Frei sube cada día un peldaño

Sumó el apoyo del senador Ominami, padre de Enríquez-Ominami. Los votos de este candidato de la primera vuelta serán clave en la segunda.
Tres apoyos clave conseguidos esta semana por el candidato presidencial oficialista chileno, el senador Eduardo Frei, pusieron en duda el favoritismo de la derecha para vencer en la segunda vuelta del 17 de enero. El parlamentario sumó el respaldo de la mayoría de las iglesias evangélicas y la Central Unitaria de Trabajadores, además de acercar posiciones con el líder independiente Marco Enríquez-Omimani, quien sacó un 20% de los votos en la primera vuelta de diciembre. Ayer, el padre adoptivo de Marco, el senador Carlos Ominami, un histórico de la Concertación, anunció su apoyo a Frei aclarando que contaba con el visto bueno de su hijo. La campaña oficialista se centró además en atacar eventuales vínculos entre el entorno del candidato conservador, Sebastián Piñera, y la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), lo que obligó al empresario a colocarse a la defensiva en una elección que consideraba ganada.

En un intento por captar votos del centro político, representado en parte por los seguidores de Enríquez-Ominami que renegaron de la Concertación, Piñera reiteró que su propuesta es "progresista", asegurando que "lo más probable" es que no llame a su gobierno a ex miembros de la dictadura. Aunque luego pareció relativizar su postura y opinó que "el hecho de haber trabajado para un gobierno, incluyendo el gobierno militar, no es pecado, ni es delito". "Lo que es pecado – dijo el multimillonario– son los que cometieron delitos, por ejemplo los que atropellaron los derechos humanos".

Para Piñera, las reiteradas declaraciones de Frei que lo vinculan con el pinochetismo forman parte de "una campaña del terror" basada "en falsedades" y "engañan a la gente humilde". Sin embargo, sus esfuerzos por alejarse del pasado dictatorial lo dejan en una posición incómoda dentro de un alianza donde parte de sus integrantes colaboraron con Pinochet, en especial miembros de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI).

La arremetida oficialista contra el empresario fue acompañada por una ofensiva legislativa y comunicacional del gobierno de Michelle Bachelet, quien ha anunciado obras e inversiones a diario durante toda la semana, como la construcción de recintos deportivos, aeropuertos y carreteras. La derecha opositora replicó que La Moneda está gobernando "conforme a los intereses de Frei", acusando de intervención electoral a ministros y funcionarios.

De todos modos, fue la lista de apoyos electorales lo que más entusiasma al oficialismo. El martes, Frei recibió el sorpresivo e inédito respaldo de las iglesias evangélicas, seguidas por 1,3 millones de votantes. La jugada tiene como telón de fondo el temor explícito de los evangélicos a que el eventual ascenso de Piñera al poder signifique una supremacía en el Estado de sectores conservadores católicos, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo.

El candidato democristiano sumó también el apoyo de la mayoría de los sindicatos y movimientos universitarios. Pero sin duda, la apuesta más importante ha sido la posibilidad cierta de que Enríquez-Ominami termine finalmente por pedir el voto a la Concertación, de la que salió en repudio por la ausencia de internas abiertas para elegir al candidato presidencial. Enríquez-Ominami se mantuvo hasta ahora reacio a explicitar su posición, pero ayer avaló que su padre adoptivo, el senador Ominami, saliera al rescate de la candidatura oficialista. "Espero que Frei sea el próximo presidente de Chile", dijo el parlamentario luego de aclarar que hablaba con el conocimiento de su hijo.

Goriletti teme una venganza bolivariana

Luego de advertir que "nadie más que Dios" le impedirá mantenerse en el cargo hasta el 27 de enero, cuando deberá ceder la presidencia de Honduras al ganador de las elecciones de noviembre pasado, el golpista Roberto Micheletti expresó su temor de que el venezolano Hugo Chávez pague por su muerte. "No le temo a los vagos de aquí –dijo Micheletti–, sino a un sicario que pudiera pagar en el exterior Chávez o cualquier enemigo de la democracia". En el poder desde el derrocamiento de Manuel Zelaya el 28 de junio, Micheletti dijo que "un ciudadano de Venezuela se trasladó a La Mosquitia (en el Caribe hondureño) y ofertó un millón de dólares para asesinarme".

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