Una vez más, el fútbol fue a la guerra

La barra de San Lorenzo quiso rescatar una bandera propia mostrada por los de Huracán. Intervino la policía con singular violencia y por milagro los incidentes no terminaron en tragedia.
Una bandera de San Lorenzo en manos de hinchas de Huracán provocó heridos de bala de goma, huesos rotos a bastonazos, miles de personas afectadas por gases lacrimógenos y un caos de esos que suelen terminar con muertos. La bandera, en manos extrañas y que pretendió ser rescatada, fue el desencadenante; un grupo de no más de treinta violentos de San Lorenzo y el accionar irracional de la Policía Federal fueron los responsables. El clásico empezó tarde porque la policía desató una represión salvaje en una tribuna repleta, y el estadio Tomás Ducó lució como un campo de batalla durante media hora.

Un testigo relató a Crítica de la Argentina la escena de destrucción: en la tribuna visitante, había niños con la boca ensangrentada, hombres y mujeres que exhibían las heridas de bala de goma, personas desmayadas por el gas pimienta que antecedió al lacrimógeno y hasta brazos fracturados por bastonazos de la policía. Mientras, miles de hinchas de San Lorenzo habían abandonado la cancha, y dos dirigentes del Ciclón –José Capria y Héctor Viesca– pedían a gritos el ingreso de médicos y camilleros para atender a quienes yacían sobre las gradas.

El gas lacrimógeno había afectado a todos: los dos equipos, que ya habían hecho su aparición habitual, celebrada con papelitos y serpentinas, debieron volver al túnel, asfixiados; los relatores de radio interrumpían su voz ahogados por la irritación. Parecía que el partido iba a suspenderse. El riesgo de heridos graves hacía que el partido fuera lo de menos.

Los incidentes comenzaron con un ataque de un grupo de barras de San Lorenzo a un puñado de policías, en una esquina de la tribuna. La razón, según confirmó el propio Capria, fue que ambas hinchadas habían acordado con la Federal no exhibir banderas del rival como "trofeo de guerra" –cosa que además está prohibida– y los de Huracán mostraron un largo trapo del Ciclón. La barra visitante lo consideró una provocación y atacó a los policías más a mano para descargar la bronca.

Un grupo de Infantería, provisto de cascos, escudos, escopetas con balas de goma y gases de varios tipos, entró a la popular a rescatar a los policías acorralados. Ahí sucedió lo más inexplicable. O algo que sólo se explica por la teoría del sociólogo Pablo Alabarces, quien dice que, en la cancha, la policía se comporta como una barra brava más. Porque una vez que los uniformados atacados estuvieron fuera de peligro, la Infantería no se retiró. Por el contrario, avanzó contra los miles de hinchas que poblaban la tribuna, agrediendo con todas las armas disponibles. Esa venganza contra el público visitante es lo que provocó el caos, las corridas, los heridos. Arremeter a bastonazos y escopetazos contra miles de personas podría haber producido heridos graves y muertos. Ocasionó decenas, o tal vez cientos, de lastimados.

Huracán había pagado un operativo policial de 1.150 efectivos, para evitar incidentes.

Comentá la nota