El Gabinete, apenas una parte de la cuestión.

¿Es el Gabinete el responsable de la derrota o lo es un estilo del cual el Gabinete es apenas una parte? La terrible autocrítica del lunes, donde José Eseverri se expuso demasiado. Cómo evalúa el Intendente los pasos a seguir, aunque el análisis real nunca se hizo.
La encuesta que encabezó esta página todo el día, donde se preguntó qué funcionario debía irse tras la derrota del 28 de junio: ¿es un medidor político fundamental o un pincel multimedia, apenas un entretenimiento, para darle color a una situación un poco pálida? Tal vez ni lo uno ni lo otro, ni chiste ni guillotina, sino un termómetro que se aproxima a lo que el Gobierno local ya sabe desde hace rato.

Es una tontería pensar que al Ejecutivo local le haya sorprendido en algo la alta carga de responsabilidad local que los lectores de infoeme.com ponen en el resultado del 28 de junio. Tal vez por eso, el lunes pasado, el eseverrismo encaró una autocrítica que tuvo resultados casi de inmolación.

Solo en la mesa central de la sala de reuniones de la ``Casa Intendente Helios Eseverri´´, José Eseverri se expuso (tal vez demasiado) a una implacable metralla de cuestionamientos de parte su propia tropa. La decisión de sentarse en ese banquillo de los acusados, sin coraza ni protección es opinable: ¿qué provecho político o de gestión tienen reuniones tan grandes (había allí más de 130 personas), convocadas sobre la marcha y sin una agenda que limite la verborragia o lo peor de una catarsis?

Entre las 19:30 y las 21:00, José Eseverri le puso el pecho a una catarata de facturas políticas y de gestión, de las cuales una, entre todas, puede ser la síntesis, sin que importe quién la dijo: ``José, dejémonos de joder: la gente se va caliente del Municipio...´´.

Esa frase sintetiza como ninguna otra la principal carencia de un Gobierno municipal que en varios aspectos está cerca lo óptimo en logros concretos, pero que no le encuentra la vuelta al trato cara a cara con la gente, al roce cotidiano, a la transacción simbólica que permite acuerdos no escritos de largo plazo entre gobernantes y gobernados.

Vayamos al punto, ahora que son días de análisis en los que el oficialismo saca cuentas de qué fue lo que pasó el 28, y sigue tan aturdido como para tratar de descubrirlo en reuniones suicidas como la del lunes pasado.

En realidad, y desde que asumió José, la mayor parte de la gestión estructural del eseverrismo es de muy buena para arriba. Llamemos ``gestión estructural´´ al rumbo de decisión que tiene que ver con la acumulación, el ahorro, la puesta en disponibilidad y el uso de los recursos públicos, no solamente monetarios. A ver: los dineros, sí, pero también los tiempos, los espacios, las demandas sociales y la posibilidad de coordinar desde el Municipio aquellos proyectos o inquietudes (generalmente emprendimientos colectivos, que mejoran la calidad de vida) que los privados no pueden o no quieren hacer.

En esa ``gestión estructural´´ el eseverrismpo post-Helios administra incluso mejor que el eseverrismo de la era Helios. Ahorra más, gasta mejor, controla de modo superior y pluraliza el gasto. Ha hecho obra, ha encarado iniciativas pendientes, ha suprimido caprichos.

Pero el eseverrismo de José naufraga de modo recurrente en la ``gestión personal´´. Donde se trata de números e inversiones, el Gobierno local es un equipo altamente calificado. Pero donde hay personas en el medio (donde hay que tratar cara a cara con los vecinos o manejar proyectos que además de recursos materiales implican un alto componente de recurso humano más o menos díscolo) el Gabinete municipal se choca contra una pared.

Sólo esa falta de ajuste entre lo estructural y lo humano explica que un Gobierno que hizo las cloacas en San Vicente pierda en ese mismo sector. O que sufra una paliza, aún teniendo superávit municipal, a manos de un sector político que nunca hizo gala de conocer en profundidad las cuentas del Municipio (no, al menos, al nivel de un Gustavo Alvarez analizando las cuentas de Helios Eseverri).

