"En el fútbol de hoy se juega mejor"

Uno de los mejores jugadores de la historia recuerda su gloria, dice que ya nadie "se gambetea a siete tipos, como Tucho Méndez", y que "yo, jugando, me la rebuscaba".
El fútbol argentino lee cada día un libro que jamás se ha escrito: su Biblia. En las páginas orales, sólo orales, de la fe, el rebaño nos cuenta que existe un dios de rulos negros, piernas de tapón, y que su enviado es un muchachito que peregrina en Barcelona con voz callada, una zurda a imagen y semejanza del señor. De quien poco se habla, sin embargo, es de quien casi nadie jamás vio: el Espíritu Santo. La brillante, la blanca paloma. También omnipresente, también omnipotente, también dios, Alfredo Di Stéfano atiende el teléfono de su casa de Madrid. Alfredo Di Stéfano charla, después de años, con el país que lo crió. El Espíritu Santo, al fin, con Olé. "No, pero yo no juego más. Yo ya no puedo jugar más, hombre", nos gambetea, de entrada, uno de los mejores jugadores de la historia. El presidente honorario del Real Madrid, el máximo ídolo de la Casa Blanca. El hombre que supo ser Maradona, que supo ser Pelé, antes de que Maradona y Pelé lo fueran.

-En España se dice, sin discusión, que usted fue el mejor jugador de la historia. En la Argentina, Alfredo, glorificamos a Maradona, ahora a Messi. ¿No se siente olvidado justo en su país, que nuestra memoria le debe un homenaje?

-Bueno, no sé, no sé... Hay algunos que se anotan solos, que se hacen autopropaganda, y otros que no. Yo no voy a discutir la calidad de Maradona, pero solo no podría haber hecho nada. Eso que habla la mayoría, que el número uno, que el número dos, que el tres, es de giles. Bueno, no digo de giles, pero más o menos.

-¿En su época no le decían que era el mejor?

-(alza la voz) No, no... Ya le dije que hay algunos que se anotan solos, y a ésos ya los conozco a todos, no quiero ni nombrarlos. La mayoría éramos buenos jugadores, y punto. Durante los 40 hubo algunos jugadores, durante los 50 otros, los 60 otros, y así será siempre. La historia, hombre, es que en el fútbol no pasa como con un tenista, un boxeador, donde cada uno va por su cuenta.

-¿Me va a decir que no era mejor que otros?

-Yo me la rebuscaba.

-¿Se la rebuscaba?

-Bueno, en mi puesto. Carrizo era un fenómeno.

-Amadeo Carrizo.

-Jugaba con nosotros en River, claro. Un equipo de fútbol, mijo, ¿de qué estamos hablando? Sin compañeros buenos, ¿adónde vas a ir? Lo que pasa es que a la gente le gusta decir: "Este es mejor, éste es mejor...".

-De Messi se dice eso.

-Juega muy bien el chaval. Tiene clase, es fuerte, potente. ¡Pero mira que sin compañeros no llega a ningún lado! Con un equipo irregular sale séptimo, octavo, y no pasa nada, ¿eh?

-De la Selección se dice eso: que aún no formamos un equipo.

-La vi, la vi.

-¿Y qué le pareció?

-Regular pa' abajo, ¿no? Creo que ya le hablé de lo que significa un equipo.

-Por eso el Messi que juega con Henry, Eto'o...

-Lo de esos muchachos fue extraordinario.

-¿Hacía mucho que no veía un equipo así?

-Cuando en el Madrid jugaban Zidane, Figo, toda esa banda, era espectacular. El fútbol ha progresado mucho. Ha progresado en organización, en estadios, y también en juego. Ahora no son sólo dos o tres los equipos que juegan bien al fútbol: ahora son muchos más. En el fútbol de hoy se juega mejor.

-¿En serio?

