El ministro de Planificación festeja también la decapitación del segundo jefe de Gabinete de los Kirchner, Sergio Massa, tan enemistado con él como el primero, Alberto Fernández. Hasta en esta ampliación del poder de De Vido el Gobierno parece avisar, a los que crean ver un cambio, que no se dejen engañar.

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