Fuertes fricciones entre Piñera y sus socios pinochetistas

Un triunfalismo galopante se apoderó del comando del candidato presidencial opositor, Sebastián Piñera. Y ello, porque los sondeos públicos que han trascendido lo dan como ganador del balotaje del próximo 17 de enero. En esa precipitada embriaguez del triunfo a través del voto -que la derecha no paladea desde hace 50 años-, el debate sobre el próximo gabinete ya se instaló, provocando fricciones en su coalición a sólo 8 días de la elección.
Eso sucedió con las declaraciones que hizo el jefe del comando del empresario, Rodrigo Hinzpeter, al explicitar el veto a quienes jugaron roles importantes durante la dictadura ya no sólo para figurar en su campaña decisiva, sino también para integrar su futuro gabinete.

"Sebastián Piñera no va a hacer un gobierno con gente que participó, fue ministro, subsecretario o tuvo cargos en el gobierno militar (.) No van a tener cargos de primera importancia, y probablemente no de segunda y tercera", afirmó Hinzpeter. A ello se agregó la divulgación de un intercambio de e-mails entre Piñera y Patricio Navia, un cientista político concertacionista que le entregó su apoyo, y a quien Piñera le hizo saber que el veto a los pinochetistas era intransable.

El mensaje se escuchó potente en la UDI, partido aliado del de Piñera (Renovación Nacional) y donde se hospedan muchos de los rostros que acompañaron a Pinochet en los días del poder total. El malestar se asfixió. A ocho días de obtener La Moneda la vía de la discreción canalizó el descontento.

Desde la noche del 13 de diciembre (primera vuelta de las presidenciales), fue claro que si Piñera quería ganar la elección, a su 44,06% necesitaba sumar al menos un tercio de los que expresaron su rechazo a la Concertación votando por el ex diputado socialista Marco Enríquez Ominami (20,13%). Pero una cosa es quedarse en la trastienda por unos días y otra muy distinta es ser marginado de los sillones principales del poder.

Para los dirigentes de la UDI, que siempre han desconfiado de Piñera porque fue opositor a Pinochet y no comparte gran parte de sus principios valóricos -como el rechazo a la píldora del día después-, el veto fue un agravio. Porque también implica alejar a la UDI de los ministerios clave, como Educación y Cultura, donde Piñera espera imponer su sello liberal. Por ahora, capturar un tercio de los votos de Enríquez y al mismo tiempo asegurar los votos de la derecha más dura es la prioridad de Piñera. Un difícil equilibro que la UDI le cobra con su alta votación en sectores populares, un respaldo del que no puede prescindir.

El candidato debió salir a relativizar sus dichos, reduciendo sus objeciones a las violaciones a derechos humanos mientras sus colaboradores intentaban amainar los reclamos. Todo en sordina, porque en el gran escenario la foto que primó fue la de Piñera junto al escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien viajó especialmente para apoyarlo.

En la otra trinchera, el respaldo del ex senador socialista Carlos Ominami, padre adoptivo de Marco Enríquez, al candidato oficialista Eduardo Frei, fue recibido con alivio.

La Concertación aún no pierde la esperanza de juntar pieza por pieza los flecos progresistas para impedir el triunfo de la derecha. Un rescate al borde del precipicio pero aún sin explicación, si se mira el 81% de aprobación de la presidenta Michelle Bachelet.

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