Fueron por la promesa de $ 20 y un sándwich.

Fueron por la promesa de $ 20 y un sándwich.
Desde las 9, los militantes del interior y de la capital invadieron el microcentro para acompañar al gobernador en su recorrido a la Legislatura.
“Ea, ea, ea, qué cosa más bonita, salieron a la calle los muchachos peronistas”. Con ese cántico se despertaron ayer los vecinos de la plaza Independencia. Unos minutos después de las 9, el paseo empezó a inundarse de militantes políticos que viajaron desde distintos puntos de la provincia para participar del acto de apertura del período de sesiones ordinarias de la Legislatura. La columnas arribaron desde varios puntos: desde el sur llegaron los partidarios de Carlos Isa Assán; desde el norte, los del comisionado rural de Santa Ana, Juan Horacio Páez, desde el este, los del intendente la Banda del Río Salí, Zacarías Khoder, y desde el oeste llegó la mayoría.

La plaza se vistió de fiesta. Globos celestes y blancos inflados con helio volaban sobre las vallas que rodeaban la zona. No faltaron las banderitas argentinas que fueron repartidas por los alperovichistas, ni los carteles con mensajes de apoyo al gobernador.

Las gorras naranjas, verdes, blancas e incluso las que tenían forma de pato -por el intendente de Alberdi, Luis “Pato” Campos- les sirvieron no sólo para protegerlos del sol: eran las insignias con las que identificaban a los miembros de su mismo grupo.

“Coro de José”

Para entretenerse durante la hora y media que tuvieron que esperar hasta que el gobernador, José Alperovich, salió de Casa de Gobierno, los punteros se valieron de todo tipo de estrategias. Los miembros del autodenominado “Coro de José” fueron los principales animadores de la jornada. Entre aplausos, bombos y las notas que emitía una trompeta, los 50 integrantes de la agrupación interpretaron decenas de cánticos que habitualmente se escuchan en las canchas de fútbol, pero que ellos adaptaron para los actos políticos.

Al ritmo de “José Alperovich es un sentimiento, no puedo parar”; y de “Ruso de mi vida, vos sos la alegría, de mi corazón”, las mujeres y los niños bailaban y los hombres aplaudían. “Ensayamos durante la semana, estamos en todos los actos y nuestro sueldo es de $ 1.400”, contó a LA GACETA uno de “los hombres cantores de José”, como los llaman algunos.

El coro acompañó al mandatario durante todo su recorrido desde Casa de Gobierno hasta la Legislatura. A su paso empujaron al resto de los asistentes, se subieron a los bancos de la plaza y saltaron otros obstáculos que encontraron en su camino, sin dejar de cantar.

Capital vs. interior

La algarabía fue interrumpida durante unos minutos cuando los militantes del interior llegaron a la esquina de 24 de Septiembre y Rivadavia. Cuando Alperovich llegó allí, empezaron a cantar contra los referentes de la capital, que estaban apostados en esa zona. Las melodías de “El que no salta no es del interior” y “El interior, el interior…” se escucharon durante varios minutos, mezcladas con los sonidos de bombas de estruendo y de fuegos artificiales.

Desde uno de los bancos de la plaza, Carlos García observaba lo que estaba ocurriendo a su alrededor mientras fumaba un cigarrillo. El se definió como un “ciudadano común”, que fue a pasear a la plaza, como hace todos los domingos. “Lo habitual es encontrar jóvenes borrachos que se quedaron a dormir aquí. Nunca imaginé que hoy iba a encontrar esto”, dijo sorprendido y siguió fumando. “Si no se armase tanto circo, estoy seguro de que los ciudadanos comunes vendrían al acto”, opinó. Se pusieron sus mejores vestidos, se maquillaron y salieron de sus casas rumbo a la capital. “Dale, sonreí”, le dijo Yamila a su amiga, Mariela. Las dos jóvenes, oriundas de Cruz Alta, estaban posando para tomarse una fotografía frente a la fuente de la plaza Independencia. Ellas participaron del acto de ayer para mostrar su apoyo al gobernador. Sin embargo, no sabían qué se celebraba. “Nos pidieron que viniéramos, y lo hicimos”, dijeron entre risas y con vergüenza. Finalmente, admitieron que lo que en realidad les interesaba eran los $ 20 que les habían prometido. “Anoche no salimos de fiesta para poder venir hoy. Cuando termine el acto sí iremos a bailar”, contaron sonrientes las jóvenes de brillantes ojos verdes.

Ellas no eran las únicas interesadas por la recompensa. Eli, de Cebil Redondo, hizo lo mismo. Ella se define como una militante política de alma, pero ayer sólo estaba interesada en el sándwich que le habían prometido. “A las 7 nos reunimos en la comuna para venir a la capital, y no veo la hora de comer algo”, dijo la mujer.

A causa del intenso calor que abrasó a la ciudad ayer por la mañana, la cantidad de bebida que habían previsto los coordinadores de los grupos de punteros políticos fue insuficiente. Presionados por los militantes, tuvieron que comprar gaseosas en las inmediaciones de la plaza y dejaron casi vacías las heladeras de los quioscos que se encuentran en la zona.

Galletas dulces

Para engañar el estómago durante la mañana, los militantes comieron galletas dulces y alfajores. “El acto terminó en el momento justo”, coincidieron varios al mediodía, cuando muchos empezaban a quejarse por el hambre que tenían. Apenas Alperovich cruzó las puertas de la Legislatura, las bolsas con dos sándwiches de mortadela y queso empezaron a pasar de mano en mano entre los peronistas. Para acompañar la vianda, algunos eligieron una cerveza fresca o un vino, en vez de gaseosas.

Antes de despedirse, las integrantes de la Red de Mujeres del Interior planificaron la agenda semanal. “El miércoles las espero en Central Córdoba”, les dijo una dirigente que tenía un cartel de “coordinadora”. “Ya les avisaré qué haremos el 8”, continuó, anticipando que en el Día de la Mujer, su líder, Beatriz Rojkés, hará un anuncio electoral importante.

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