¿Quiénes fallan allí: el Intendente, los secretarios o el resto de los funcionarios de las segundas o terceras líneas? El oficialismo lo intuye, y mucho de esto debió soportar José Eseverri en la sede partidaria que fuera casa paterna: allí le hicieron nombres de secretarios del Gabinete (sobre todo a la hora de evaluar las razones por las cuáles algunos miembros del equipo oficial, o gente cercana al Gobierno, se van sin ser atendidos), pero también de funcionarios de rango menor, mencionados hasta por otros funcionarios o colaboradores del Gobierno municipal.

Pero tal vez el dato más certero de todos los ocurridos en ese cruce del lunes fue que, salvo Margarita Arregui en su comparación con la gestión de Helios Eseverri, ninguno de los miembros de la ``mesa chica´´ del eseverrismo (el jefe de Gabinete Héctor Vitale, el encuestador Luis Mosquera y el subsecretario de Cultura Eduardo Rodríguez) participó del debate. José estuvo solo. Y recibió los golpes solo.

De todos modos, el eseverrismo sigue sin ponerle el ojo al debate central de los errores políticos que generaron el traspié del 28 de junio (al menos del 2009, lo que no asegura que se repita en 2011), y la situación actual.

La no participación en la interna del PJ. Es más bien una decisión de Alicia Tabarés, cuando se resolvió no participar frente a la lista que conducía Miguel Santellán. Algunos miembros del peronismo eseverrista, como Eduardo Santellán, querían dar batalla de todos modos, pero Tabarés decidió que no. Hoy, tras la debacle K, ese sello del PJ vale oro, implicaría un refugio político para el grupo y hubiera evitado que Miguel Santellán tuviera dos concejales y organización propia.

La integración al sciolismo (y la búsqueda de la foto). Ni bien asumió, José Eseverri entró en un frenesí de viajes permanentes a La Plata y a Buenos Aires, y era muy común verlo en fotografías cercanas al gobernador Daniel Scioli. Se hizo creciente su imagen de personaje político con fuerte llegada a la Gobernación, lo mismo que el acceso directo de funcionarios de ese ámbito (o del mismo Gobernador) a la Ciudad. A la larga, le jugó en contra.

Su copia del estilo K. Si Néstor Kirchner vociferaba contra el campo, José Eseverri lo hacía. Si Kirchner y Scioli tenían jefe de Gabinete, acá se creaba ese cargo. Si el kirchnerismo hacía caja, acá se subían las tasas (las encuestas indican que la política tributaria de José tiene más resistencias que aceptaciones).

¿A qué viene ese análisis, que tanto tiene de viejo ya, puesto el resultado?

A qué ese estilo es el que explica los pasos actuales, y los inmediatos. Uno de los problemas centrales del Gabinete actual no reside en la capacidad o incapacidad de sus funcionarios. De hecho, están haciendo caminar una gestión que estructuralmente tiene logros. El problema es que más que secretarios municipales de interacción permanente con los vecinos y sus grupos de interés, se parecen (y aquí de nuevo la copia) a ministros de una Gobernación o de una Casa Rosada, donde el trato individual o grupal con los electores no tiene ningún peso, porque la única comunicación masiva es mediática. Y donde no pesa la solución de cada problema en particular, sino la medida de gran alcance. El tema es que en los Municipios es exactamente al revés.

Otros pasos responden al modelo anterior. El Consejo de Emergencia, por el cual José Eseverri convocó a sectores de todo tipo, no responde tanto a la tragedia socioeconómica que el Municipio descubre de repente: es, antes, una réplica en escala de la mesa de diálogo a la que el Gobierno nacional acaba de llamar.

Ese mismo mecanismo, en síntesis, explica también lo que va a pasar, sean quienes sean los miembros del Gabinete municipal: ¿es posible pensar que en un escenario nacional y provincial donde Cristina Kirchner y Daniel Scioli, referentes absolutos del Municipio, rotaron a sus hombres de primera línea, José Eseverri no va a oxigenar de nombres a su equipo?

La respuesta está cantada, y es cuestión de tiempo.

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