Fuerte reclamo por la unidad en la comunidad universitaria

Autoridades y familiares de las víctimas de la tragedia de la Planta Piloto coincidieron en la necesidad de cerrar heridas y trabajar en comunión. Profundo dolor en el acto recordatorio de las explosiones
“Esto que nos ha pasado no nos tiene que dividir. Lo peor que le puede pasar a la Universidad es que quede dividida porque ellos eran un aporte muy grande, y una Universidad sin investigación sería muy chata. Siento que no hay nadie en contra de nosotros, siento que esto fue un accidente que ocurrió, y que nos demostró que las cosas quizá no se hacían del todo bien, pero nadie se daba cuenta. Quizá tenía que pasar esto para que se hagan los cambios. Nosotros hemos perdido a nuestros seres queridos, pero tiene que servir para algo positivo, no para enfrentarnos; jamás para enfrentarnos. En todo caso hagámonos cargo de los errores para modificarlos, no para enfrentarnos”, pidió Mabel Gremiger, viuda de Miguel Mattea, al hablar en el emotivo acto realizado ayer como recordatorio de la tragedia de la Planta Piloto y que le costó la vida a 5 docentes y al alumno Juan Politano.

Luego se refirió a su marido y admitió que todavía “no puedo sentirlo muerto, porque lo siento al lado mío. En este momento siento que me necesita, y yo voy a estar”, agregó, antes de recordar emocionada que mañana sería su cumpleaños.

La actividad, organizada por varios sectores universitarios y las familias de las víctimas, comenzó a las 10.15 frente a la Planta Piloto, la hora en la que ocurrió la tragedia un año antes. Allí se fueron concentrando decenas de docentes, amigos de las víctimas y alumnos universitarios. En silencio. Con miradas al piso, flores en las manos y cintas negras en el pecho, fueron formando frente al edificio que aún hoy muestra las huellas de las explosiones: paredes con hollín, hierros retorcidos en las ventanas y el portón central sostenido con tabiques de madera.

Pablo Wehbe, docente de Ciencias Humanas e integrante del Consejo Superior, remarcó que “la única muerte es el olvido”, antes de pedir un minuto de silencio e invitar a las familias a colocar las ofrendas florales en la puerta de la Planta Piloto. Por entonces ya se habían sumado al acto algunas autoridades universitarias encabezadas por el rector Oscar Spada.

Plazoleta del Compromiso

El homenaje se trasladó luego a la Plazoleta del Compromiso, donde están los seis árboles plantados simbolizando a cada una de las víctimas. Además, ayer quedó inaugurado un monumento que recuerda a Liliana Giacomelli, Juan Politano, Carlos Ravera, Miguel Mattea, Damián Cardarelli y Gladys Baralla.

Allí hablaron familiares, con voces cortadas por la angustia, el recuerdo y el dolor. “Estas cosas nunca más tienen que volver a suceder, que nunca más haya una víctima en una universidad pública”, concluyó Gremiger.

“Creo que comenzó una nueva etapa y espero que sea una etapa de encuentros. Ya se demostró hoy -por ayer- y es un dolor que cada uno lo sienta a su manera y espero que la Universidad tome el rumbo que nunca debió haber perdido, que es el camino de trabajar todos juntos, de luchar en la diferencia y en el respeto, en la lucha, en el compromiso y la Universidad lo va a hacer”, remarcó el rector Spada al finalizar el acto, mostrando también un acercamiento con los familiares de las seis víctimas de la tragedia.

“No sé si en mi vida voy a llorar tanto como lloré este año”

Ivana Simone, hija de Gladys Baralla, se acercó tímidamente al micrófono y compartió con todos lo que había hecho el día previo al acto: “Ayer fui al cementerio. Le mentí a mi familia, le dije que iba a pilates y en el auto de mamá me fui, me senté junto a donde está ella, que incluso todavía me cuesta resolver si está ahí, por ahí está acá. Y dije bueno, tratá de hacer un balance de lo que fue este año. Papá siempre nos jodía con esto de hacer los balances. Y me puse a hacer memoria de lo que hice este año: lloré, lloré mucho, muchísimo. No sé si en mi vida voy a llorar tanto como lloré este año. La extrañé horrores, horrores. Alguien decía que el dolor de un ser querido es un dolor biológico, que duele el cuerpo, que duele el alma. Les digo que es biológico, psicológico, místico, todo lo que quieran. Duele en serio.

