Frenética negociación por el control del Congreso

Oposición y oficialismo disputan voto a voto el reparto de cargos
Un clima de creciente tensión y suspenso se vive en vísperas de una de las sesiones más trascendentes de este año en la Cámara baja: la que se celebrará mañana para la jura de los nuevos diputados. Por estas horas, oficialismo y oposición se miden voto a voto para disputar qué sector acaparará el control del cuerpo después del 10 de este mes, lo que presagia una sesión caldeada, con final abierto.

La de ayer fue una jornada llena de reuniones reservadas en los más encumbrados despachos y de corrillos. La oficina del presidente de la Cámara de Diputados, el oficialista Eduardo Fellner, fue escenario de un desfile incesante de los distintos jefes de bloques de oposición, que le ratificaron lo que ayer, en conjunto, habían acordado: reclamarán las tres vicepresidencias del cuerpo y la mayoría en la integración de todas las comisiones legislativas. Esto le garantizaría a la oposición la llave para la sanción de las leyes a partir del 10.

Fellner se comprometió ante sus pares opositores a que, una vez definidos cuántos votos cosecha cada sector, el reparto de poder se resuelva "de manera

razonable", según indicaron fuentes de distintos bloques legislativos. El mecanismo podría ser la creación de una comisión ad hoc que funcionaría a partir del próximo viernes, es decir, un día después de la jura de los diputados electos.

La oposición aduce contar con una mayoría cuyo piso mínimo sería de 135 votos, aunque podría alcanzar -según las últimas reuniones de ayer- los 140, se entusiasma, con el aporte del sector de la centroizquierda. El oficialismo ningunea esas cifras.

"De ninguna manera tiene esos votos; los opositores cuentan voluntades que, en realidad, están con nosotros", retrucan los kirchneristas.

Por eso, Fellner propone contar los votos y después "recuperar la cordura". De esta manera, se evitaría que la sesión preparatoria se convierta en una verdadera batalla campal entre oficialistas y opositores por el control de la Cámara.

"Nuestra intención es llegar a un acuerdo razonable, pero no vamos a aceptar un reparto 60-40%, como pretende la oposición. No tenemos la mayoría todavía, pero todo puede cambiar de aquí a la sesión", deslizan en el oficialismo.

Nadie lo dirá públicamente, pero el kirchnerismo confía en su poder de cooptación de votos vía recursos y cargos públicos para alcanzar esa mayoría tan esquiva. Espera sumar una treintena de aliados a los 88 diputados que conforman el Frente para la Victoria, entre quienes se contarían, como recientes adquisiciones, el salteño Walter Wayar -paradójicamente, un crítico acérrimo de Kirchner durante su campaña- y el cordobés Jorge Montoya, que responde a José Manuel de la Sota, otro dirigente que se arrimó al kirchnerismo. El oficialismo también suma a los dos diputados pampeanos que responden a Carlos Verna y concentra todos sus esfuerzos en convencer a los legisladores catamarqueños y correntinos que responden a dos gobernadores radicales, Eduardo Brizuela del Moral y Ricardo Colombi, respectivamente.

El factor Kirchner

Hay un detalle no menor que podría echar por la borda todo este "acuerdo razonable" que, hasta ahora, se propusieron oficialistas y opositores: la reacción del ex presidente Néstor Kirchner, una de las figuras que asumirán mañana como diputado. En la oposición temen que el jefe del PJ se resista a aceptar una eventual mayoría opositora y provoque una escena de escándalo en la sesión, denunciando a sus rivales de desestabilizadores. "Si se cae la sesión sin que previamente se hayan elegido las autoridades del cuerpo, Fellner continuará como presidente y nosotros habremos perdido todo", advierten los opositores más desconfiados.

A manera de augurio, dos de sus laderos, los diputados Carlos Kunkel -que se paseó ayer por Olivos- y José María Díaz Bancalari salieron ayer a advertir que la oposición, al reclamar las vicepresidencias y la mayoría en todas las comisiones legislativas, busca "voltear" al Gobierno.

"No nos vamos a dejar extorsionar ni vamos a quedar como mascarones de proa y prestarnos a procesos de desestabilizaciones, lo que está claro es que si ellos se quedan con todas las autoridades, se rompen las reglas de juego", advirtió Kunkel.

En el mismo sentido se pronunció Díaz Bancalari. "La presidencia de la cámara sin las comisiones sería un copamiento elegante del Congreso para poner en marcha la máquina de obstruir y de lastimar al Gobierno hasta voltearlo", enfatizó.

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