Fuegos de artificio

Por: Ricardo Roa

Es usual que en cualquier elección haya candidatos dispuestos a acomodar sus discursos a lo que creen les dará más votos. Y a ocultar aquello que podría restárselos. Pero hay un límite: no se puede subestimar la inteligencia de la gente. En realidad, no se debería.

Sin medir las consecuencias políticas, Macri había condenado la reestatización de Aerolíneas y reivindicado sin matices las privatizaciones. Y el kirchnerismo no lo dejó pasar. Como si hubiera hallado el eslabón perdido de la historia menemista del macrismo, mandó a todos sus voceros a explotar el Péguele a los 90.

Considerando que allí había un riesgo, con mayor ligereza aún De Narváez salió a defender al boleo una nueva estatización de las privatizadas. Una de dos: sobreactuó tanto que quedó a la izquierda de Kirchner o descubrió, a cuatro días de la elección, algo que mantuvo en secreto y que nadie imaginaba de él.

También Kirchner reescribe todo el tiempo su libreto. Puede ser peronista ortodoxo en el GBA y de izquierda con Heller. Y anunciar como candidato, ante un auditorio que ansiaba escuchar una cosa así, una decisión de Estado: que la presidenta auxiliará a La Serenísima. Ni siquiera se cuidó de aquello que todo el mundo dice: que entre él y el Gobierno no hay ninguna frontera. O más: que todas las decisiones oficiales pasan por él. Tampoco se le pasó por la cabeza que la falta de una política lechera es la que puso a La Serenísima en la situación crítica en que está.

Lo más probable es que todo esto no alcance a torcer el amperímetro. Esta es una elección que ya parece resuelta en un punto: el Gobierno perderá legisladores y la mayoría en el Congreso. Y abierta en otro: cómo quedará la grilla de los aspirantes a las presidenciales del 2011.

Comentá la nota