Fuerte advertencia de Sarkozy al G-20

Amenazó con abandonar la reunión de mañana si no hay acuerdo sobre algunos objetivos; "La crisis es demasiado grave", afirmó
PARIS.? Como ya es su costumbre, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, intentó ayer transformarse en el centro de la atención mundial al amenazar a sus socios del G-20 con abandonar la cumbre si no se obtienen ambiciosos resultados.

"Si en Londres no hay avances, aplicaré la política de la silla vacía: me levantaré y me iré", advirtió Sarkozy, según reveló su ministra de Economía, Christine Lagarde. "Es necesario que se obtengan resultados. La crisis es demasiado grave para que nos permitamos hacer una cumbre para nada", insistió ayer en Châtellerault.

Según el Palacio del Elíseo, hace meses que Sarkozy se fijó ciertos "objetivos", una especie de "mínimo vital" que debe ser aprobado por el G-20 en la reunión de mañana, en Londres. Entre ellos, se encuentra un cambio de las normas contables de los bancos y financieras; la limitación de la remuneración de los traders y la posibilidad de sancionarlos; el registro y control de los fondos especulativos, y la divulgación de una lista negra de paraísos fiscales y el establecimiento de sanciones para desalentarlos.

Pero, por muy loable que haya sido su intención, la amenaza de Sarkozy consiguió una vez más irritar a sus socios europeos, que levantan los ojos al cielo cada vez que el presidente francés inventa algo para monopolizar las cámaras de televisión.

"Esta vez ha ido demasiado lejos. A ningún dirigente responsable se le habría ocurrido amenazar con abandonar la cumbre más importante del nuevo siglo", afirmó una fuente diplomática europea. ¿Cuál es en realidad la razón de este nuevo coup d?éclat (golpe de efecto)? "Un gesto para consumo interno", afirma el periodista Jean-François Khan.

Sarkozy es el único líder europeo que llega al G-20 tras haber sufrido recientemente dos huelgas nacionales. Además, enfrenta un descontento sin precedente: seis de cada diez franceses estiman que su política contra la crisis "va en la dirección equivocada", según un sondeo de TNS Sofres publicado ayer.

En verdad, nadie puede negarle a Sarkozy que ha hecho esfuerzos: fue el primero en pedir un plan europeo global para ayudar a los bancos en dificultades y la creación de una suerte de gobierno europeo de las finanzas.

También fue quien convenció a sus socios europeos y, sobre todo, al entonces presidente George W. Bush, de la necesidad de realizar la primera cumbre del G-20 en Washington, en noviembre del año pasado.

Esa actitud previsora también se manifestó en el plano interno. Sarkozy creó en forma inmediata un fondo destinado a asegurar que los bancos franceses tuvieran capital suficiente y fueran capaces de seguir dando créditos, y criticó enérgicamente el capitalismo sin control.

Pero, a estas alturas, la opinión pública lo percibe como el "pastor mentiroso". La mayoría de sus anuncios suelen producir mucho ruido y pocas nueces.

Cuando, a comienzos de la crisis, adoptó un programa de estímulo de 34.000 millones de dólares en dos años, sólo 17.000 millones correspondían a un nuevo gasto y 8000 fueron destinados a ayudar a la industria automotriz.

Los franceses ya comprendieron que muchas de sus iniciativas son operaciones publicitarias que, luego, no tienen seguimiento y terminan en el desván de trastos viejos.

"Extraña pareja"

Ese tipo de gestos, lanzados con bombos y platillos, crea cada vez más resentimiento en sus principales socios europeos y, en particular, en la canciller alemana, Angela Merkel, cuya personalidad está en las antípodas de la de Sarkozy.

Hija de un pastor protestante, educada en Alemania del Este, esta investigadora en física cuántica, mesurada y discreta, tiene serias dificultades para soportar la hiperactividad y el gusto por las candilejas del presidente francés. Tan azorada se sintió cuando lo conoció que su marido, Joachim Sauer, le regaló toda la serie de películas del grotesco cómico francés Louis de Funès "para que lo comprendiera mejor".

A Sarkozy no parece preocuparle. El mes pasado, en Berlín, demoró una conferencia de líderes de la UE porque se negó a hablar después del premier checo, Mirek Topolanek, a pesar de que ese país ejerce la presidente pro témpore del bloque. Con una sacrosanta paciencia, Merkel ?que debía hablar primero en su calidad de anfitriona? cedió la palabra a Topolanek.

Esta semana, Francia y Alemania serán los anfitriones de una cumbre de la OTAN. Sarkozy insistió en sentarse junto al secretario general de la organización atlántica, Jaap de Hoop Scheffer, cada vez que las cámaras tomen imágenes, en vez de ubicarse por orden alfabético, como requiere la tradición. Finalmente, se decidió que Merkel y Sarkozy estarán ubicados a cada lado del secretario general "frente a las cámaras".

Pero esta "extraña pareja" está obligada a encontrar puntos de acuerdo y actuar en sintonía. Responsables de las dos economías más importantes de la zona euro, Sarkozy y Merkel han intentado dar forma a una imprescindible unidad europea en vísperas del G-20.

Las respuestas a la crisis fueron diferentes: el paquete de estímulo decidido por Merkel (87.000 millones de dólares) fue mucho más importante que el de su homólogo francés. Pese a todo, ambos se esforzaron por mantener la disciplina fiscal en la eurozona y en resistir los llamados de Estados Unidos en favor de un mayor gasto público.

En vísperas de la cumbre, ambos volverán hoy a insistir en esos objetivos durante una conferencia de prensa conjunta en París. Aunque se detesten, ambos saben que en ellos reposa gran parte de las posibilidades de reactivación económica de Europa. Por lo tanto, tendrán que hacer un esfuerzo suplementario de flexibilidad.

"Todavía persiste en los franceses el sentimiento de que Francia debe ser el líder y Alemania, el banquero ?ironizó Wolfgang Nowak, responsable del Deutsche Bank?s International Forum?. Pero este año será imprescindible redefinir esa relación."

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