Fuerte impacto de la crisis económica

Los comerciantes dicen que el panorama es complicado y no hay indicios de una pronta recuperación. En el mercado San Miguel la situación no es mejor. No disminuyeron los clientes pero sí su poder adquisitivo.
La crisis económica mantiene frías las ventas en los almacenes y quioscos barriales. Antes de comprar, la gente pregunta, piensa, compara y se lleva lo indispensable, coincidieron los comerciantes. Ni el veranito en pleno invierno pudo descongelar la actividad.

En Salta, según los propietarios de locales, el "termómetro comercial" aún marca bajos niveles de ventas. Los ánimos están por el suelo y las esperanzas, en las napas subterráneas. Los comerciantes salteños creen que seguirán estancados varios meses.

Dicen que no hay indicios de un nuevo panorama y les preocupa no ver un rumbo cierto.

Una mujer de barrio Morosini manifestó: "Los precios de los productos suben y a la gente le alcanza menos el dinero".

En los almacenes barriales se percibe un clima familiar. Los clientes charlan entre ellos sobre el calor, los niños, la preparación del almuerzo y comentan algunos problemas de la zona. No faltan los chismes ni las novedades. Son comunes los chistes y las carcajadas.

También surge la queja de alguno por el alto precio de las verduras o la carne. El folclore o la cumbia le dan un marco musical y popular a esos quioscos y minimercados (donde, a menudo, en un mismo local se ofrecen productos de carnicería, verdulería y comestibles).

Esas costumbres de antaño que caracterizan a las barriadas de la ciudad se mantienen, pero algunos comerciantes temen que el precipicio financiero provoque caídas definitivas que obliguen a cerrar las puertas.

"Es escaso el dinero que ingresa a la caja y no es suficiente para pagar la luz, gas, impuestos y mantener a la familia", advirtió una señora de Zuviría al 2000, en la zona norte de la ciudad. En Parque la Vega, al sur de la capital salteña, los vendedores describieron un escenario similar: "Va de mal en peor. Viene la misma cantidad de clientes, pero compran menos. No hay plata".

Fuertes caídas

Las estimaciones del descenso en las ventas varían entre un 30 y 60 por ciento, según los comerciantes consultados por El Tribuno

. Hace un año que empezaron a correr ráfagas de crisis.

"Los pisos se sienten los últimos días de cada mes. Durante las primeras dos semanas, cuando los trabajadores cobran su sueldo, la actividad es buena, pero el ritmo no es igual a años anteriores. La situación es muy floja, por más que tengas abierto el negocio todo el día", comentó una comerciante.

Una cliente le pidió a un puestero de la zona norte un kilo de frutillas y medio de palta. "Es un gusto que ahora nos damos muy de vez en cuando", expresó. El vendedor cargó en una bolsa los frutos rojos y demostró que tiene habilidad para calcular el peso a simple vista: la balanza marcó un kilo exacto. Segundos después, ocurrió lo mismo con el medio kilo de palta.

"Hay días regulares, sobre todo antes del 15 de cada mes y días pésimos, pero hay que seguir trabajando", comentó. La compradora pagó por los dos productos $12,50 ($10 por las frutillas y $2,50 por las paltas). "Es un regalito para el paladar bastante caro si se compara con años anteriores", reflexionó.

Calor y más bebidas

Matías, un comerciante, acomodaba una torre de siete cajones de cerveza, ya que no los utiliza. Es decir que vende siete cajones menos que años anteriores. De todas formas indicó que las ventas crecieron un poco en las últimas dos semanas gracias a las temperaturas que llegaron a 30 grados.

Una vendedora de Hernando de Lerma recordó que el viernes y sábado pasado sacó de la heladera varias botellas con bebidas alcohólicas para sus clientes.

El incremento también incluyó gaseosas y jugos. "Las noches fueron bastante moviditas con respecto a ventas de bebidas", indicó.

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