La fumigación de soja sembrada en el aeropuerto pone en jaque a un barrio

La fumigación de soja con agroquímicos tóxicos dentro del aeropuerto Internacional Rosario Islas Malvinas tiene muy preocupados a los vecinos del barrio Hostal del Sol. Hace más de una año, invocando una ley que pone límites entre los campos y los núcleos urbanos, iniciaron expedientes en el Concejo y ante las autoridades de la Subsecretaría de Medio Ambiente de la Municipalidad, pero nunca se avanzó en una solución. "Con la salud no se juega", dicen ahora alarmados.
La densidad poblacional del Hostal del Sol comenzó a crecer hace poco menos de una década, impulsada por un loteo atrayente para quienes pretendían un cambio de vida en contacto con la naturaleza. El barrio se extiende al norte de Newbery hasta el límite de distrito en una franja que va del acceso al autódromo hasta el ingreso a la aeroestación local.

Precisamente, dentro del aeropuerto hay un extensión de terreno donde se siembra soja. Los vecinos dicen que quedaron expuestos a las consecuencias nocivas de la aplicación de agroquímicos utilizados para fumigar. Este panorama motivó que en 2005 se iniciara un expediente en el Concejo Municipal y reuniones con los responsables de Medio Ambiente del municipio.

Hasta el Taller Ecologista Rosario se pronunció sobre el tema. "Se trata de una consecuencia directa del avance agresivo del boom de la soja en la provincia, un fenómeno que lleva a la degradación de la biodiversidad y que está afectando de manera directa la salud de poblaciones que conviven con el medio rural", dijeron en la agrupación ecologista.

Salud. Lo que preocupa es la incidencia que pueda tener la aplicación de sustancias tóxicas, como el glifosato. "Se mueren las plantas y afecta a las mascotas. Nosotros colonizamos este lugar buscando calidad de vida, pero ahora no sabemos qué consecuencias puede acarrear en nuestra salud", indicó a LaCapital Andrea Galluzzo, miembro de la comisión del medio ambiente del vecindario

Y recordó que en su momento los habitantes de la zona se reunieron con funcionarios para alertarlos de esa situación. "Nos dijeron que habíamos elegido mal el lugar para vivir. No me parece una respuesta atinanda", remarcó. La mujer pidió además que se revise la instrumentación de la ley Nº 11.273, que establece límites a los campos en áreas urbanas para no afectar la salud de la población con agroquímicos.

Aunque sin poder dimensionar realmente cuáles serán los efectos sobre las personas en un futuro la mujer afirmó que "con la salud no se juega".

Nunca hubo riesgo. Quien supo monitorear esta situación planteada por los vecinos fue la subsecretaria de Medio Ambiente de la Municipalidad, Daniela Mastrángelo. "Comprobamos la actividad y fiscalizamos que las aplicaciones se hicieran de acuerdo a los manuales de uso. Además se encargaron estudios cuyos resultados fueron de baja toxicidad para los pobladores", aseguró la funcionaria.

Como al momento del reclamo el gobierno provincial era justicialista y gestionaba el aeropuerto, todo quedó en una disputa de jurisdicciones con la Municipalidad. "Nosotros no podíamos intervenir, porque el campo está dentro del aeropuerto y es jurisdicción provincial. Igualmente acercamos a los vecinos y las autoridades del aeropuerto para que controlaran las aplicaciones de los herbicidas", sostuvo Mastrángelo. Recordó que se intentó elaborar una ordenanza local para establecer límites entre campos y los núcleos urbanos, "pero no se pudo avanzar en ese sentido".

El organismo que debe controlar la aplicación de la ley fitosanitaria es la Dirección Provincial de Sanidad Vegetal, que depende del Ministerio de la Producción.

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