Me acuerdo de que en ese momento no estuve y aunque muchos me traten de convencer de lo contrario, yo siento que debí estar acá. También sentí mucha bronca porque vi a mi viejo que además de llorar a mi mamá, buscaba la forma de defenderla. Y aunque no lo crean, en más de una oportunidad sentí mucha alegría, como siento ahora, de ver todos los que están acá. Es imposible no sentir alegría al ver la cantidad de huellas que mamá dejó. La casa está llena de huellas. Las palabras que me dice la gente están llena de sus huellas. Abro un libro en casa y encuentro un papelito que ella me dejó. O encuentro un papelito en el armario de mi hermana que dice ‘soy duro’ y le pregunté que era eso y me contó que una vez mamá se lo dejó dentro de un plato con un huevo. Mi mamá era así, callada, profunda, pero nos sacaba una sonrisa a todos. Y sinceramente lo que espero es que esas huellas tengan la profundidad suficiente para que a mi me alcancen y cada vez que me de vuelta para verlas, las tenga vivas. Además de amarla a mamá yo la admiraba mucho, como a mi viejo o a mi hermano y a mi hermana. Supongo que mamá donde esté se sentirá más tranquila”, dijo Ivana.

“Culpabilizar a las víctimas es una vieja treta de los milicos”

En medio de la congoja que sobrevolaba a las más de 350 personas que se concentraron en la Plaza del Compromiso, en el campus universitario, Susana Dillon fue una de las oradoras centrales de un acto sin planificaciones.

Allí, Dillon aprovechó para remarcar que “no quiero traerles un mensaje fúnebre, sino que quiero ponerles un horizonte de esperanzas”.

“Están tan silenciosos, tan tristes, tienen que tener forzosamente un cable a tierra. Les prevengo que yo después de 20 años de la lucha pude hacer cable a tierra con la literatura. Encontré la manera de atenuar el dolor, encontré el antídoto, encontré los amigos”, recordó a modo de consejo.

Y se metió de lleno en la herida abierta de la Universidad y advirtió: “No hay que culpabilizar a las víctimas. Porque esa treta es muy vieja, la aplicaron los milicos cuando se llevaron a los nuestros, cuando los torturaron y asesinaron”, dijo la integrante de Madres de Plaza de Mayo.

Luego aseguró que las seis víctimas “están acá, con los árboles, nunca se han ido. Ellos están acompañando a sus padres, y aunque les parezca alocado, yo los siento. A los 30 mil desaparecidos los siento acá, y siento a los desaparecidos por el fuego, que cedieron mansamente a su tarea. Estos árboles que ustedes han plantado, también los plantamos nosotras por los nuestros”, señaló.

Después intentó mandar un mensaje a las familias de las víctimas: ”Este ritual no debe ser tan triste porque hay esperanza. Yo me figuro, cuando estoy muy atacada, de que están mis hijos rodeándome como una neblina que me roza el cuerpo y no me tocan. Están ahí, como están ahora”, indicó.

“Creo que acá hay mucha militancia, pero dormida. Todavía no entraron en el fragoroso mundo del rebelde. Todavía están catapultados al silencio. Hace falta un rebelde con causa. La memoria es el motor que mueve a los militantes. La memoria es lo único que nos rescata del olvido. Es tan vigoroso el hombre cuando tiene memoria, es tan brava la mujer cuando cultiva la memoria”, aseguró levantando la voz en medio del silencio.

“Los invito a cultivar la memoria -continuó-, a nunca barrer la basura y quererla esconder debajo de la alfombra, como ahora se pretende. A darle la cara a lo que venga para salvar el buen nombre y honor de los hijos, y como la Universidad es también nuestra hija queremos que siga teniendo el prestigio, que siga teniendo esa natural apertura de puertas que desde que se inició está vigente. Aboguemos para que las partes se unan, que nadie venga a echar más leña al fuego, para que en este día sellemos un acuerdo y dejemos de perseguir a los que cayeron”, finalizó.

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