Más fuerza política y dinamismo económico

Por: Alicia Castro

EMBAJADORA ARGENTINA EN VENEZUELA, EX DIPUTADA NACIONAL

La ampliación del bloque está pendiente de aprobación por Brasil y Paraguay. En la Argentina, existen voces que piden revisar el tema, dados los rasgos del gobierno de Chávez que parecen contrarios a los intereses de nuestra nación.

En noviembre del año 2003 el Congreso Nacional aprobó un proyecto de mi autoría, promoviendo el ingreso de la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur.

Nadie podría dudar del dinamismo económico que imprime este proceso de integración, que, respetando las particularidades y diferencias entre los estados que la integran, constituye un poderoso bloque político que ha sido capaz de rechazar el ALCA para proponer otros mecanismos que aprovechan las ventajas de la cooperación y la solidaridad.

Venezuela y Argentina son complementarias: nuestra interacción nos asegura la soberanía energética y alimentaria. Nuestras exportaciones se han quintuplicado en los últimos años.

La relación bilateral es ejemplo de un comercio administrado de alta sofisticación: estamos cooperando con transferencia de tecnologías para acelerar el desarrollo productivo, en beneficio de ambas naciones. Hemos protagonizado la venta más importante de "conocimiento puro" jamás realizada, a través de los Institutos de Tecnología Industrial y Agropecuaria, INTI e INTA. Empresas pequeñas y medianas de todo el país se han incorporado recientemente a este proceso, exportando a Venezuela el equipamiento de maquinarias y herramientas para sus fábricas estatales; gracias a ello, miles de trabajadores argentinos han obtenido o conservado su empleo, aun en medio de la caída de demanda de productos industriales que afecta al mundo entero.

El gobierno de Venezuela, mientras tanto, ha asistido a nuestro país en distintas instancias, por ejemplo, el salvataje financiero de la cooperativa SanCor, la mayor procesadora de lácteos de América del Sur, marca argentina de 70 años de prestigio, que ocupa a más de 4000 trabajadores, y estuvo a punto de ser vendida a capitales foráneos. La empresa argentina IMPSA fabrica en Mendoza las grandes turbinas para las represas de Tocoma y Macagua; pequeñas empresas familiares, como Pauny, se instalan en tierra venezolana, surcada por la maquinaria agrícola argentina; miles de productores se benefician hoy con la exportación de alimentos.

Sin embargo, en estos días, se han agitado sectores contra el ingreso de Venezuela al Mercosur. Llegaron hasta el Congreso de la Nación pidiendo se revierta la decisión del Parlamento que hace ya seis años, se pronunció claramente a favor de la integración regional.

La queja está vinculada a la estatización de dos empresas argentinas en Venezuela. En algunos casos, estas voces no se levantaron cuando en nuestro país se privatizaron y extranjerizaron todas nuestras empresas y recursos estratégicos. El proceso de estatización de Venezuela, excede la relación bilateral.

Recientemente se nacionalizaron 76 empresas de sevicios del sector petrolero. La Siderúrgica del Orinoco (SIDOR) era una empresa estatal, hasta el año 1998 en que fue privatizada. El 60% quedó en manos del consorcio Amazonia, cuyos principales accionistas eran empresas del grupo Techint, en tanto Usiminas, de Brasil, poseía un 16,6 % del consorcio. Tras un prolongado conflicto laboral, fue reestatizada en el año 2008.

Desde el año 2007, en Venezuela se han estatizado más de 120 empresas de los más diversos orígenes: España, Francia, Suiza, Holanda, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Japón, China, India, Estados Unidos, México, Venezuela, etc. Ninguna de estas estatizaciones ha sido fuente de conflicto político o diplomático. Sólo una empresa, la norteamericana EXXON, acudió al arbitrio de tribunales internacionales, que fallaron a favor del Estado venezolano.

El proceso de integración requiere negociaciones complejas y respeto por las decisiones soberanas de los estados, y merece tomar en cuenta el interés permanente y general de las mayorías.

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