La frialdad de Fabián Gómez pudo más que el aura que traía Cabrera.

Golf / El Abierto del Centro: Gracias a la fórmula del approach y putt, el chaqueño se consagró en Villa Allende con una vuelta de 68; el Pato (69) nunca pudo ponerle presión.
Una de las postales finales del Abierto del Centro tuvo más que ver con la calidez y lo humano de nuestro circuito que con lo protocolar que se impone en los tours de los Estados Unidos o Europa: Fabián Gómez ingresó en el green del hoyo 18 llevando en brazos a su pequeña hija de cuatro años, Melina, para abrochar un título que ya se había asegurado desde hacía rato con una frialdad admirable.

Entre los aplausos del numeroso público, Melina observó cómo su padre concretaba el par para acumular un total de 273 golpes (-11) y quedarse con su título local más importante después de la consagración en el Torneo de Maestros 2008, en el Olivos Golf Club. Gómez viene fortaleciendo una alianza con la victoria porque también había triunfado en la anterior escala del TPG Tour, en el Abierto Norpatagónico, además del Venezuela Open de 2006.

El nuevo campeón se despertó ayer bien temprano con la certeza de que debía conservar los tres golpes de ventaja en la punta. Pero también se había juramentado contrarrestar la presión que significaría jugar en el mismo grupo con Angel Cabrera, el campeón del Masters, que saldría con todo para atrapar su octava corona aquí, impulsado por la gente. "En verdad, yo quería jugar al lado del Pato ya desde el viernes o el sábado para hablar con él durante la vuelta", confesó Gómez, tan conmocionado como el resto de los jugadores por el triunfo del cordobés en el Augusta National.

Finalmente, las previsiones del chaqueño se cumplieron porque jamás tambaleó en su objetivo de alzar la copa en el Córdoba Golf Club. Su última vuelta de 68 golpes (tres birdies y ningún error) mantuvo a raya a cualquier retador a lo largo del día. Cabrera firmó pares en su tarjeta hasta el hoyo 11 y recién logró su primer birdie en el 12, cuando empezaba a ser tarde para una arremetida. "No me bajoneé por no alcanzarlo, simplemente me daba un poco de bronca. Dependía de mí, sabía que tenía que hacer birdies para meterle presión, pero no conseguí los suficientes y él siguió con su juego", comentó el Pato. A Julio Zapata, el otro integrante del threesome y que había largado en la jornada como único escolta, le fue peor: tres bogeys en el 4, el 5 y el 6 lo desacomodaron, más allá de que luego experimentara un repunte. Y el envión de cuatro birdies de Andrés Romero se detuvo con el doble bogey del 7 que le restó magia. El único que asomó, pero sólo sobre el cierre, fue Ricardo González, líder en las dos primeras vueltas y que culminó segundo luego de un gran recorrido de 65.

Gómez tuvo el mérito de saber corregir siempre sus desviados tiros de salida. Con la fórmula del approach y putt, bien aprendida de su mentor José Cóceres, escapó de eventuales complicaciones con filosofía zen. Increíblemente, cuando el bogey parecía irremediable, dirigía con su mirada sus putts hacia el hoyo y los metía, sea la distancia que fuere. Resultó tan buena su efectividad cerca de la bandera que en el trayecto de vuelta se tomó dos putts únicamente en el 18; en el resto, le bastó con uno. "Sería lindo que lo errara para darle más emoción", llegó a proponer un espectador detrás de las sogas, poco antes de que Gómez, inmutable durante las cuatro horas de juego, apagara otro incendio en el green y se llevara el par. "Diez u once hoyos los resolví con approach y putt de 4 metros para par", contó este admirador de las canchas norteamericanas y que a los 30 años busca afianzarse en el Nationwide Tour, el segundo circuito de los Estados Unidos. Por el momento, debido a lo cambiante del clima, le escapa al Viejo Continente.

Más allá de la coronación del chaqueño, lo único que le faltó a este certamen fue una cuota de suspenso en la definición, con scores más cerrados. "Estaba tranquilo, sabía que debía hacer un total bajo el par para alejarme de los segundos. Tenía muchas ganas de llevarme este torneo", comentó Gómez, que pasó de jugador promesa a realidad en el último Torneo de Maestros. Allí en el Olivos Golf Club también soportó con prestancia los embates de los de atrás, aquella vez por parte de Andrés Romero, y se calzó el tradicional saco azul.

Para él, de aquí en más es todo proyección de crecimiento. Cuando trabajaba en el Chaco Golf Club como caddie, Gómez ya soñaba con seguir el camino profesional de Cóceres, a quien considera "un padre". Se fascina con la idea de llegar algún día en el PGA Tour, pero mientras tanto construye su plataforma de despegue en el medio local.

* El hijo del Pato tuvo su mejor torneo: fue 6°

Quizá rindió aquí cautivado por la epopeya de su padre. Federico Cabrera, de 19 años e hijo mayor del Pato, logró su mejor actuación profesional al finalizar 6°, con un total de 283 golpes (-1). "El Fede", jugador explosivo, alcanza distancias con el driver aun mayores que su padre, a juzgar por varios torneos de Long Drive.

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