Y un día, el fuego sagrado se apagó...

Y un día, el fuego sagrado se apagó...
Juan Esteban Curuchet se despidió a lo grande ante unas 40.000 personas que se acercaron a la costa marplatense para verlo pedalear oficialmente por última vez.
Poco interesaba el resultado en esta ocasión, para todos menos para él, que terminó la competencia algo contrariado porque quería despedirse con un triunfo.

El Rey Juan I de Mar del Plata, Juan Esteban Curuchet, campeón olímpico de ciclismo en Beijing 2008, transitó los últimos 170 kilómetros de su carrera deportiva vivado y alentado por 40.000 personas que con la complicidad de una jornada soleada y brillante quisieron estar presentes.

Y, obviamente, la fiesta de despedida eclipsó el título que obtuvo el sanjuanino Pablo Brun, en una competencia vibrante.

Ya en el sector de la largada fueron cientos los ilustres y desconocidos que se acercaron a verlo, fotografiarlo, palmearlo y darle ánimo.

Comenzó a rodar, girando sobre los 70 kilómetros de promedio y mezclado en el tercer lote de ciclistas, agazapado y esperando su momento.

Cuando se cumplió la doceava vuelta hizo un salto al segundo pelotón, el más numeroso y rodeado por jóvenes que seguramente alguna vez soñaron con tenerlo a rueda.

Ya con un ritmo menor, esperó hasta las dos últimos giros, pero se produjo una fuga del sanjuanino Pablo Brun y el porteño Facundo Bazzi que fue decisiva.

Junto con el bahiense Edgardo Simón intentó ir tras los dos mencionados, pero un insignificante toque con otro competidor lo desestabilizó cuando planeaba su ataque final.

La bandera a cuadros en manos del gobernador Daniel Scioli decretó el final de la carrera, pero no el final de su recorrido, ya que el gran campeón dió casi un giro completo más en agradecimiento a toda la gente que acompañó esta realización que dio fin al 98mo Campeonato Argentino de Ruta, que organizó la Regional Mar y Sierras, pero con un Comité Organizador para la despedida de Juan formado por su hermano Gabriel, el empresario Gerardo Werthein y el licenciado Mario Moccia, tesorero del Comité Olímpico Argentino.

La fiesta en sí recién comenzaba. Si bien todos aguardaron pacientemente la coronación de la categoría elite y tributaron un cálido aplauso a Pablo Brun y el resto de los premiados, esperaban por él.

Llegó el momento. Subio Yaninna, su señora con la menor de la familia en brazos. A continuación Kevin, Juan Ignacio y Martín. Esperaba en el escenario Gabriel. Pidiendo permiso pudo llegar al lugar la inefable "Chuni", su madre, mientras que Don Ovidio demostrando buenas condiciones atléticas se trepaba por la parte posterior del tablado. Camau Espínola, Santiago Lange, Walter Pérez, Nora Vega, en representación del deporte argentino, completaban la postal junto al intendente Pulti y el gobernador Scioli.

Las palabras de Gerardo Werthein, en representación de todos, hicieron que se escapasen las primeras lágrimas, pero la incipiente noche daba lugar para más emociones.

Juan tomó el micrófono y se dirigió a su gente, prometiéndole a todos pelear con el mismo sacrificio con el cual llevó adelante su carrera para insertar a los jóvenes en el deporte.

Cuando se escuchaba el inconfundible "himno" de Queen "We are the Champions" empezó la despedida, para dar paso luego al coro del maestro Horacio Lanci quien con "Volver a Empezar" y "Todo a Pulmón" dio la nota distinta del momento.

Juan tomó la bicicleta que luego sería subastada, esa pieza única en el mundo construída por Pinarello y la colgó de un blindez ubicado detrás del escenario.

Acto seguido miles de papelitos celestes y blancos surcaron el cielo marplatense, al mejor estilo de las grandes consagraciones internacionales, pero esta vez no era para celebrar un campeonato, era para decirle,-o mejor dicho graficar lo que todos le queríamos decir-, "Gracias Juan por una carrera incomparable y ser un ejemplo para todos los que se acercan al deporte".

Comentá la nota