"El futuro de la cumbre del clima pende de un hilo"

Lo afirmó ayer a LA NACION el canciller británico, David Miliband
LONDRES.- No es habitual para el titular del Foreign Office, David Miliband, mantener mesas redondas con periodistas latinoamericanos. Menos aún con sólo tres periodistas, de los cuales LA NACION fue el único representante de la prensa escrita hispanohablante. Si ayer hizo una excepción -y él mismo lo admitió- fue porque el futuro de la cumbre sobre cambio climático en Copenhague, que se celebrará entre el 7 y el 18 de diciembre, "pende de un hilo" y Miliband cree que la clave para evitar el fracaso puede encontrarse en América latina.

"Sus países están en muchos sentidos en el corazón de la misión por alcanzar un acuerdo -explicó durante una charla compartida con una periodista del brasileño Grupo Estado y un representante de la emisora mexicana Televisa en el Salón de los Embajadores del Foreign Office-. Los suyos son países que están creciendo y que representan muchos de los temas en discusión, como el desafío de desarrollar la economía con bajas emisiones de carbono, la transferencia justa de tecnología y, por supuesto, algo que suele olvidarse y no debería: el peligro de la deforestación, que supone entre un 18 y un 20 por ciento de las emisiones globales."

"Y no va a haber un acuerdo -reconoció- a menos que países como la Argentina, Brasil y México tengan la garantía de que países industrializados, como el mío [Reino Unido], están tomando su responsabilidad en serio y que adoptan compromisos legalmente obligatorios en ese sentido. Las naciones más ricas tienen que hacer el esfuerzo más grande, pero también es cierto que los 192 países que asistirán deben hacer algo. Por eso creo importante no sólo que la voz de América latina se escuche, sino también que entablemos un diálogo."

Desde su ingreso en el gabinete británico en 2005, a los 41 años, el más joven de los cancilleres británicos en más de tres décadas (y rumoreado futuro líder del Partido Laborista) ha dedicado considerable tiempo y esfuerzo a la lucha contra el calentamiento global. Primero en su calidad de ministro de Medio Ambiente (cargo que ahora ocupa su hermano, Ed Miliband) y desde hace poco más de un año como jefe de la cartera diplomática británica. En las últimas 48 horas, sin embargo, gran parte de su trabajo parece haber sido arrojado por la borda.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y otros líderes mundiales, incluido el presidente chino, Hu Jintao, al frente de la nación en desarrollo más contaminante del planeta, y el primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, coordinador de la cumbre climática, admitieron que el encuentro patrocinado por la ONU en Copenhague no resultará en un acuerdo legalmente vinculante capaz de reemplazar al Protocolo de Kyoto, que expirará en 2012.

Un acuerdo en dos etapas

En su lugar, se buscará un acuerdo en dos etapas, lo que significa que en Copenhague habrá una declaración de intenciones, pero sin cláusulas que obliguen a los signatarios a cumplir sus promesas. El próximo encuentro internacional tendrá lugar en México en 2010 y nada garantizará que pondrá punto final a las negociaciones.

Cuando LA NACION sugirió que ésta era una señal de que la cumbre de Copenhague está esencialmente muerta por cuanto perdió su razón de ser y se convirtió en una ocasión para hacer declaraciones voluntaristas, Miliband rechazó la idea, pero no totalmente de plano.

"Espero que no -respondió-. El término «voluntarista» no encapsula lo que los británicos estamos haciendo. Nosotros ya acordamos por ley reducir en un 80% las emisiones para el período 1990-2050. Otros países han tomado medidas similares, como Japón?El presidente [Barack] Obama se ha comprometido también con un paquete de medidas que el Senado norteamericano discute actualmente. Es cierto que la cumbre de Copenhague no va a negociar un acuerdo con cláusulas legales. Pero éste no es un plan B. Todavía estamos luchando por el plan A", porque creo que es importante que alcancemos un acuerdo político que pueda luego traducirse en principios legales. Esta cumbre tiene que resultar en compromisos, acciones y políticas efectivas. No puede ser un simple juego de manejo político. Es esencial que cada país llegue a Copenhague con una oferta, ya sea para recortar emisiones o, en el caso de los países subdesarrollados, para desviarse del principio de continuar como si nada hubiera ocurrido. Pero es cierto que esta cumbre pende de un hilo. Esto no tengo problemas en decirlo muy claramente."

Aún así, Miliband dijo confiar en la posibilidad de alcanzar un acuerdo que sea "ambicioso, justo y efectivo."

El canciller británico aplaudió la propuesta del presidente de Brasil (cuarto emisor mundial de gases de efecto invernadero), Luiz Inacio Lula da Silva, de reducir hasta en un 39 por ciento las emisiones causadas por la quema de la Amazonia en los próximos 11 años. Miliband consideró que este gesto puede "servir de ejemplo" a otras naciones. También calificó de "altamente positiva" la posición conjunta alcanzada por Lula y su par francés, Nicolas Sarkozy (y bautizada por ellos en París como la "biblia climática"), la cual estipula que la lucha contra el cambio climático es un imperativo que debe ser íntegramente compatible con un crecimiento económico duradero y con la erradicación de la pobreza.

El bilateralismo

Miliband advirtió, sin embargo, sobre los peligros de adoptar "el camino del bilateralismo". De esta forma, utilizó la misma crítica lanzada por Lula a Estados Unidos y China por "crear una suerte de G2 del clima" con su decisión de reducir los alcances de la cumbre.

El ministro británico reconoció que las chances de éxito en Copenhague se ven limitadas por el hecho de que el Senado norteamericano no discutirá las medidas promovidas por la Casa Blanca antes de la cumbre, con lo cual Obama podría incluso evitar la cita. Miliband dijo coincidir con Lula en que es "imperiosamente necesario" que Obama presida la delegación norteamericana en Copenhague. "Realmente, espero que asista", concluyó.

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