-Todo ha cambiado, chaval. Antes la agarraba Vicente de la Mata y se gambeteaba a siete tipos, Tucho Méndez hacía lo mismo. Hoy, ese fútbol no se ve.

-¿Y usted a cuántos se gambetaba?

-¡Yo la metía!

-Guíenos, Alfredo. ¿A quién se parecía?

-No, no. Mire: yo subía y bajaba, a mí me daba lo mismo jugar de centroforward que de centre half, todo era igual. Yo tenía resistencia, fuerza, entusiasmo, amor, fe. Me gustaba estar en todas: ser todo. Yo la recibía adonde el Madrid lo necesitaba. En el Madrid, a la gente no le interesa si ganás sin haber jugado bien.

-Culpa suya, Alfredo.

-¡De Santamaría, Puskas, Gento! Con uno o dos jugadores no hacés nada. Mi alegría más grande, mire, era ver contentos a los simpatizantes, que siempre decían: "Ganamos". Fíjese: no decían "ganaron", sino "hemos ganado". La afición era parte de nuestro cuerpo, porque nosotros jugábamos para el aficionado, no para nosotros mismos. No hay que ser egoísta: hay que jugar para el pueblo. Hay gente que ha llorado, que llora, al ver que su jugador predilecto hace un gol. Hay que cumplir con el público.

-Hablando de fútbol solidario: usted se ha juntado con Cappa antes de que Angel viniera a Huracán.

-Ese equipo ha jugado bien, la afición ha estado contenta. En mi juventud, Huracán me ha dado un buen empujón. Un club simpático, humilde. Yo nací en Barracas, ¿le dije? Salvini, Tucho Méndez, Simes, Ferreyra y yo. ¿Escuchó? Esa era nuestra delantera. ¡Qué delantera! Y atrás jugaban Barrionuevo, Marinelli y Alberti: 105 años sumaban entre los tres.

-De este Huracán se ha dicho, Alfredo, que recuperó "La nuestra", el toque.

-¿La nuestra? ¿Y eso? ¿La nuestra, me dijo?

-La nuestra, sí.

-¿Y eso qué es? ¿Gambetear sólo para él, jugar para él, ésa es la nuestra? ¿Y adónde vamos con eso? No, con eso no vamos a ningún lado. Hay que ver a La Máquina, un equipo que profundizaba. ¿Qué es la nuestra? Gambeteo, gambeteo, sí, ¿y para dónde voy? El fútbol es profundidad. La Máquina era un espectáculo.

-El River de hoy es una máquina. De perder.

-Es para morirse, yo no lo puedo creer. Por más que me lo cuenten no lo puedo creer, es intragable eso. ¿Cómo va a ser último un equipo como River? Hasta jugando con la Cuarta tendría que haber clasificado mejor. De chico yo era hincha de River, hombre. Me crié mirando a Peucelle, Cesarini, Ferreyra. Ferreyra, el goleador, ¿lo ubica?

-Bernabé Ferreyra.

-¡Qué goleador! Le pegaba muy fuerte a la pelota. Técnicamente, esa gente era de otra categoría. Y el fútbol era otra cosa, bueno, nosotros ni conocíamos a los adversarios cuando jugábamos. Ahora la Copa de Europa (por la Champions) la juegan los terceros, los cuartos, como si fueran campeones, mientras que nosotros jugábamos contra el campeón y el campeón, y nada más. Eso sí, le repito: no conocíamos a nadie. Ni a los polacos, ni a los rusos, ni a los ingleses: nada. Ahora se sabe todo, tienen de todo. Yo me acuerdo cuando tenía 20 años y hablaba con los muchachos de 30, que me decían: "Qué suerte que tienen ustedes, que viven en la época moderna". Veinte años, y míreme ahora. De las épocas pasadas no se acuerda nadie. Yo recuerdo a Pedernera, Labruna, Pipo Rossi, Pontoni, toda esa gente. Y algunos, los de hoy, bueno, sabrán quién soy yo.

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