Fútbol para todos.

RACING 4 - ARSENAL 1: Y un día Racing dio espectáculo. Sus hinchas gozaron sin sufrir. Cantaron por bajar a Vélez y se olvidaron de la Promoción. Lugüercio encontró socio. Yacob la rompió. Etc...
Racing jugó bien porque metió cuatro goles? Racing jugó bien y por eso metió cuatro goles, aunque pudo haber metido tres más o dos menos. Pero la cantidad no cambia la calidad.

Y el resultado, pese a que es lo único que le importa al hincha de Racing, no fue lo único bueno.

Jugó con la victoria de Central ya puesta y arrancó la jornada con la obligación de sumar para volver a despegarse de la Promoción. Y no fue un equipo nervioso, apurado ni ansioso. La pelota no le quemaba a nadie. Hasta se peleaban para tenerla, sobre todo Grazzini, que por momentos se las quitaba a sus compañeros con el afán de demostrar que podía ser el 10 de un equipo que no suele utilizar dicho número. No fue necesario Grazzini, pero tampoco era necesario el cambio que iba a hacer Caruso más adelante. Pero, de a poco.

Aunque es cierto que el rápido gol de Ramírez (golazo: se acomodó la pelota con un gran control de pecho) podría suponer cierta tranquilidad para manejarse sin apremios, Arsenal empató lo suficientemente pronto como para que surgieran las inquietudes. Pero no. Yacob siguió manejando los tiempos con mesura, Zuculini y Lugüercio corriendo como el último día de la vida, Ramírez obligando y demostrando la jerarquía que no había mostrado nadie hasta aquí para ser la compañía del Payaso. La firmeza defensiva no fue una novedad. Sin embargo, sí fue toda una declaración de principios de Racing usar el toque como premisa. Y hasta fue capaz de lidiar con la impaciencia de la gente porque se animó a tocar para atrás cuando no tenía clara la entrada. Entonces, elemental, salía para entrar. Algo tan básico y sencillo de ver pero andá a encontrar a muchos equipos que lo hagan.

Los dos goles de diferencia que sacó en el primer tiempo eran una renta justa (en los dos sentidos) para potenciar en la segunda parte todos los buenos síntomas que habían permitido que el goce de la gente, por una vez, no tuviera que ver con el sufrimiento. Sin embargo, Caruso puso a un lateral y sacó al 10. ¿Para qué? Para que Sosa fuera de 8 y Zuculini fuera doble cinco con Yacob. Innecesario. Porque todo estaba bien así. Si Grazzini no pesaba, y no pesaba, la alternativa era buscar a alguien de características similares. Enseguida pudo haber descontado Carrera (gran atajada a contrapié de Migliore): habría sido un castigo para el técnico pero injusto para el equipo.

Una vez que se acomodó al nuevo dibujo, Racing volvió a ser el que era: vistoso y efectivo. Pudieron llegar uno, dos y hasta tres goles más. Daba igual, no cambiaba nada. La gente ya había desatado la ilusión y se permitía cantar por bajar a Vélez (si se cuenta desde la llegada de Caruso, estaría segundo, a tres de los de Liniers) y olvidarse de Central. Sí, fue Racing, este Racing nacido para sufrir, el que regaló fútbol para todos.

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