"Sin la fuga de divisas que generó la desconfianza, creceríamos al 5%"

Aldo Ferrer diferenció la intervención estatal del kirchnerismo de las expropiaciones venezolanas y dijo que es necesario incentivar la empresa privada pero con mayor presencia estatal. Según el ex ministro, sería bueno poner en marcha el Consejo Económico y Social
Aldo Ferrer, ex ministro de Economía, y actual director del Grupo Techint y de la estatal Enarsa, aseguró que es necesario respetar la decisión soberana de venezuela y fustigó a quienes comparar el intervencionismo estatal local con el chavismo.

–¿Qué le pareció la decisión de Hugo Chávez de nacionalizar las empresas del Grupo Techint?

–No quisiera hacer comentarios sobre las decisiones del gobierno venezolano. Pero es una situación de hecho que se planteó en América Latina en varias ocasiones. La más notable fue la nacionalización de hidrocarburos bolivianos, que comprometió a empresas brasileña y la actitud del gobierno de Brasil fue de reconocer el derecho soberano de Bolivia. Aunque se deben compensar las inversiones realizadas, incluso los Estados Unidos actúan de la misma manera, pidiendo compensaciones ante situaciones de nacionalización. Es lo único que se puede hacer si la decisión de Chávez es irreversible.

–¿Cree que el país se dirige a una economía con fuerte presencia estatal como la venezolana?

–En la década del ‘90 se creía que la magia del mercado era la que resolvía todos los problemas y la Argentina hizo lo que ningún otro país de la región, como privatizar el petróleo. Se renunció a la política económica con un tipo de cambio fijo y quedamos atados a la deuda, al FMI y al consenso de Washington. Con el colapso en 2001 quedó claro el error que ahora ve el mundo entero por tener al sistema financiero como casino global. Ahí reapareció Keynes. Los fundamentalistas de mercado quedaron desautorizados, están resentidos y no reconocen la realidad. Ante un evento externo que no tiene nada que ver con el gobierno argentino, como lo que ocurrió en Venezuela, dicen cosas como si fuese de acá, y no hay comparación. No es de acá, es de allá.

–El intervencionismo creció desde la eliminación de las AFJP. ¿Cree que seguirá en alza?

–Acá tenemos nuestros propios problemas. Hay que consolidar la confianza. El Estado arbitra, lo puede hacer mejor, pero lo hace. Conflictos como el del campo no tendrían que haberse producido. La apreciación del tipo de cambio cerró espacios de rentabilidad y provocó una fuga de capitales sideral, de 30.000 millones de dólares, que se aguanta gracias a las reservas y a que el sistema está ordenado. Sin esa fuga, estaríamos creciendo al 5% anual.

–¿Cuál cree que sería el tipo de cambio adecuado?

–Hoy tiene un 30% de atraso con respecto al tipo de cambio desarrollista. Habría que subirlo para dar una señal clara a los exportadores de que el horizonte es un tipo de cambio competitivo favorable al desarrollo.

–¿Qué aconsejaría?

–Fomentar las exportaciones y la empresa privada nacional, vivir con lo nuestro abiertos al mundo. Ganar competitividad y tener en cuenta que fuera del imaginario neoliberal aparece el mundo real, que es una economía de mercado con presencia estatal. También sería bueno poner en marcha el Consejo Económico y Social, un espacio necesario de concertación.

–Usted defiende al Gobierno pero también acostumbra criticar lo que ocurre en el Indec.

–El deber de los economistas es defender las cosas buenas que se hacen pero también señalar las debilidades. Tenemos que dejar de discutir el termómetro en vez de la fiebre. Hay que hacer un termómetro que nadie discuta. Siembre hay conflictos en una sociedad democrática y pluralista, lo que no puede haber son conflictos inútiles. A veces el Gobierno se queda a la defensiva, como con esto que paso con Venezuela. Defiende que no hará lo mismo en vez de decir lo que va a hacer. Hay que discutir con racionalidad y sin que cada problema sea un drama. Cuando hacía frío parecía que nos quedábamos sin energía, cuando subían las precios que volvía la híper, cuando se nacionalizó las AFJP que se acababa el mundo. Hay que defender el interés nacional sin mezclar las cosas de afuera con las de adentro.

–¿Lo consulta la Presidenta?

–No, la ví una sola vez. Pero creo que me lee. Uno puede puede llegar con sus ideas de muchas maneras.

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